Se armó la grossatota

Foto: Edificio residencial atacado con un misil por las tropas del Tzarputin (REUTERS)

Ucrania es un país rico.  Ucrania tiene importantes reservas de minerales como el uranio, el titanio, el manganeso y el hierro.  Ucrania es un país agrícola, es el primer productor mundial de girasol y aceite de girasol, el segundo productor mundial de cebada y uno de los mayores exportadores del grano, produce maíz, produce papa, mucha.  Ucrania es también un país industrializado.  Por eso es que el Tzarputin le tiene ganas, porque instalando en Ucrania un régimen que controlará desde el Kremlin se consolida su sueño imperial con la conquista de la joya de la corona.  Y desde ahí amenaza a Letonia, a Suecia y a Finlandia, el sueño de Catalina y de Pedro.

La situación en Ucrania es, como dicen los cronistas, fluida, lo que significa que nadie tiene claridad sobre lo que está sucediendo.  El viernes 25 de febrero en horas de la tarde en Colombia, noche en Ucrania, el titular era “explosiones en la capital Kyiv, mientras los civiles reciben armas para enfrentar la invasión rusa”.  Hoy al amanecer se reportan varias batallas en las calles de Kyiv y ataques con misiles a blancos civiles.  El Tzarputin arremete, Ucrania se defiende como puede, sola.

Una vez más el fracaso de la comunidad internacional es de proporciones incalculables.  Como en 1939 no fueron capaces de parar a un autócrata demente.  Ni siquiera ante el peligro que significaba la anunciada agresión rusa, los líderes de Francia, Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos fueron capaces de ponerse de acuerdo.  De hecho, todavía no se ponen de acuerdo, no actúan de unísono, cada uno canta su canción.  Fracasaron Macron, el borrachito Johnson y Olaf Sholtz el reemplazo de Ángela.  Fracasaron porque en lugar de actuar de común acuerdo y con una sola agenda cada uno pretendió liderar unas conversaciones de paz mientras el Tzarputin los humillaba y les sonreía haciendo pistola con los dedos de los pies.  Fracasaron porque para esos tres payasos la intervención en la crisis de Ucrania era una oportunidad para lograr resultados en su política interna, y ellos, tan imbéciles, creyeron, y sobre todo quisieron hacerle creer a sus connacionales que el Tzarputin les estaba jugando limpio.

La gran muestra del fracaso de la comunidad internacional es que en dos días las fuerzas del ejército del Tzarputin ya están en Kyiv y los “aliados occidentales” todavía están “contemplando” las sanciones que le deberían imponer a Rusia.  La más importante, la que más le puede doler, que es el retiro del SWIFT, no ha logrado el consenso necesario porque hay países como Alemania a los que les parece una medida excesiva y dicen que no es oportuna.  Claro miserables, es que, si sacan a Rusia del SWIFT, ellos no podrán comprarle petróleo ni gas.  ¿Les importan los 40 millones de ucranianos que el Tzarputin pretende someter a su yugo autoritario, represivo y violador de los derechos humanos?  No mamen dirían mis amigas mexicanas.

El viernes al cierre de las operaciones bursátiles, los mercados, que es lo que les preocupa a los ricos, habían rebotado.  El S&P subió en 2.2% y el Dow Jones en 2,5% en su mejor sesión del ¡año!  A los inversionistas les ha gustado que las sanciones hayan sido más leves de lo que se esperaba.  Los precios del gas natural cayeron ya que el gas ruso, que quedó excluido de las sanciones, oh sorpresa, sigue vertiéndose a borbotones hacia Europa.  Los precios del petróleo volvieron a estar por debajo de cien dólares.  

El Tzarputin invadió a Ucrania, ya van más de 160 muertos ucranianos y según reportes de inteligencia británica cerca de 450 soldados rusos.  La ONU informa que han huido de sus país cerca de 100,000 ucranianos y se estima que 5 millones saldrán si la situación, como todo parece indicar, empeora.  A la economía del Tzarputin no le ha pasado nada, las sanciones anunciadas son simbólicas, como gran cosa al tirano le congelaron sus activos en países donde nada tiene y a Rusia le quitaron la final de la Champions y el gran premio de fórmula uno, formidables sanciones, formidables por lo inútiles.  Y claro mientras los inversionistas se frotan las manos y los oligarcas rusos toman champaña cristal en sus lujosos yates y apartamentos de Londres y Nueva York, la Torre Eiffel, el Empire State Building y el London Eye se iluminaron de azul y amarillo en solidaridad con Ucrania.  ¡Qué hipocresía!

A Biden sus aliados europeos lo dejaron sólo y casi que en ridículo cuando se pavoneaban de Moscú a Kyiv, como si fueran palomas de la paz, con un ramo de olivas en el pico, mientras Biden sólo, se veía obligado a desmentirlos, anuncio tras anuncio.  Y a Biden no le quedó más remedio que dejar a los ucranianos solos, no tuvo cómo parar la agresión del Tzarputin.  Y no ha logrado ni siquiera el consenso de sus “aliados” para el timing y el contenido de las sanciones.

A Ucrania la han dejado sola.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1


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