
Tecnócratas versus activistas es una bizantina discusión que muestra la debilidad de los argumentos de la oposición. Ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Claro que conviene que quien dirige una institución de la importancia de planeación nacional, la caja mayor o de prosperidad social, la caja menor o la unidad de gestión del riesgo de desastres con su régimen especial de contratación, sea una persona con una formación que garantice una gestión transparente y eficiente. En ninguna parte dice que una persona que no tiene un pedazo de papel que le otorga un título universitario no es capaz de dirigir una institución, y tampoco existe ninguna evidencia de que ese mismo pedazo de papel garantice eficiencia, o transparencia. O si no que le pregunten al indelicado y poco transparente fiscal que se autodefinió como la persona con la mejor formación de Colombia.
No, el demonio está en el detalle.
No se trata que el director del DPS deba tener un título universitario, lo que preocupa es que, Gustavo Bolívar, el recién posesionado director del DPS haya sido uno de los promotores del grupo terrorista mal llamado la Primera Línea. Preocupa que, más allá de su anunciada cruzada contra la corrupción (que obviamente comienza con el espejo retrovisor), cuando anuncia que va a publicar el listado de las obras inconclusas desde 2006, lo que debe hacer; el guionista de las tetas priorice los subsidios, que son la razón de ser del DPS, para la galera petrista con el fin de constituir las brigadas que defenderán al mesías del cambio..
No es que el director del DNP tenga que ser economista, o saber matemáticas, lo que de todas formas serviría. Es que el DNP define las prioridades de la inversión pública y al nombrar a Alexander López, un activista de pura sangre, es claro que para el papanatas que tenemos de presidente, las prioridades de la inversión pública deben cambiar hacia lo que ellos llaman inversión social y ello conlleva el riesgo para la sostenibilidad misma del Estado, pues el activismo mira el corto plazo, es su razón de ser, ganar en la próxima elección.
La Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, que creó el gobierno de Juan Manuel Santos para reemplazar a la Dirección del Gestión del Riesgo (cuyas limitaciones se hicieron evidentes ante el desastre causado por la ola invernal de 2010 – 2011, cuando fue necesario crear una entidad temporal llamada Colombia Humanitaria), durante tres años fui coordinador de la estrategia de atención a las comunidades que se llamó Común Unidad, en Colombia Humanitaria, y me correspondió recorrer buena parte del país para conocer las necesidades de esas comunidades y aprendí que la prevención del riesgo y la atención de los desastres naturales son una función eminentemente técnica, de eso hay que saber. Y lo que ha demostrado el Magnífico es que ahí se ha equivocado nombrando activistas politiqueros y que se vuelve a equivocar al nombrar a otro activista de pura sangre.
La discusión no es si los tecnócratas son unos privilegiados elitistas que desconocen la realidad del país, como sostienen el papanatas y sus bodegas. Por ejemplo, uno de los programas más exitosos en sus efectos de erradicación de la pobreza extrema, llamado Familias en Acción, no fue creado por activistas, sino por un grupo de tecnócratas encabezado por Mauricio Cárdenas, quien fuera el director del DNP en ese entonces, y su implementación inicial fue desarrollada por otro grupo de tecnócratas del ICBF, entre quienes se encontraba la actual ministra de vivienda que ahora se volvió activista.
Lo que es importante es hacer las cosas bien, porque cuando se hacen mal, los resultados salen mal.
Lo malo es que el Magnífico viene desde hace rato nombrando en cargos importantes a miembros de los que Gustavo Bolívar ha llamado a los “petristas pura sangre”. Lo malo es que ante las constantes críticas por el mal gobierno y arrinconado por un tsunami de escándalos, uno diario, el papanatas que tenemos de presidente se rodee de activistas
¿Primero la gallina o el huevo?
Organizada y nutrida, así describió un asistente la marcha de protesta en Bogotá contra el gobierno de Petro. Las imágenes de Medellín y Cali muestran también una nutrida asistencia. Pero, para mí la muestra más importante del éxito de las marchas son los esfuerzos que desde el Magnífico hasta el último de sus bodegueros han ido hasta los extremos para desacreditarlas. Una anotación, ¡muy pocos jóvenes! Por ahora el mensaje de la oposición no cala entre ese grupo poblacional.
La senadora María José Pizarro salió con la perla de que la paz, el orden y la tranquilidad con que se desarrollaron las marchas del 6 de marzo demuestran el espíritu democrático del gobierno del mesías. Falso dilema. Cuando los organizadores de una marcha se ocupan de asegurar que no sea violenta, pues no hay violencia (SIC) ni necesidad de represión; pero cuándo la marcha o la protesta van acompañadas de encapuchados que destruyen y saquean comercios, que queman CAIs y que bloquean las vías, la represión es una obligación del Estado no una actitud antidemocrática.
Antidemocrático es salir a descalificar la protesta con frases como “hay personas que no quieren cambiar el país y siempre habrá fuerzas que, saliendo de los privilegios, no quieren perderlos”.
Antidemocrático es salir a justificar una muy cuestionada reforma a la salud con argumentos falaces cuando se dice que Colombia tiene la peor mortalidad infantil del universo cuando la realidad es que entre el 2000 y el 2020, la mortalidad infantil en Colombia pasó de 25.8 a 17.6 por 1000 nacidos vivos, lo cual implicó una reducción de 31.8% y razón de mortalidad materna para el 2020 se estimó en 74.8 por 100 000 nacidos vivos, lo que supone una reducción de 19.3% respecto del valor estimado para el 2000.
Pero, tampoco es democrático, ni tiene sentido, salir a protestar con el slogan “fuera Petro” eso está bien para un estadio, y eso. El slogan muestra una falta de argumentos y de cohesión en la oposición. Para bien o para mal, el presidente fue elegido en un sistema democrático que tiene unas instituciones que deberían garantizar un sistema de pesos y contra pesos, un sistema que debería asegurar que las grandes reformas sean el resultado del consenso, de lo que el Magnífico llamó el gran acuerdo nacional, días antes de cogerlo a patadas. Contra lo que hay que protestar es contra un congreso intoxicado de mermelada, en donde no hay espacio para la discusión. Contra lo que hay que protestar es contra un gobierno intoxicado de ideologías perversas que no permite la discusión ni la crítica.
No me gustó ni poquito que un grupo hubiera aprovechado la marcha para sacar una bandera de Israel en claro apoyo a los crímenes que Netanyahu está cometiendo en Gaza, ese no era el lugar. Tampoco me gustaron el afiche de Bukele o la pancarta de Millei. Si la extrema derecha se toma el movimiento de oposición, le estarán haciendo la tarea al Magnífico que empieza a esbozar la reelección con sus frecuentes ataques, repetidos ayer, al sistema electoral colombiano.
Ante la derechización de la oposición, el Magnífico se fue al suroccidente y en su discurso peló el cobre. Se ve que la marcha del 6 de marzo le dolió. Seleccioné tres perlas:
- “Ayer decían: ‘fuera Petro’, pues claro que me voy a salir del palacio porque no me gusta ni cinco, pero ahí llega la fuerza progresista a profundizar la democratización de Colombia, la posibilidad de la paz, ahí no podemos retroceder ni un paso, ya cometí ese error en Bogotá y se tiraron el metro de Bogotá, aquí no podemos cometer ese error”,
- “La mayor parte de la tierra fértil está en manos del latifundismo improductivo, no producen ni una mata de yuca, lo único que les interesa es tener la tierra porque es su caja de ahorros del excedente cocainero porque la tierra fértil en manos del latifundismo es un lavado de activos de la mafia. La reforma agraria tiene que articularse al concepto de territorialidad y ese decreto es el que quiero firmar” ¿eso que quiere decir, expropiaciones?
- “La marcha que proponemos es la marcha por la paz de todo el suroccidente de Colombia. No le vamos a demostrar a ninguno de los Milei que somos más, no tienen que coger la cámara para ver cómo no salen los huecos de la plaza, lo que tenemos que demostrar es la contundencia de la fuerza del pueblo colombiano”.
Mis amigos francese dirían: “N’importe quoi”, que es la forma elegante de decirle a uno que está hablando pura ñoña.
Pregunta final ¿llegará el día en que no se necesite el «día internacional de la mujer»? Mientras, un abrazo solidario a las lectoras de La Cucharada y que día a día los manes seamos un poquito mejores.
Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav1
