
En la noche del martes 25 de enero, en la vía que de Mosquera conduce a la glorieta de Siberia y de ahí a los municipios del norte de la sabana de Bogotá, un camión de la empresa de basuras del municipio de Guasca atropelló a una mujer indígena Embera y a su hijito. La mujer estaba embarazada. Enfurecidos, miembros de la comunidad Embera, atacaron el camión y asesinaron al conductor.
Esta comunidad es la misma que se instaló en el Parque Nacional a exigirle al gobierno distrital que le solucionara los problemas causados por su desplazamiento. Problemas de los que el Distrito ni tiene ni ha tenido nunca responsabilidad alguna. Rápidamente la oposición petrista, la que financia y promueve el terrorismo urbano de las primeras líneas y los actos de vandalismo en el portal de las Américas, en Suba y en Usme, le dio su apoyo conflictivo y antagónico a esta invasión ilegal de espacio público. Durante la invasión del Parque Nacional, se presentaron toda clase de incidentes, en uno de los más graves, el 28 de noviembre de 2021 dejaron morir a un niño porque los líderes de la comunidad no permitieron que se le brindara atención por parte de los equipos de la Secretaría de Salud.
Hasta ahora no he visto ni oído que haya un solo miembro del grupo asesino detenido o indiciado. Y me parece lamentable que esa comunidad se trate de esconder detrás de sus derechos constitucionales para proteger criminales cuya actuación no se dio en territorio ancestral, ni se dio en el marco de una cosmovisión que les permita a los miembros de la comunidad tomarse la
justicia por sus propias manos. Quienes asesinaron al conductor deben responder ante la justicia ordinaria. Así como, si lo hubieran dejado vivir, el conductor del camión estaría en este momento detenido y respondiendo ante la justicia ordinaria por el homicidio, seguramente “culposo” de la madre y el niño. El sofisma según el cual el caso debe ser visto como una tragedia en la que hubo cuatro muertes es indignante. Hubo un accidente trágico en el que murieron atropellados una mujer embarazada y su hijo. Por el trágico accidente debía responder el conductor del camión. Y hubo un cobarde asesinato a sangre fría de un ser humano, asesinato que no tiene atenuantes ni
explicaciones y cuyos perpetradores deben responder ante la justicia. Al tratar de hacer un sancocho con todos los muertos, los lideres indígenas pretenden culpar a las autoridades de todo y exonerar a los asesinos.
Es cierto la comunidad Embera no debería estar en albergues temporales en el parque de la Florida, ni en el parque nacional ni arrumados en pocilgas en la periferia de las ciudades. No ellos y ellas deberían estar en sus resguardos, en sus territorios ancestrales de los que las violencias los han expulsado y a los que un Estado indolente no se ocupa de ayudarles a regresar. Pero eso ni justifica ni atenúa la sevicia con que agredieron y asesinaron a Hildebrando Rivera.
Se hace tarde para que los movimientos que tratan de aprovechar la condición de las poblaciones indígenas en beneficio de sus aspiraciones políticas condenen el asesinato de Hildebrando Rivera. En Colombia hay demasiados muertos, lideres sociales, excombatientes desmovilizados, ciclistas, hombres y mujeres asaltados para robarles un celular o una billetera y policías y militares y combatientes de todos los pelambres. En estos casos reina la impunidad. Los asesinos de Hildebrando están identificados y se esconden detrás de inexistentes derechos especiales.
Uno de los valores fundamentales de la Coalición Centro Esperanza es el rechazo a las formas tradicionales de hacer política porque saben sus miembros que las alianzas clientelistas o electoreras corrompen a los gobiernos que con base en ellas se eligen. Y eso está bien. Ingrid Betancourt llegó en paracaídas a la Coalición, cuando quienes la crearon llevaban meses construyéndola, con principios, con convicción. Ingrid tiene una condición algo especial, es una celebridad de la política. Por su impresionante inteligencia, por su articulado discurso, por sus posiciones verticales, Ingrid se ganó el reconocimiento como una senadora de renombre. Su partido de entonces Verde Oxigeno tenía presencia y futuro en la política colombiana. Vino el secuestro y la celebridad se convirtió en víctima, vino la operación jaque y la víctima se volvió heroína. Vino la supuesta demanda contra el Estado y la heroína se volvió traicionera. Pero nunca dejó de ser celebridad, ni inteligente, ni poco articulada. Por su condición de celebridad y porque esa condición hace que Ingrid sume, fue recibida en la CCE con generosidad y rápidamente se ganó un lugar entre los lideres del movimiento. Nada de eso le da derecho a lanzar un ultimátum público a la CCE exigiendo que uno de sus contrincantes en la consulta rechace apoyos que a ella no le gustan. Esa es una discusión interna. Qué tristeza, con las cagadas de Duque y saliditas como la de Ingrid, le estamos entregando la decisión electoral a los extremos.
El equipo de fútbol de Colombia volvió a perder. Los que saben darán millones de explicaciones. A mí se me ocurre que un técnico que no logra hacer funcionar un equipo en donde por lo menos dos terceras partes de sus jugadores son las estrellas de los clubes en los que militan, no sirve. Y se me ocurre que los dirigentes que cedieron ante las presiones de periodistas/empresarios y cambiaron a un técnico que llevó a ese mismo equipo con muchos de los mismos jugadores a destacadas actuaciones en dos campeonatos mundiales seguidos, pues tampoco sirven. No busquen la calentura debajo de las sábanas.
Cambiando de latitudes y de problemas, anoche vimos con Mónica una película en Netflix, Munich. Todo un rollo y muy bien hecha. Yo no es que sea experto en las guerras del siglo XX, pero siempre tuve la impresión de que Chamberlain había sido débil con Hitler, y uno lo siente así durante la película hasta que termina entendiendo el argumento de Chamberlain, en ese momento lo que se necesitaba era ganar tiempo. ¿Permitiendo la anexión de los Sudetes? Se ganaron algunos meses, entre septiembre de 1938 y marzo de 1939, cuando Hitler invadió Checoslovaquia, dando comienzo a la segunda guerra. Leyendo la columna de Camila hace unos días sobre la crisis en Ucrania se me ocurre preguntar si la debilidad con que Obama y los europeos reaccionaron ante la anexión de Crimea en 2014 tenía el mismo propósito, ganar tiempo ¿para qué? Me pregunto si Putin acabará actuando como Hitler y aprovechando la debilidad de Occidente para seguir con sus proyectos expansionistas.
En su edición semanal de enero 29, The Economist hace un detallado análisis de la situación. Las implicaciones de una invasión, así sea limitada a territorios pro – rusos del este de Ucrania, serán lamentables en todos los frentes. Y lo peor es que parece inevitable.
Ayer Putin se reunió con el presidente francés y le dijo que quiere hablar con occidente para evitar un conflicto. Eso mismo les dijo Hitler a Chamberlain y Daladier en Munich en 1938. Lo cierto es que según fuentes del pentágono Putin tiene suficientes tropas cerca de Ucrania para invadir todo el país y que la invasión podría empezar en cualquier momento. A todas estas, Boris Johnson anuncia que hablará con Putin y visitará Europa del Este en los próximos días, cortina de humo, Johnson está supremamente enredado con las fiestas del número 10 de Downing St, incluyendo una para celebrarle el cumpleaños al PM.
«Plus cela change, plus c’est la même chose». Amenazando invadir a Ucrania Putin parquea suficientes tropas para llevar a cabo la invasión. Lo americanos amenazan. Occidente permitió la anexión de Crimea, así como permitieron la anexión de los Sudetes en 1938. El Reino Unido y Francia conversan con Putin, Ucrania ausente.
¡Qué suto!
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1
