La Marioneta

¿Alguna duda?

Hace un par de días me dijo la dotora Carolina, mi hija, , “deja de dártelas que eres de centro, tu última cucharada es de ultraderecha”.  ¿Qué me pasó? me pregunté.

En el año 2006 expresé en algunos escritos, que en esos tiempos compartía con algunos amigos por correo, antes del Molino y de La Cucharada, mi más absoluta oposición a la reelección de Álvaro Uribe.  Me parecía que Uribe estaba tratando de montar un régimen autoritario basado en la “doctrina de la seguridad democrática”, irrespetando la división del Estado y la independencia de las cortes, y otras “cositas” que no hacen ver tan bien a Mr. President Uribe.

Estaba, entonces, en mi segundo “tour de África” que había empezado a comienzos de 2004 con una llamada de mi gran amigo David McGuire a pedirme el favor de que le revisara unos datos de un programa de mercadeo social de mosquiteros impregnados de insecticida para prevenir el paludismo en 7 países africanos que estaba pasando dificultades por continuos problemas de inventario.  La revisión de los datos me llevó a proponer una visita, a todos los programas para buscar las razones del problema que los datos empezaban a mostrar que la causa era básicamente falta de planeación.  Empaqué una maleta, me fui a Washington, allí saqué las visas necesarias, me monté en un vuelo de 17 horas de Atlanta a Johannesburgo, y pasé las siguientes seis semanas visitando cinco países.  Una cosa llevó a otra cosa y acabé instalándome en Johannesburgo, en enero de 2005.

A distancia, mientras recorría África, me enteré de la forma en que Uribe había comprado la reelección, con notarías, cohecho por el que fueron condenados los autores materiales, más no el autor intelectual. Leía de las “chuzadas” a opositores, magistrados y periodistas y del enriquecimiento desmesurado de Tom y Jerry los hijos del presidente.

Regresé a Bogotá en junio de 2010 escapándome del mundial de Suráfrica, me pareció mejor verlo en la tele en mi casita.  Conocí a Sergio Fajardo gracias a la dotora Carolina que estaba muy comprometida en su primera campaña presidencial, conocí su gestión como alcalde de Medellín y descubrí un discurso fresco, moderado, atractivo.  En ese tiempo ya había abandonado el “partido conservador”, que se había vendido por un quintal de lentejas y estaba convencido que, así como el primer gobierno de Uribe había sido bueno, el segundo fue de lo peor que nos ha pasado, por eso no podía votar por su “heredero designado”.

Voté por la lista de Compromiso Ciudadano el partido de Sergio Fajardo en las elecciones legislativas de 2010.  Un doloroso fracaso.  Fajardo aceptó la candidatura a la vicepresidencia, en fórmula con Antanas Mockus, pasaron a segunda vuelta, hubo alguna esperanza, pero fueron derrotados por la aplanadora de Santos, el que había dicho Uribe.  Desde esa elección hasta enero de 2026 siempre pensé, sentí y dije que me ubicaba en el centro, y me negué a votar por las candidaturas de los extremos, votando en blanco muchas veces, tal vez demasiadas, no sé.

Mi último voto en blanco fue en 2022, no era capaz de votar por Rodolfo Hernández ni por Gustavo Petro.  Desde mi posición, que buscaba ser moderada, de centro, aplaudí sin reservas la participación de personas independientes en el primer gabinete de Petro, expresé mi preocupación por algunas ministras excesivamente ideologizadas como la de los zapatos tenis y francamente mamertas como Carolina Corcho.  Me pareció sensata la tributaria del ministro José Antonio Ocampo, y absurda la que trataba de impulsar Carolina Cocho en la salud que terminó dejando arrasado un sistema que funcionaba, con dificultades es cierto, pero que funcionaba.  Y fue a causa de esa reforma que se reventó la “coalición” que se había inventado Roy Barreras, Petro viró a la izquierda y luego a quién sabe qué sustancias.  Empezaron a reventar escándalos por doquier.  Me asqueó.

Hasta febrero de 2025 seguí creyendo que la respuesta estaba en el centro.  Mi amigo Hacho, a quien admiro profundamente, me insistía, a esa extrema izquierda no se la derrota sino desde la derecha.  La soberbia de Fajardo me llevó a apostar por Paloma Valencia, una versión inteligente y relativamente moderada del “uribismo”, tal vez su único defecto, es que es demasiado leal al expresidente Uribe, para mi gusto.  Me entusiasmó su victoria en la “gran consulta” y decidí que en primera vuelta votaría por ella, Fajardo me había decepcionado hasta la médula y la presencia de Juan Daniel Oviedo en su “ticket” me daba cierta tranquilidad de consciencia centrista.  Eso no salió bien. 

Llegamos a la segunda vuelta, en tres semanas había que decidir y sí, me decidí por Abelardo de la Espriella porque era imperioso, indispensable, fundamental derrotar al Heredero de Petro.  Me pareció incoherente que los “intelectuales independientes”, muchos columnistas y varias “celebridades progres” decidieran, anunciando su voto e invitando a votar por el Heredero, perdonarle a Petro el haber convertido la casa de gobierno y el gobierno entero en una cloaca de corrupción, de amiguismo, de mentiras y de arteros ataques a las instituciones democráticas.

Y ganó el Tigre.  ¡Si, ganamos!

Nunca pensé, nunca he pensado y nunca pensaré que haya que derrotar al progresismo por ser progresismo, ni que se pueda acusar de ser mamerto, zurdo o comunista a toda persona que piense que la garantía de los derechos de todos y de todas y de las minorías es un avance de la sociedad liberal que no se puede perder.  No se trataba de ganarle a la izquierda, había que derrotar a Petro y lo derrotamos, porque el Heredero era una marioneta.

Pero, lo que hemos vivido los colombianos y las colombianas en estos cuatro años, que es lo que se proponía continuar el Heredero justificó que muchos que creemos que hay otras vías nos alineáramos con la propuesta de Abelardo de la Espriella. 

Que no haya confusión, desde el 8 de agosto mismo redoblaremos la vigilancia, no se trata de que ahora, en nombre de la “libertad carajo”, se desarrolle una embestida anti derechos.  Los problemas que Colombia enfrenta son muchos y más urgentes e importantes que desgastarse tratando de abolir la adopción por parte de matrimonios de un mismo sexo, de acabar el matrimonio igualitario o de limitar el acceso a servicios seguros y confiables de contracepción o en caso de necesidad de interrupción del embarazo. 

Hay demasiados corruptos que perseguir y encarcelar, hay demasiados miembros del gobierno aliados con los grupos delincuenciales organizados que procesar y condenar, para que a alguien se le ocurra dedicar los esfuerzos del Estado a perseguir minorías o a censurar periodistas “incómodos”, eso lo hace la izquierda.

Las prioridades están claras, disciplina fiscal, seguridad y territorio, agricultura, vivienda e infraestructura, educación, salud y claro está destapar, desocupar y desinfectar la olla podrida que deja Petro.

Y cómo dicen en el guasap, ¡quedo pendiente!

PD: La sele ganó su grupo, jugó un muy buen fútbol en sus tres partidos, ayer faltó el gol, pero el VAR es el VAR. Le tengo fe, a la sele, al VAR no mucha

Juan M Urrutia junio 28


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