Hágase Payasito

Un man se enamora de la trapecista del circo y va a buscarla en los vestidores para decírselo, ella le responde, agradezco su franqueza y sus lisonjas, señor, pero yo soy casada.  El hombre le pregunta ¿y, su marido es celoso?, no responde ella, es el payaso.

Me dicen que Petro no es celoso.

Veamos

Llevamos tres años, once meses y 6 días oyendo discursos de toda índole y en los lugares y condiciones más disímiles, y cuando no hubo discurso, tuits o como quieran llamar las publicaciones en la red social X.  Habló desde el podio de la Asamblea General de Naciones Unidas, hasta el polideportivo de cualquier municipio de la Costa Caribe, pasando por las calles de Nueva York, el salón del Consejo de ministros, la plaza de Bolívar o la de la Alpujarra en Medellín y cuando calló, el dedo siguió escribiendo, con pésima gramática y peor ortografía.  He tratado de encontrar algún hilo conductor, algún tema o asunto recurrente en el torrente discursivo, (fueron demasiados) y lo único que encuentro es que a lo largo de estos horribles mil cuatrocientos treinta y seis días, el discurso de Petro ha sido un sancocho de estupideces, ideas inconexas y falacias, en fin, una gran payasada.

Pero no sólo el discurso.  La mayoría de las acciones y ejecuciones del gobierno de Gustavo Petro, pretendiendo ser serias, han sido payasadas. 

Pactó con las bandas criminales y cumplió los pactos.  Designó como gestores de paz a los peores criminales. Diezmó la capacidad de acción de las fuerzas militares a las que como buen guerrillero desprecia.  Cerca de 500 municipios en Nariño, Cauca, Chocó, Catatumbo, Arauca, la Orinoquía y la Amazonía están en manos de bandas criminales de todos los pelambres.  Semana tras semana se conocen más casos de sometimiento del gobierno del Cambio a esos facinerosos, unos exguerrilleros, otros ex paramilitares.  Esa connivencia que se tradujo en una dramática reducción de la capacidad de respuesta y de inteligencia de la fuerza pública le ha entregado ciudades enteras a la delincuencia.  Logró convertir en payasada un propósito que hubiera podido ser noble, el de la Paz Total.

Desde el discurso planteó una transición energética que podría haber sido seria y efectiva.  Pero la convirtió en una payasada, nombrando a una payasa como su primera ministra de minas y energía que se las arregló para frenar con su indecisión el avance de los programas de energías limpias, afortunadamente recuperado por sus sucesores.  Como resultado de la política de transición energética, Colombia avanza con pasos certeros hacia un inevitable apagón que le pasará factura al gobierno entrante.  En eso de dejar un país arrasado y una olla raspada el gobierno del Cambio si ha sido serio y efectivo.  Al líder cósmico, mundial, universal, se le olvidó proteger la Amazonía porque estaba ocupado proyectando sus elucubraciones en los escenarios internacionales y malgastando los recursos del Fondo para la Vida que eran para defender al Amazonas y a las comunidades de esas regiones.  Nunca se había acentuado la deforestación de esa región tanto como en este circense cuatrienio. 

Hasta finales de 2023, Carlos, que es el administrador del conjunto donde vivimos en Tabio, iba a comienzos de cada trimestre a recoger la droga para su esposa que sufre de diabetes, y se la entregaba la EPS.  Desde entonces tiene que multiplicar sus viajes, ir dos, tres y hasta cuatro veces a “mendigar” las medicinas a las que tiene derecho como cotizante al sistema de salud, ni se diga del calvario en que se ha convertido tratar de conseguir una cita con un especialista en las dos terceras partes de las EPS que sobreviven la embestida programada por Carolina Corcho e implementada por Petro y su ministro de salud que aprovecha para enriquecer a todos sus amigos.  Lo triste es que de la reforma a la salud solo quedan la payasada del chuchuchú, una deuda de billones de pesos, unas interminables filas de pacientes y uno que otro muerto.  Y el payaso presenta cifras falsas para sostener que su “modelo” de salud preventiva es el responsable de un espectacular descenso de una tasa de mortalidad infantil que está en el mismo nivel de 2020 antes de la pandemia.

Se proclamó el gran defensor de la educación superior, prometió resolverle a los jóvenes sus problemas con las deudas con ICETEX y en el aluvión de payasadas acabó con los créditos, le retiró el apoyo a Colfuturo, limitando el acceso a educación superior de calidad con la disculpa de dedicar los recursos al desarrollo de la universidad pública.  Gran falacia y gran payasada, se paseó inaugurando “universidades” que en realidad ya existían y a las que simplemente les repintaron la fachada y otras que hoy en día son un potrero con una valla.  En días pasados decía un experto en educación que al final del gobierno del cambio hay miles de cupos disponibles en universidades privadas de excelente calidad a los que los jóvenes de los estratos más bajos no pueden acceder porque desaparecieron becas y créditos y que no se han creado nuevos cupos reales en las universidades públicas.  Payasada ideológica.

Pretendió ser el gran líder de la humanidad progresista.  Abrazó la causa Palestina para convertir su abrazo en una payasada al nombrar en esa nación a un embajador que nunca salió de Cali.  En su discurso favorable al grupo terrorista Hamás, defendía a las víctimas de Gaza mientras olvidaba las del Catatumbo, las de Arauca, las del Cauca y otras más.

Permitió y hasta favoreció la generalización de la corrupción en todos los niveles del Gobierno y el enriquecimiento ilícito de sus compañeros de armas. Faltan datos “de otros municipios” como Estocolmo y París.  Logró así convertir en una payasada cualquier promesa de la izquierda progresista de lucha contra la corrupción.

Y, la cereza del pastel.  Cito a Enrique Santos quien en su columna dominical en Los Danieles dice: “Lastimosa, aunque de alguna manera previsible, la negativa de Petro a reconocer la victoria electoral de Abelardo de la Espriella. Más lastimoso aún, y poco menos que absurdo, su argumento sobre «fraude electoral por vía algorítmica» con asesoría israelí. Saber perder es algo que no aprendió.”  Yo hubiera dicho “lastimosa payasada”.

Lo más triste es que todo parece indicar por el tono del cacareado Empalme Anticorrupción, que a payaso de izquierda, payaso de derecha. 

De la Espriella pretende convertir la posesión del presidente de la República en un show castrense al trasladar la transmisión del mando a un batallón militar.  Le da así el presidente electo papaya al payaso quien se apresura a prohibir que esto tenga lugar.  El presidente electo se debe posesionar en una sesión del Congreso de la República en pleno en el lugar a donde sea citada la sesión correspondiente por el mismo Congreso.  El presidente en funciones hasta el 7 de agosto no puede, como pretende el payaso, prohibirle al Congreso que se reúna donde los congresistas por resolución aprobada mayoritariamente así lo decidan y mucho menos puede, pero sobre todo no debe, el presidente electo, ordenarle al Congreso donde debe sesionar.

La próxima se la dedicaremos al payaso del norte.


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