Ante el fracaso, la violencia

Plaza de Bolívar con los participantes en la mutitudinaria marcha del 28 de mayo

No he logrado adquirir la costumbre del podcast, no tengo la paciencia de sentarme una hora a oír un relato, conversación o entrevista.  La señoa Mónica, como le dijo mi nieta Julia a mi esposa hasta que creció y dejó esa bella costumbre, sí es de podcasts y cuando le parece interesante me invita a oírlos con ella.  Mi amigo y colega Mauricio Rubio también comparte algunos.  Recientemente nos ha hecho llegar tres episodios de Atemporal, el podcast de Andrés Acebedo.  Es bien bueno.  El primero fue la entrevista con Jaime Ruiz quien fuera el director del DNP durante el gobierno de Andrés Pastrana y que tuvo mucho que ver con dos logros, de los muchos, fundamentales, el Plan Colombia y la creación del FOREC que aseguró lo reconstrucción y la rehabilitación del Eje Cafetero.  El segundo una entrevista con Rafael Obregón Herrera en la que habla, entre muy buenas anécdotas, de un personaje muy importante en la historia de Colombia del Siglo XX, don Hernán Echavarría.  El tercero una excelente entrevista con Carlos Caballero Argáez, sobre la creación del Frente Nacional y sobre Alberto Lleras Camargo.

El podcast de Jaime Ruiz muestra lo que debe ser un funcionario público, intachable, el segundo lo que debe ser un empresario responsable y el tercero lo que debe ser un estadista.  Las tres cosas de las que ha adolecido este país en los últimos años.  Después de la salida de Ocampo, Cecilia López y Gaviria del gabinete; alias La Milagrosa, fue hasta que cayó en desgracias, la funcionaria de mostrar de un gobierno inepto, irresponsable y corrupto hasta la médula. 

El podcast con Obregón muestra un ejemplo de un empresario, uno de los más exitosos, preocupado por el país.  Hoy en día los empresarios colombianos, salvo algunas excepciones contadas con los dedos de una mano, si acaso, han olvidado lo que es la responsabilidad social y no los mueve sino el balance. pese a que hablan de sostenibilidad y de carretas de esas para dorar la imagen; se acabaron los Echavarría, los Carvajal y esas familias de empresarios que tenían al país en la cabeza.  

Finalmente, el podcast con Carlos Caballero tiene varios elementos que lo hace, a mi parecer uno de los mejores análisis de la personalidad de uno de los gobernantes más importantes de nuestra historia y reivindica lo que fue el Frente Nacional que en la embestida de la guerra cultural desatada por la izquierda y los “intelectuales” ha sido denigrado.  Pero, lo que más me ha gustado de la entrevista es la forma en que con gran inteligencia, Caballero propone que la solución a la muy compleja situación de la Nación es que los dirigentes hablen, como lo hicieran rivales tan enconados como Laureano Gómez y Alberto Lleras., que los empresarios como lo hicieron en 1957, apoyen la defensa de la democracia y que la clase política tanga la grandeza de anteponer el bien común.

El inglés sería un idioma perfecto si no fuera por la cantidad de letras mudas que hacen su aprendizaje imposible.  Tiene palabras y expresiones que en otros idiomas como el español o el francés requieren de largas frases para expresarlos.  Una de esas expresiones es “wishful thinking”, no sé porque “pensando con el deseo” no tiene la misma fuerza.

Pero bueno a lo que vinimos.  Mucha gente pensará que vivimos condiciones diferentes a las de junio de 1957.  Veamos, en 1957 gobernaba un tirano rodeado de una banda de asaltantes dedicados a toda clase de acciones corruptas.  El tirano quería reelegirse y para ello contaba con una constituyente de “bolsillo”.  Cierto, el presidente Petro fue democráticamente elegido, pero discurso tras discurso, pataleta tras pataleta se asemeja cada vez más a un tirano.  Cierto, en materia de corrupción y asalto al erario público, la pandilla del tirano de 1957 se le queda en pantaloncillos al lado de la banda criminal del pacto Histórico y sus aliados.  Petro y sus cómplices no lograron articular el proyecto de una asamblea constituyente, no porque no lo quisieran sino porque ellos lo único que saben articular es el saqueo de las arcas de la nación.

La razón es siempre la misma, el círculo que conforma la pandilla que rodea al gobernante y cuyo fin último es el enriquecimiento ilícito mediante el ejercicio del poder, sabe que si se respeta la democracia, caerán.  Entonces convencen al gobernante que es imperioso conservar el poder.  Petro jura y re jura que él no pretende la re elección pero a renglón seguido indica que hará lo que el pueblo el pida.  Y procede a organizar al “pueblo” para que le ordene que se quede.  ¿Quién es el pueblo?  Son los privilegiados cómplices de la corrupción que controlan sindicatos y centrales obreras, los líderes indígenas con la panza llena de mermelada y los terroristas de la primera línea.  Y todo ello con los recursos que sus secuaces no se han alcanzado a robar.

Sin embargo, “el pueblo” también se cansa.  De tanto robar, al gobierno se le acabaron los recursos para acarrear borregos a sus “cabildos”.  Convocaron, con sus cómplices arriba listados, a la mayor movilización que haya tenido lugar, en todos los rincones de la patria.  Salieron cuatro gatos porque no hubo para los buses, los tamales ni las camisetas.  Sabían de antemano que iban a fracasar, la gente no estaba respondiendo, entonces acudieron a lo que les queda, los terroristas de la “primera línea” creada por Petro el candidato a la presidencia que Petro no crio, Bolívar.  Para bloquear una vía, para saquear un supermercado, para romper un articulado de transporte público, para atacar con papas bomba y con cocteles molotov desde un puente peatonal para luego salirse a esconder en la UN, en fin para poner a caminar a dos millones de usuarios del transporte público, basta con pagarle 50 mil pesos a cincuenta o cien “militantes”, que no saben por qué es que están militando.  .  Y eso hicieron y lo admitieron, en la plaza de Bolívar el presidente de la CUT y el investigado por tráfico de influencias, ministro de trabajo, en Mamonal en Cartagena el ministro de minas que justificó bloqueos, saqueos y vandalismo al sentenciar es para incomodar al capital.  No saben esos miserables que los incomodados no son “el capital”, que los incomodados son seguramente los que los eligieron llenos de esperanza, lo que aplaudieron las concentraciones multitudinarias de 2021 y “defendían” a “los muchachos”.

Ante el fracaso del paro, el gobierno procede a utilizar la violencia económica en contra de la libre empresa.  El mismo día en que desconoció el paro que había convocado, Petro expidió un ilegal decreto confiscatorio que aumenta las tasas de retención en la fuente y raponea los ingresos fiscales del año 2026 para asegurar que su banda de criminales deje la olla bien raspada.  Él sabe que es un error inmenso, pero no importa.  Y ante el fracaso de la segunda jornada de “protestas” expide un decreto confiscatorio de las tierras productivas en 94 municipios del país, muchas de ellas en donde operan empresas agroindustriales que generan miles de puestos de trabajo.  

Recordemos que, en el comienzo de su gobierno, cuando hablaba del chuchuchú y anunciaba que el ELN firmaría la paz en 30 días; este delincuente dijo que no conviene mejorarle la situación económica a la gente porque “apenas tienen plata votan contra la izquierda”.

Los incidentes del 28 y 29 de mayo, la complicidad soslayada y la promoción descarada de la violencia me remiten al origen de la otra violencia, la desatada por un partido en el poder contra sus opositores.  Los “primera línea” son los nuevos “chulavitas”, las nuevas SS, las nuevas camisas negras de Mussolini.  Al desatar al monstruo de la violencia del Estado, Petro se parece cada vez más a quienes los inventaron, un tal Laureano Gómez, un Adolfo Hitler, un tal Benito Mussolini.  Y las medidas confiscatorias me recuerdan a otro adalid de la democracia y de los derechos humanos un tal Stalin.

Ni el desgobierno, ni la rampante corrupción, ni las concesiones y ni la entrega de amplias zonas del territorio a las bandas criminales y mucho menos los elucubrados bandazos demagógicos del jefe de la banda son enfrentados por una oposición coherente y organizada.  Asistimos a un concierto de desatinos.  Cada pretendido “líder” busca hacerse a una imagen respondiéndole a Petro en sus terrenos, y en la gran mayoría de los casos con ataques personales.  El motu de la derecha opositora es el “odio a Petro, fuera Petro”, no hay ideas, no hay propuestas.  Es una batalla de egos.  Y no avanzan.

Es tiempo de una reacción decidida, es tiempo de recordar el 13 de mayo de 1957 cuándo Alberto Lleras Camargo articuló a la clase política a los empresarios, a los banqueros y a las fuerzas militares para derrocar al tirano.  Es tiempo de recordar los acuerdos de Sitges y Benidorm en los que dos enconados rivales encontraron que “hablando se entiende la gente”.  Es tiempo de escuchar a los que como Sergio Fajardo, quieren escuchar y de hacer oídos sordos ante los que como Vicky Dávila y Gustavo Bolívar quieren seguir dividiendo para reinar.


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