COP26

COP 26 grandes expectativas, poca esperanza.

EL 31 de octubre comenzó la COP26 en Glasgow.  Viajaron jefes de Estado, expertos en cambio climático, activistas y empresarios. 

¿Qué es la COP26?  Es la vigésima sexta reunión de los países firmantes del acuerdo de Rio de Janeiro, firmado en 1992 y por el cual se creó la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCC, por sus siglas en inglés).

La COP26 es crucial, el tiempo para tomar medidas radicales para mantener la posibilidad de que ocho mil millones de humanos puedan vivir en condiciones sostenibles de bienestar se agota, para algunos se agotó.

La literatura es extensa, la ciencia es contundente.  Si no se toman medidas concretas y en algunos casos extremas, el cambio climático con devastadores efectos acabará la vida como la conocemos.  Algunos escépticos dirán que este es un escenario apocalíptico poco probable.  Triste optimismo.

¿Cómo fue que llegamos hasta esta situación?  Aquí me voy de requesón.  Esta es mi lectura, posiblemente ignorante, de esta historia.  La situación que pretende resolver la COP 26 es la típica tormenta perfecta en donde se conjugan varios factores.

En primer lugar, las grandes empresas petroleras, que se dieron cuenta del efecto invernadero y de su impacto en el cambio climático mucho antes que el resto de la humanidad y resolvieron esconder la información y promover la ciencia falsa que estaría en la base del negacionismo, cuyo principal defensor fue Donald Trump.

En segundo lugar, la comunidad internacional es lenta.  Sólo hasta 1997 en Kyoto, los países firmantes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático acordaron el Protocolo de Kyoto por primera vez metas concretas de control de las emisiones de gases de efecto invernadero.  Debido a la complejidad, inventada por lo dirigentes de los países, para adoptar las convenciones y protocolos que los mismos países acuerdan, el Protocolo de Kyoto sólo entró en vigencia en 2005.  Ya se habían perdido 13 preciosos años.  El Protocolo de Kyoto estableció que el quinquenio 2008 – 2012 sería el primer período de compromiso.

El Protocolo establece metas muy concretas y ambiciosas de control de emisiones para los países más desarrollados, sin embargo les ofrece un medio adicional para cumplir sus objetivos mediante tres mecanismos de mercado:

En esencia esos tres mecanismos les permiten a los países desarrollados cumplir con las metas de control de emisiones acordados independientemente del lugar geográfico en donde se lograr la reducción de Gases de Efecto Invernadero.  La implementación del protocolo de Kyoto no resultó ser tan exitosa como se esperaba. 

Es decir que, aunque la comunidad internacional tomó consciencia del gravísimo efecto que el modelo de desarrollo imperante tendría sobre la sostenibilidad de la especie humana en 1992, las acciones concretas sólo se empezaron a implementar 16 años después y las metas sólo deberían cumplirse 20 años después, en 2012.  En 1992 la comunidad internacional se percató que el planeta estaba enfermo y decidió empezar a curarlo 20 años después.  Mientras tanto las empresas cuyas inmensas ganancias provienen de la explotación, distribución y utilización de los combustibles fósiles si empezaron a actuar inmediatamente, haciendo lobby y apoyando a quienes promovieran la agenda negacionista.  Fuentes alternas de energía, como la solar y la eólica, se conocen desde la década de los 80 del siglo pasado y hasta ahora se empiezan a considerar como eso, fuentes alternas. 

En Doha en la COP 18 en diciembre de 2012, se acordó la Enmienda de Doha al Protocolo de Kyoto, que establece un segundo período de compromiso, que comenzaría en 2013 y duraría hasta 2020. Sin embargo, la Enmienda de Doha aún no ha entrado en vigor; se necesitan un total de 144 instrumentos de aceptación para la entrada en vigor de la enmienda.

¡Pailas!

Luego vino el acuerdo de París en el que los países en la COP 21 por medio del cual 190 países se comprometen a limitar el aumento de las temperaturas globales a menos de 2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales.  Se supone que el acuerdo de Paris es un hito, pero… Los científicos serios han planteado que cualquier aumento por encima de 1.5 grados Celsius es CATASTRÓFICO.  La comunidad internacional, reunida en Paris para salvar al mundo no les cree a los científicos.  Además, el Acuerdo de París plantea el qué, pero no el cómo.  No se proponen mecanismos concretos. Los países firmantes acordaron que seguirían buscando los mecanismos en las siguientes COP y que se encontrarían en cinco años “con mejores planes y mecanismos renovados”

Así llegamos a la COP 26.  En estas dos semanas en Glasgow se deberán ver esos mejores planes y mecanismo renovados.  Pero en la COP 26 si la humanidad se quiere salvar hay que ir más allá.

Ha llegado la hora de acordar con fecha específica el fin de la era de los combustibles fósiles. 

Ha llegado la hora de ponerle fecha de vencimiento a la deforestación de manera absoluta.  Cada país debería tener metas medibles de aumento neto de bosques y selvas.

Ha llegado la hora de ponerle fecha de vencimiento a las emisiones de metano.

Ha llegado la hora de que los países ricos, cuya riqueza se creó a costa del calentamiento global del último siglo paguen la factura apoyando a los países pobres en los proyectos de substitución, de mitigación y de adaptación que van a ser indispensables.

Y ha llegado la hora de que el gran capital tome consciencia sobre la necesidad de su participación activa en la resolución del problema más grave que afecta a la humanidad y del que se desprenderán las grandes catástrofes de los próximos cien años, si es que no nos extinguimos antes.

Y ha llegado la hora de que cada país convierta en prioridad absoluta un plan real de acción que incluya medidas de disminución real y continua de las emisiones de GEI, que incluya planes concretos de adaptación a los efectos del cambio climático que ya son irreversibles y para los países, como Colombia, planes realistas y no demagógicos de sustitución de los ingresos generados por la exportación de combustibles fósiles.  No se trata como dijo Petro de sustituir el petróleo por aguacates.  Hay que ser mucho más serio.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1

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