Los malos

Última foto, tomada un día antes de su muerte de Alekséi Nalvani

La lista del Economist incluye a Israel entre los países que los Nacos van a mejorar.  Cierto Netanyahu es conservador, es nacionalista, ha tratado de imponer una autocracia en Israel, así que lo declaramos naco.  El otro es pura y llanamente, un ser despreciable.

Putin y Netanyahu tienen al mundo patas arriba.

El uno a quien he llamado el zarputín, o el hijo de madamme putain que es como sonaría el apellido del genocida ruso en francés si no le hubieran agregado “nne” para que suene putine, invadió a Ucrania con el único fin de organizar una guerra que le ha permitido demostrar que a la hora de la hora, el petróleo y el gas ruso tienen a Europa arrodillada, que las sanciones valen huevo y que puede cometer toda clase de violaciones de derechos humanos, y consolidar una dictadura de la peor calaña cuya última monstruosidad ha sido el asesinato del líder opositor Alekséi Navalni.  La invasión de Ucrania cumple dos años.  Al genocida Putin no le interesa acabar la guerra, quiere que dure porque sabe que desgasta a sus enemigos y a él lo fortalece.  Los europeos siguen mostrando sus debilidades y en Estados Unidos empieza a agrietarse el apoyo a Ucrania, cuyo régimen no se ayuda, sumido en escándalos de corrupción.  Zelenski y sus discursos se van volviendo paisaje.

El otro a quien le dicen Bibi, permitió, porque lo permitió, que el grupo terrorista Hamas hiciera una demencial y asesina incursión en Israel.  Aprovechando la estupidez de Hamas, lanzó una guerra sin cuartel contra el pueblo palestino, con la disculpa que la seguridad de Israel depende de la aniquilación de Hamas (lo que no sucederá jamás). El propósito real es consolidar un régimen autocrático en Israel y preservar el poder que estaba a punto de perder.  En su demencia Netanyahu, está erosionando un elemento fundamental de la preservación del Estado de Israel que es la superioridad moral que el pueblo judío había logrado, ganada con sangre, fuego, resiliencia y unidad.  Superioridad moral que se va diluyendo con cada niño palestino asesinado, con cada hospital destruido.  Y es que ese era el propósito de los dementes de Hamas, que el mundo viera esas imágenes, que los progres y los wokes y, poco a poco, todo mundo empezara a hablar de genocidio.

Desde que comenzó, hace dos años, no he dudado en llamar la aventura ucraniana de Putin un genocidio.  Sus bombardeos y ataques se han concentrado en la población civil como hicieran Hitler y Stalin.  Es cierto que “los aliados” recurrieron a las mismas prácticas al final de la segunda guerra mundial y que el peor acto genocida individual fue el cometido por Estados Unidos con el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.

Para que el genocidio de Ucrania termine, es necesario que los rusos se deshagan de Putin, y él lo sabe, por eso reprime sin miramientos cualquier intento de oposición.  La guerra de Ucrania no la van a parar ni los gringos ni los europeos ni las inútiles Naciones Unidas.

Cada día que pasa, me cuesta más trabajo pensar que lo que están cometiendo las FDI en Gaza es algo diferente.  Me duele ese pensamiento porque tengo un inmenso aprecio y una infinita admiración por el pueblo judío, por el pueblo de Israel y por lo que han logrado construir.  Me sorprende que ese pueblo judío no se levante y a una sola voz grite “basta ya Netanyahu”.  Y me sorprende porque los judíos le han demostrado a la humanidad su extremada inteligencia, su capacidad de superarlo todo, y estoy seguro de que, si se deshacen de tentaciones totalitarias y nacionalismos innecesarios, esas capacidades les permitirían encontrar la mejor solución a “la cuestión palestina”.

La “guerra de Gaza” no la van a acabar ni los gringos, ni los europeos, ni los árabes, ni las inútiles Naciones Unidas.  Esa tarea le corresponde al pueblo judío.

Colombia está tocando fondo

La situación de seguridad y de orden público se ha deteriorado hasta tal punto que estamos en la mismas o peores condiciones que a finales de la década de 1990.  Y no, no soy de esos de extrema derecha, como dice al magnífico que andan buscando votos con el drama de las víctimas de los grupos armados que no cumplen ni la primera línea de los acuerdos de la paz total, con el drama de las de las bandas sicariales, y con las de eso que llaman la delincuencia común.  No señor Petro los colombianos estamos asustados, a Usted la seguridad se le salió de las manos.

Los nombramientos del Magnífico son cada vez más cuestionables.  Uno entiende los de la segunda dama de la nación, es que Laurita le tiene su alguito al Magnífico, y en realidad dieron el cargo que desde la sombra venía ocupando desde el vamos del desastroso gobierno del cambio.  Pero Alexander López en el DNP, de por dios.  Ese era un cargo para economistas respetables y respetados.  Y es que el gran fracaso del gobierno del cambio es la ejecución del presupuesto de inversión, que se define y se dirige desde el DNP.

Lo presentan como un avance, a yo me parece un fracaso.  Sigo convencido que el voto en blanco en una elección entre tres candidatas, ninguna de las cuales tiene cuestionamientos o impedimentos, es un insulto.  El jueves 22 han debido elegir. Y siguen tirando la piedra y escondiendo la mano.  El discurso del presidente de la Corte Suprema es un insulto a los colombianos de bien.  La Corte debe elegir ya.

Empieza el debate de las reformas del Magnífico, supongo que bajo la batuta de Laura la milagrosa, las marmitas del palacio cocinan sopitas de lentejas y mermeladas para asegurar la transición de Colombia hacia la “vida sabrosa”.

Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav1


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