Algo de Nostalgia ¿Será?

BBC UK

Este fin de semana estuve siguiendo la violenta diatriba de Gustavo Petro en contra de los  miembros independientes de la Junta Directiva del Banco de la República, y viendo el escándalo de cada semana, esta vez por cuenta de las “negociaciones” con alias Papá Pitufo, contrabandista y financiador de la campaña de Petro presidente, aunque dicen que el catalán Xavier Vendrell, el amigo de Petro que le maneja las bodegas prepago, y nacionalizado de la noche a la mañana en el primer mes de este lamentable gobierno siguió el ejemplo de Nicolás el hijo que Petro no crio y se chorreó quinientos millones de pesos.  Se me ocurrió comentar que no había puesto atención a un tuit de Donald Trump en el que amenaza a Irán con un muy soez lenguaje porque estaba “ocupado viendo la cloaca de la Casa de Nariño”.  Una muy querida amiga me respondió “creo que la de la Casa Blanca es peor”.

Anoche luego de ver la fantástica película Frankenstein de Guillermo del Toro, un poco para borrar imágenes que son bastante crudas estuvimos viendo una especie de documental que se llama Breakdown 1975, que se refiere a los momentos de crisis que vivieron los Estados Unidos luego de güatergato, de la derrota en la guerra de Vietnam y el fracaso de las operaciones de rescate de los rehenes de la embajada en Teherán.

Al final del documental se presenta el triunfo de Ronald Reagan en noviembre de 1980 como el comienzo de la “derechización” de partido republicano.

Se me ocurrió hacer una pausa en mi constante lamentadera con el gobierno de Petro y reflexionar un poco sobre el talante de los gobernantes.  No hay lugar para comparar las bestialidades de Trump con la templanza de Reagan.  Sin embargo, si lo hay para un poco de nostalgia.

En 1980 yo estaba en los estertores de una era bastante “progre”, se me quitó rapidito, gracias a Dios. 

Vivía en las Torres del Parque, tomaba café con los mamertos de la zona y atravesaba la carrera quinta para ir a bailar a la Treja Corrida.  Enseñaba sociología de las organizaciones en la Universidad Javeriana.  Me pareció terrible la elección de Reagan.  Ya en la Gran Bretaña Margareth Thatcher empezaba a mostrar su carácter que hizo que se le llamara la dama de hierro y claro era objeto de severas críticas entre mis contertulios.

Ya entrado en razón volví al redil del partido conservador, participé en la campaña que llevó a la presidencia a Belisario Betancur y como “cuota” del pastranismo participé en su gobierno como secretario del consejo de ministros, esa historia ya está recontada.

En 1982 estuve en Berlín cuando todavía había muro y el partido Demócrata Cristiano se preparaba para llevar a Helmuth Kohl al poder; y en 1983 estuve en Beijing cuando Deng empezaba a tumbar los de la “revolución cultural”.

En 1985 me tocó la visita del presidente Francois Mitterrand a Colombia, y recuerdo una gran anécdota del humor del presidente Betancur, que ante la pregunta de Mitterrand ¿Cómo van la cosas? Contestó, “bien gracias, pese al gobierno”.  Recuerdo la cara de incredulidad de la traductora y la carcajada de Mitterrand cuando ella le tradujo.

En 1986, Barco ganó y decidió que iba a hacer un gobierno liberal, que no habría participación conservadora.  Pese a algunas resistencias de miembros de la junta directiva que consideraban que yo no debía ser contratado porque los conservadores se oponían a la planificación familiar, Fernado Tamayo y Miguel Trías que dirigían la organización, decidieron contratarme para ser el director de administración y finanzas y empezó mi segunda vida, la que me llevó a México y luego a Africa.  Alejado de la política puede ver los toros desde la barrera.  Vi caer el muro de Berlín, el derrumbe de la URSS, la unión alemana, el paso de la Comunidad Económica de 8 miembros a la Unión Europea.  El fortalecimiento de la OTAN, la liberación de Europa del Este.  Vi también el final de las dictaduras en América del Sur y el nacimiento de la Nación del Arco Iris de Mandela.  Por cosas de la vida pude ver con mis propios ojos, en 2010, 27 años después, la nueva República Popular China, la de Xi Jing Ping y confirmar cuan visionario fue Deng Xiao Ping.

Sin lugar a duda, el mundo cambió en los años 80.  Y aquí va mi pensado.  Los que si saben de historia tendrán explicaciones más profundas y seguramente más acertadas, pero a mi se me ocurre que en esa década las figuras sobresalientes, las que hicieron la política internacional y que permitieron un viraje de 180 grados lo lograron con muy poca violencia y con muy pocos enfrentamientos que no fueran los de las ideas, pero sobre todo con clase y con visión.

Viendo hoy en día el estilo de matones de barrio de Putin y de Trump, la corrupción que toleran y de la que se aprovechan, el progresismo insulso de Barak Obama, la falta de carácter de los mandatarios europeos, arrodillados ante quien les suba la voz, añora uno el estilo la firmeza y el respeto por la gente de Ronald Reagan, de Margaret Thatcher, de Helmut Kohl, de Francois Mitterrand y de Mijaíl Gorbachov.  Puede uno escribir cucharadas y cucharones sobre las ideas o estilos de los mandatarios de los 80 pero yo estoy convencido que el mundo de hoy estaría en mejores manos si tuviésemos líderes con ese talante. 

Y claro la nostalgia del pasado se suma al pavor que me produce el ver que los líderes de hoy llevan a nuestros países y a la humanidad a la perdida de los valores que apuntalaron el innegable progreso de nuestra especie que ahora se encuentra al borde del cataclismo.

¡Ya nadie defiende ideas, sino egos y negocios!

Juan M Urrutia, abril 7


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