¿Empalmaos o Empalaos?

Hoy es el primer día, desde el 11 de junio, en que no hay partido de fútbol del mundial.  Me quedo sin la distracción que me permitía alienarme de la locura que está viviendo Colombia y de la que está viviendo el mundo.

Llegué a pensar que la declaración de la victoria de Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales del 21 de junio y la expedición de la credencial que lo acredita como presidente electo de para ocupar el cargo a partir del 7 de agosto de 2026, y la aceptación, en principio, me vine a enterar, por parte de su contrincante Iván Cepeda, entrabamos a un proceso de empalme, y el 7 de agosto tendríamos un nuevo presidente que enfrentaría una muy difícil situación.

Pero, no.  Por un lado, el presidente Gustavo Petro insistió en plantear una elucubrada tesis de fraude electoral para desconocer un resultado que nunca va a reconocer, ya que actuando como Trump y Bolsonaro al deslegitimar la victoria de su contrincante espera construir el discurso que lo lleve de nuevo a la presidencia en 20340, ahé si para quedarse.  Y digo contrincante porque Cepeda era apenas un muñeco de ventrílocuo que se inventó la insensata tesis de la “resistencia civil pacífica” aduciendo el ya manido y resuelto tema de la doble nacionalidad del presidente electo, aduciendo además que es agente de la CIA o de la DEA, o de pronto de la FIFA, vaya uno a saber.  Monumental reculada.  Pelaron el cobre, para ellos lo único auténticamente democrático es que ellos ganen las elecciones, si no ganan, no se vale pero el fascista es ADLE.  Eso a mí no me sorprende para nada. 

Ayer, 7 de julio, a un mes de la posesión del nuevo presidente, Gustavo Petro se pasó por la faja lo que le quedaba de respeto por las instituciones y declaró presidente electo a su candidato Iván Cepeda y les ordenó a las fuerzas armadas acatar su decisión.  El Pacto Histórico anunció que iba a presentar una demanda de nulidad de la elección basándose en las “pruebas” que nadie conoce, del presidente Petro sobre un posible fraude electoral.  A la mierda la democracia, nosotros somos lo buenos y no le vamos a entregar el poder a los malos, la decisión legítima del pueblo no nos importa un sieso, porque es que nosotros somos los buenos.

Los y las periodistas, los y las columnistas y los y las intelectuales “independientes”, incapaces de reconocer el carácter antidemocrático de Petro, le piden que por favor presente las pruebas que les permitan sustentar la tesis de la ilegitimidad del voto de la mayoría de los colombianos.  No se atreven a cuestionar la ilegal e inaceptable conducta de Petro de su partido y de su candidato.  Ellos también son los buenos, ellos son los verdaderos defensores de la vida y de la democracia, los que votamos por Abelardo somos todos fascistas, esclavistas y genocidas.

Por lo menos los Wallys y demás bodegueros, las Cielos Rusinque y demás petristas de raca mandaca, descaradamente y pagados por el Estado defienden a Petro y todas sus cochinadas.

Hay gentes (como dicen los mexicanos) como Rodrigo Uprimny, Daniel Coronell. María Jimena Dusán, Ana Bejarano con su cuentito de los 13 millones de votos, Camila Zuluaga negando la existencia del constreñimiento del voto en las zonas controladas por las bandas o la tonta útil de Ana Cristina Restrepo a quien ni siquiera se le ocurrió “investigar” qué es una auditoría forense que no son capaces de aceptar su petrismo y se hacen los pendejos pidiendo pruebas de un fraude que saben a ciencia cierta que no existió.  Que contesten con SI o NO si reconocen a Abelardo de la Espriella como el presidente de los colombianos, si reconocen que los que votamos por él y lo llevamos a la victoria somos tan pueblo, como el que ellos pretenden defender.

¡Qué gran decepción!

Sin embargo, como decía mi bisabuela Lolita, “mijo, si por allá llueve, por acá no escampa”.  Mi candidato se demoró menos de lo que se demora un buñuelo en la puerta de una escuela en decepcionarme.  Su Comité de empalme, encabezado por el, supuestamente, muy serio y muy preparado José Manuel Restrepo bautizó el empalme como el “empalme anticorrupción” y acabó con el proceso.  Para eso no es el empalme, los actos de corrupción no se desaparecen entre el 21 de junio y el 7 de agosto, todos sabemos en dónde están esas ollas podridas y perfectamente se pueden destapar y desinfectar a partir del 8 de agosto.  De nada sirve andar cacareando que se van a hacer auditorías forenses.  Empiecen con poner gente seria y preparada, y no influencers de 20 años, a que vayan a contraloría general a pedir los informes, ahí está todo lo que necesitan para hacer los términos de referencia de la tan manida auditoría forense.

Desacertado ha sido nombrar a Carlos Alonso Lucio, como uno de los líderes del proceso.  Exhibe ese señor un deseo de venganza contra sus excompañeros de guerrilla que no es sano para la transición, ni para una gestión ordenada, que es lo que se requiere para sacar a Colombia de la profunda crisis de valores en que la deja sumida Gustavo Petro.

Muy mala señal, el presidente electo se sigue sintiendo el Tigre en campaña y no le ha caído el veinte (cómo dicen en México, ¡cómo me gustan los dichos de los mexicanos”) que ahora toca gobernar.  Mal comienzo.

Los anuncios de los nombres de los ministros muestran una marcada tendencia hacia la derecha, supongo que los intelectuales independientes lo llamarán fascismo y llamarán a la defensa de la vida.  Ni tanto que queme el santo, mijo, pero ni tan poco que no lo alumbre, diría mi bisabuela Lolita.  La presencia de José Manuel Retrepo hacía pensar en la posibilidad de cierto nivel de moderación.  Nombres como el del general (r) Jorge Eduardo Mora López,  quien saliera en la primera barrida del gobierno de Petro y se convirtiera en un ácido crítico de la fracasada política de la paz total, el de Omar Bula Escobar, quien ha manifestado una clara posición ideológica libertaria, antiglobalización, pro Trump y favorable a la alineación de la política exterior con los Estados Unidos en la cancillería y el de Viviane Morales, una decidida vocera de la derecha cristiana hacen pensar que De la Espriella ha decidió inclinar el péndulo hacia una derecha radical, lo que a mi gusto centrista es, por lo menos, asustador.  Nunca me gustó la idea de volver a entregarle el ministerio de defensa a un militar y Mora López ha dicho que se reintegrará al servicio antes de posesionarse o algo así; creo que se debe reintegrar a los oficiales retirados por orden de las bandas criminales de la paz total, pero eso sería mejor con un ministro civil.  Considero que lo que Colombia requiere es que se resuelva el caos creado en la cancillería por el tsunami de desaciertos de Petro y no que se crea que cambiando la ideología dominante y el discurso hegemónico se van a resolver problemas urgentes en el funcionamiento de nuestra diplomacia que es mucho más que el canciller.  Si algo me gustó a mí, que fui víctima de la persecución de la iglesia católica, de la Constitución del 1991 fue que se definiera a Colombia como un país laico.  Pienso que nombrar a una persona con connotadas ideas y acciones para promocionar la agenda del cristianismo de derecha en el ministerio de educación es casi que inconstitucional.  El ministerio de educación tiene que estar en manos de alguien que sea experto en educación y sobre todo que no tenga ninguna agenda ni agencia ideológica.

A un mes de la posesión, por las acciones de Gustavo Petro y su muñeco y por las de Abelardo de la Espriella estamos más cerca de una guerra civil que de una transmisión pacífica del mando.

Dos Comentarios

Definitivamente le fracaso de Trump en Irán es de proporciones mayores.  Estados Unidos está en una posición peor que en febrero cuando se les ocurrió esta guerrita a Trumptanyahu.

La ideologización del mundial es una desgracia para quienes creíamos que el fulbo, como le dicen en Argentina, era un deporte.  Los zurdos no resisten las victorias de Argentina.  Messi es el diablo fascista en persona porque es un hombre de familia, multimillonario, discreto y vive en Miami, algo así como Margarita Rosa de Francisco.


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