Ay qué tristeza

Cartagena de Indias La Puerta del Reloj

Cuando el presidente Petro nos relata su alucinada visión de una Colombia descarbonizada y sin petróleo e importando gas de Venezuela; uno se imagina un país sembrado de coca que se comercializa legalmente y de aguacates que se exportan; y llena de turistas.

¡Upsss se enredó la vaina!

La legalización de la coca, que es lo más deseable, no se va a dar en el corto plazo.  En una jornada de agricultura y ganadería sostenible uno de los expertos en asuntos forestales y ecológicos nos explicaba que los cultivos intensivos de aguacate son bastante malucos para el medio ambiente. 

Pero lo peor de todo es que turistas lo que se llama turistas, pocón.

La realidad es que tenemos lugares maravillosos, que serían una muy atractiva opción para los turistas.

Sin duda Cartagena de Indias es el primer destino turístico de Colombia, y le deberían seguir de cerca Santa Marta y la Guajira.  Barranquilla, que mucho se ha desarrollado podría ser una especie de escala obligada.  En realidad, la Costa Caribe desde el golfo de Urabá hasta Punta Arenas podría ser un destino turístico inmejorable.  México lo pudo hacer con la Riviera Maya, con Cancún, con Puerto Vallarta, con los Cabos.  Pero salvo las locuras de Cancún durante la vacación de primavera (spring break) de los gringos, a México la gente no va a putear y a drogarse.  Puede que algunos puteen y otros, o los mismos se droguen.  Pero ese no es el propósito con el que la gente visita esos maravillosos sitios.

Mis primeras vacaciones en Cartagena fueron hace sesenta y dos años.  No creo que desde entonces a hoy hayan pasado más de dos años sin que yo regresara a Cartagena, y lo normal ha sido dos o tres veces por año.  Pasábamos temporadas en el hotel Caribe de los años sesenta, luego entre 1961 y 1970, tres veces al año iba yo con mis primos a las Islas del Rosario.  Bocagrande, Manga, el Corralito de Piedra, La Boquilla, la Ciénaga de la Virgen y claro las Islas, Barú, la bahía de Barbacoas, María la Baja y Playa Blanca son lugares de los que tengo maravillosos recuerdos, de aventuras de pesca, y de aventuras de pasión.  Por eso duele tanto ver que Cartagena que es la puerta de entrada para el turismo a Colombia, se puteó.

La corrupción no ha permitido que en la Costa Caribe haya un aeropuerto digno, los contratistas se robaron la plata del Ernesto Cortizos de Barranquilla y el Rafael Núñez en Crespo ni aeropuerto es, si acaso un aeródromo de los tiempos de los inicios de la aviación comercial.

El Corralito de Piedra, mágico nombre que le diera al recinto amurallado el poeta Daniel Lemaitre Tono está invadido de trabajadoras sexuales, de proxenetas, de vendedores ambulantes y claro de ladrones de todo pelambre.  Cartagena propiamente no tiene playas y lo que hay hacia norte, que va desde el hotel Las Américas hasta la Boquilla es un asaltadero de turistas y no tiene un mar agradable.  Barú que era el destino ideal, una vez construido el puente de Pasacaballos, es un desastre.  La perla de Barú hubiera podido ser Playa Blanca, invadido por siniestros delincuentes que se hacen llamar nativos de una isla de donde no son nativos, instalados en unas tierras que nunca fueron de su propiedad, destruyendo la vegetación, esa sí nativa, de la isla de Barú, palmas matas de uvita de playa, matarratones, y otras especies del bosque costeño.  El remate, el puteadero de la laguna de Cholón.  Todavía hay lugares para el turismo de lujo en la zona, pero ese no es el turismo masivo.  Y con las historias semanales, casi que diarias de los asaltos a que son sometidos los turistas que visitan a Playa Blanca, y con las historias de senadores de la república borrachos tratando de entrar con prostitutas a los hoteles en donde las familias de turistas, esos si sanos, se alojan con su hijos y sus hijas ¿a quién se le ocurre ir a Cartagena hoy en día si no es a encerrarse en un congreso o ¿a putear?  Y por ahí empezamos.

Ahora bien, el problema de Cartagena y de buena parte de la costa caribe es estructural y se llama corrupción y desgobierno.  No es entendible como una ciudad que tiene una actividad económica importante, que debe resultar en recursos significativos producidos por impuestos de industria y comercio, de turismo y de todo lo que implica Reficar y toda la zona industrial desarrollada en Mamonal, tenga los más altos niveles de inequidad, de hambre y de pobreza de toda Colombia.  O ¿alguien cree que las niñas y las menos niñas que se dedican al trabajo sexual lo hacen por gusto?  A alguien se le ocurre que la criminalidad que se ha ido disparando no es causada por la pobreza.  ¿Cuántos gobernantes de todos los pelambres, cuantos líderes de opinión que van a Cartagena, a los miles de congresos, asambleas, paneles y encuentros, visitan el barrio Mandela o El Pozón?

A la clase dirigente cartagenera, la de los Emiliani, los Lemaitre, los Román, los Vélez le robaron su ciudad los politiqueros de provincia, como Juancho García, su esposa Piedad Zuccardi y el turco Hilsaca, para citar unos ejemplos.  Desde entonces Cartagena viene en picada.

Si una alta proporción de los doce millones de turistas que Petro quiere atraer a Colombia, no tienen un llegadero atractivo en la costa Caribe, no hay caso.  He estado en dos ocasiones en el Eje Cafetero en los últimos tres años.  Una vez en alta temporada y otra vez en baja temporada.  Es maravilloso, pero la infraestructura no da para recibir turismo masivo.  En alta temporada se hace costoso e incomodo.

Resulta que el turismo masivo es de temporada, las fechas las dictan el clima, las vacaciones escolares, los días festivos y en muchos casos las vacaciones colectivas de las empresas.  La masificación del turismo requiere de una infraestructura que Colombia no ha desarrollado.  Imagine Usted cualquiera de nuestros aeropuertos recibiendo simultáneamente tres o cuatro vuelos de más de cuatrocientos pasajeros.  El colapso.

Imagine Usted una promoción masiva anunciando a Cartagena y a Playa Blanca y los que por ahí pasaron contando historias de putas en la calle y asaltadores en las playas.

¿En qué queda el slogan de cuando éramos chiquitos, ese que decía “turista satisfecho trae más turistas”?

Juan Manuel Urrutia V.


Una respuesta a “Ay qué tristeza

  1. Leí con mucho interés este artículo como también el del 23 de marzo. Mas vale estar prevenido. Yo también fui mucho de niño al Hotel del Caribe. En esa época Bocagrande tenía solo casas y ahora solo tiene rascacielos, pero me sigue gustando. Voy a ir próximamente a Cartagena para la boda de un sobrino, pero el se casa allí porque vive en la costa y menos por estar de moda.

    Hace unos años fui con mi familia y visitamos esos sitios emblemáticos que yo visitaba con mis padres: Palacio de la Inquisición, Santuario de San Pedro, Castillo de San Felipe, Fuerte de San Fernando, Islas del Rosario, etc. Hay que estar muy atento con quien trata uno para que no lo estafen. Esto no pasa en el Eje cafetero. Por nada del mundo iría yo, o recomendaría a alguien, hacer turismo de masa en Cartagena. Tan solo hace un mes, una pareja de jóvenes holandeses se intoxicaron con algo que comieron y los dos murieron en pocas horas.

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