Está que arde

Arde el ayuntamiento de Limoges

Estoy viejo y no me da pena. Me despierto y me duele algo, a veces todo. Veo los acontecimientos y me cuesta creer. Yo crecí en una casa en donde conversábamos. Mi madre era liberal “de cajeta, aunque me rompan la jeta” decía. Mi padre conservador. En ocasiones, en casa de mis padres, se armaban discusiones apasionadas, con opiniones encontradas, sin embargo, la opinión siempre se respetó. Y así fue hasta que se fueron. Estudié en el liceo francés Louis Pasteur, y en el colegio nos enseñaron a “pensar diferente”, a cuestionar. Tengo amigos a quienes quiero entrañablemente y respeto profundamente, que tienen posiciones totalmente opuestas a la mía, de ellos aprendo, discutiendo, a veces apasionadamente con ellos. Y así debe ser, o debería ser.

Así debería ser, también, la sociedad que se inventaron las democracias liberales de occidente.  Naciones en las que se mezclan en un sagrado crisol las culturas, las ideas, las razas, los géneros, las religiones y construyen una sociedad libre en donde progresan la ciencia, la libertad y la humanidad.

Esa es la Francia que admiramos y que imitamos en otras naciones.  Una nación en donde hay cobertura universal para la salud, guarderías de bajo costo, educación al alcance de las mayorías, universidades que se pueden pagar, beneficios sociales sacrosantos, impuestos altos, importantes inversiones en energías limpias, una república secular en una sociedad pluricultural, reducidos presupuestos de “defensa”, un crecimiento económico modesto pero grandes dosis de “joie de vivre”.

Se cayó la estantería.  La perfección, hace ya rato que no era tan perfecta. 

El 17 de septiembre, los estudiantes del Licée Saint Exupéry en Creteil, en las afueras de Paris iniciaron una protesta argumentando malas condiciones del establecimiento. La protesta se extendió y para octubre 1 ya incluía a otros mil liceos de Francia, y ya se habían presentado actos de vandalismo.  Se reportaban liceos dañados, profesores heridos y cientos de detenidos.  Los liceos de los niños de los barrios pipiris nice como el Liceo Henry IV en la Rue de Clovis en el 5º o Janson de Sailly en la Rue de la Pompe, en el 16º se unieron en solidaridad

Las protestas en Francia tienden a tornarse violentas muy fácilmente.  En 1973, yo me gané un botellazo en la cabeza, lanzado por un activista de izquierda que estaba “protestando” contra la celebración del BAPSO, un baile de gala para celebrar a la promoción que se graduaba del INSA y que los mamertos de la universidad de Lyon consideraban un reprochable acto burgués ¿protesta pacífica?  Los muchachos salieron corriendo en cuanto llegó a la policía y yo pal hospital vestido y alborotado.

Hace un par de años los “chalecos amarillos” le hicieron su festín al gobierno de Macron, con grandes protestas, vandalismo y algunos saqueos.  Cada vez que el PSG, o la selección de Francia ganan un partido importante, los hinchas “celebran” quemando carros y vandalizando comercios.

La protesta de los liceanos, que son jóvenes que cursan los cuatro últimos años del bachillerato francés, entre 15 y 19 años de edad, se hizo masiva.  Se unieron, claro que se iban a unir, los sindicatos de izquierda y los “chalecos amarillos”.  El candidato de la extrema izquierda anunció su apoyo a las protestas.  Y la cosa se salió de toda proporción.  El saqueo de la tienda Galeries Lafayette en el boulevard Haussman en Paris, de las tiendas de la marca de lujo Louis Vuitton y el incendio del ayuntamiento de Limoges son los más notorios casos de los saqueos de almacenes y los actos de vandalismo contra edificios públicos que ya nada tienen que ver con las aulas deterioradas o la falta de profesores.  Los estudiantes queman los colegios que pretenden mejorar. 

Ya las manifestaciones y protestas son contra el Estado francés, en fin contra ese sueño de libertad, fraternidad e igualdad al que todos aspiramos.

¿Qué pasó?

Ha sido tal la magnitud de la violencia, el Gobierno francés se ha visto desbordado e inerme. Una protesta que empezó para exigir mejoras en el sistema de educación pública se ha extendido. Manifiestan por el alto coste de la vida, por la falta de oportunidades.

.La Cucharada lee y observa.

Gobierno tras gobierno, en Francia se ha prometido un Estado que ofrece más de lo que puede dar.  Los franceses están enseñados a ser contestatarios y nunca están satisfechos. Cuando el Estado no cumple sus promesas, explotan y cuando explotan no es con triquitraques, es en la calle, con violencia. El gobierno de Macron no ha sido indiferente, ha intentado, pero la olla a presión ya estaba llena. El desempleo entre los jóvenes llega al 20%, el más alto de toda Europa, y si se mide el desempleo de los jóvenes de segunda o tercera generación de inmigrantes, la cifra sube.  La infraestructura de los preciados “servicios sociales”, escuelas, liceos, hospitales, se ha ido deteriorando y la calidad de esos servicios también. ¿Explica eso la violencia que vivieron varias ciudades francesas el fin de semana?

La mayoría de los análisis y comentarios más que explicar buscan culpar y sobre todo justificar una posición ideológica radical.

La izquierda celebra el espíritu revolucionario de los franceses, aplauden el incendio y la destrucción de un monumento nacional como lo era el ayuntamiento de Limoges.  Corean las consignas antiburguesas de los pupilos que incendian las aulas escolares que querían mejorar y celebran a los saqueadores que salen de las tiendas de lujo a vender su botín en los sitios de internet.

Según ellos. el 17 de octubre, mientras cientos de miles de personas marchaban, delincuentes encapuchados atacaron violentamente comercios e incendiaron edificios.  Estudiantes, docentes, empleados públicos, agricultores y conductores protestaban por las condiciones escolares, incluida la falta de personal, y por el costo de la vida.  No hay relación entre las manifestaciones y el vandalismo y los saqueos.

Para la izquierda es el fracaso del neoliberalismo, ha llegado el momento de reclamar el poder desde la calle, “vamos a incendiar la calle” gritan algunos. ¿Francia neoliberal?  Ese discurso le ha dado un segundo aire al candidato de la extrema izquierda Jean Luc Mélonchon quien, sin embargo, pese a que no ha condenado abiertamente la violencia y los actos vandálicos si ha insistido en que la protesta debe ser pacífica.  Ese discurso se repite en las izquierdas latinoamericanas, celebran los desmanes, pero insisten en que la protesta debe ser pacífica.  Las protestas son legítimas, aún si son algo violento, el saqueo de los comercios es un acto de delincuentes encapuchados, las dos no tienen nada que ver.

La derecha critica la debilidad del Gobierno y la incapacidad de responder.  Y claro se culpa a los inmigrantes, no importa que un alto porcentaje de los manifestantes y vándalos sean blancos y muchos vayan a misa los domingos.

Para ellos, los excesos de los “manifestantes” son causados por la debilidad de la respuesta del Gobierno ante una horda de inmigrantes que quieren destruir el Estado.  Su llamado es a perseguir la inmigración y a fortalecer la acción represiva del Estado.

En una columna llamada “En sus propias palabras, Carlos Torres de Elmolino online dice:  “ El argumento de la derecha es sencillo. “cientos de miles de personas salieron a las calles porque el islam no puede coexistir con Occidente. Millones de migrantes llegaron atraídos por las prestaciones sociales y abusaron de ellas hasta que el sistema colapsó. Odian a los países que los acogen, se niegan a integrarse y siguen exigiendo más y más. Ninguno quiere trabajar”.

La líder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel: «Los excesos violentos en Francia son una señal de alarma para Alemania. Aquí también se ciernen condiciones similares a una guerra civil debido a la peligrosa combinación de migración masiva y extremismo de izquierda. Solo con la AfD habrá un giro en la política migratoria», escribió Weidel en una publicación en X.

Preguntas

Desde la izquierda ¿Por qué el Gobierno no ha querido escuchar a los estudiantes y por qué han reprimido con tanta violencia su legítima protesta?

Desde la derecha ¿Los saqueos e incendios fueron acciones independientes de grupos de delincuentes o un ataque concertado entre la extrema izquierda y el Islam contra la civilización occidental?

Los comentaristas de derecha subrayan la presencia de banderas de Palestina en las protestas ¿influencia de la hermandad musulmana y de Hamás?

La doctora Carolina me explica que no. Que la bandera Palestina en toda manifestación no significa necesariamente nada más que el rechazo a los crímenes de guerra cometidos por el Israel de Netanyahu en Gaza.

Ciertamente desde el final de la segunda guerra mundial, el nuevo orden internacional se basaba en el respeto de un conjunto de normas y principios construidos alrededor de las ideas judeocristianas de las «democracias occidentales». Una de las reglas del juego era la «intocabilidad» de Israel y esa la derribaron a patadas los crímenes de guerra ordenados por Netanyahu y cometidos por las fuerzas de defensa de Israel. La presencia de las banderas de palestina significan que ese conjunto de creencias y normas sobre las que se construyó la globalización, están desapareciendo. Una de esas normas es que toda protesta debe ser pacífica, pues no dicen los contestatarios en Francia, pero también en Bélgica y en Milán. Netanyahu le ha hecho más daño a Occidente que todos los escritos de los comunistas de la escuela de Frankfut.

Los franceses se debaten entre estas dos tendencias radicales. Al paso que vamos las elecciones presidenciales de abril y mayo de 2027 serán entre los candidatos de la extrema derecha, seguramente Marine Lepen y de extrema izquierda Jean Luc Mélonchon. Desde ya cada uno de ellos intentará promover su versión de los hechos para justificar su plataforma extremista.

Es importante reconocer que los sucesos de este último mes se dan en un contexto de encuentro, o des encuentro de diferentes culturas. En su mayoría los inmigrantes, aún las segundas y terceras generaciones mantienen usos y costumbres de sus orígenes. Son franceses en el pasaporte, pero se sienten de su país de origen. Eso no tiene nada de raro, los «colombianos» que viven en New Jersey con pasaporte gringo siguen erizándose cuando cantan el himno nacional en los estadios donde juega la sele y prefieren las empanadas a los hotdogs. La gran diferencia es que la mayoría de los inmigrantes en Francia vienen de culturas que «chocan» con lo francés y pese al discurso igualitario de integración, la realidad es que no sólo en Francia, sino en buena parte de Europa occidental se vive un «choque» de dos culturas. Yo francamente no creo que eso explique totalmente lo que ha vivido Francia en estas semanas.

La radicalización islamista, que de paso nada tiene que ver con la religión ni la cultura musulmanas ha encontrado condiciones favorables gracias a la tolerancia progresista.  La izquierda busca ampliar su base electoral favoreciendo leyes que incorporen a los inmigrantes al caudal electoral de los países y defendiendo sus usos y costumbres así choquen con las de la mayoría de los ciudadanos.

El islamismo radical propone la destrucción del Estado laico y la extrema izquierda su debilitamiento.  La extrema derecha propone el fortalecimiento de un estado policial y represor y la expulsión de los inmigrantes a quienes culpa de la presencia de las ideas radicales del islamismo. Las invitaciones a la moderación y al diálogo lucen por su ausencia. ¿Estaremos asistiendo al entierro del pensamiento de centro?

Juan M Urrutia octubre 21


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