
El relato es espeluznante. Lo conocemos, lo reconocemos. Esta vez, sin embargo, es de viva voz por quienes perpetraron los crímenes. Reconocen y piden perdón. Y a quienes seguimos la audiencia de la JEP en Ocaña, nos duele el alma por una patria rota.
No me alegro, pero siento un fresco. Sin la JEP, sin los acuerdos de paz, esto no estaría sucediendo.
No sorprende que en cada audiencia se confirma que los grandes crímenes del conflicto no fueron cometidos por manzanas podridas, sino que fueron en todos los casos el resultado de políticas definidas y de decisiones tomadas por quienes estaban a la cabeza de las fuerzas participantes, las FARC, los paramilitares y las Fuerzas Armadas.
Y para seguir adelante, las cabezas deben responder, reconocer, pedir perdón, ofrecer retribución y asumir un compromiso serio de no repetición. Y ahí es que estamos cojeando.
Eso no está pasando. Para empezar un importante grupo de las FARC ha conformado una banda criminal dedicada al narcotráfico pero también a asesinar soldados y civiles. Muchos miembros de las FARC se cambiaron de camiseta y ahora delinquen con el logo del ELN, o del clan del golfo, o de lo caparros. Lo mismo ha sucedido con miles de paramilitares. Por el lado de las fuerzas armadas, el panorama no es mejor. Se siguen repitiendo dudosos episodios en que en combates “aparentes” mueren supuestos delincuentes que terminan siendo campesino cuyo único delito es estar forzados a convivir con el imperio de los narcotraficantes.
Ni los congresistas de las FARC, ni Álvaro Uribe, ni los de su partido, han querido reconocer plenamente su responsabilidad. Se escudan en la falsedad de las manzanas podridas. Ellos eran buenos, los malos eran sus subalternos que obedecían sus órdenes ¿mal?
Miles de niños y niños privados de su infancia, reclutados, usados como carne de cañón, violentados, abusados y el secretariado no reconoce que era una política de las FARC.
6402 falsos positivos, 6402 asesinatos, cometidos por miembros de un ejercito en el que había y hay unidad de mando. Los comandantes los mandaron matar y los oficiales, suboficiales y soldados los asesinaron cumpliendo órdenes.
¿Verdad, Reparación y no Repetición? Pos si no reconocen, la verdad, que diantres van a reparar y que carajos se van a comprometer a no repetir.
Hasta ahora la JEP ha mostrado diligencia y seriedad en la investigación de los casos más notorios, los secuestros, el reclutamiento y explotación de los menores de edad y los “falsos positivos”. Los colombianos, con dolor del alma empezamos a conocer una historia que los enemigos del proceso de paz querían a toda costa esconder.
El esfuerzo que habrán tenido que hacer los oficiales y suboficiales para aceptar sus acciones debería ser recompensado por sus superiores, incluido el comandante supremo, aceptando su participación, pidiendo perdón y ofreciendo reparación.
Desgraciadamente eso no lo hemos visto y al paso que vamos, será complicado
Y en cuanto a la no repetición baste con citar los continuos cuestionamientos al actuar de las FFAA durante el gobierno de Duque y su ministro de guerra. Es triste ver como diariamente asesinan soldados desprotegidos en hechos que la inteligencia militar no logra prevenir y cuando usan la información de inteligencia, aparecen muertos en combate civiles que nada tenían que ver.
https://www.lasillavacia.com/historias/silla-nacional/los-cinco-patrones-que-se-repiten-en-los-crimenes-de-militares-ante-la-jep/ Tapen, tapen, tapen. Parece que no aprender. Luego se preguntan ¿por qué ha caído tan bajo el prestigio de las fuerzas armadas?
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1

Esto es un mensaje para contarle que he estado leyendo sus artículos durante esta época de elecciones legislativas y presidenciales. Me parece una buena fuente de información y le agradesco su trabajo bastante riguroso.
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