
Les presento una erudita y muy bien documentada explicación de Gedeón Prieto que agradezco inmensamente. JMU marzo de 2026
A qué me refiero cuando hablo de Occidente?
He escrito ya algunas cosas acerca de lo que quiero decir cuando utilizo el término Occidente. Señalé que la lógica —la única lógica, la lógica de Aristóteles—, rige el pensamiento de Occidente. Hoy afirmo algo más universal que, desde luego, incluye lo que ya afirmé: la lógica, la única lógica, ha regido y regirá el pensamiento de todos los seres humanos. Rige y regirá el pensamiento de la especie homo sapiens. Y podemos aventurar, además, la hipótesis de que rigió el pensamiento de los cromañones, del homo habilis, del homo erectus… Y cuando se observa el comportamiento de homínidos actuales, diferentes del homo sapiens, es sensato postular una tercera hipótesis: que el pensamiento de esta familia biológica puede ser modelado por la única lógica y, en consecuencia, podemos afirmar que está regido por ella.
Para no desviarme mucho del tema, cito un sólo experimento que apoya esta última hipótesis. Se encierra a un chimpancé en una urna de vidrio desde la cual puede ver al experimentador que le muestra dónde pone pequeñas cajas de tres colores diferentes, a las que el homínido ya está acostumbrado. “Sabe” que en ellas se encuentran porciones de tres tipos de alimento que denominaremos A, B y C. Por observaciones del comportamiento del chimpancé, se conoce que A es su alimento preferido, el B es el que le sigue en preferencia y por último se tiene al C. Las cajas se esconden en forma caprichosa en el terreno ante la vista del chimpancé en su urna. Lo que se observa es que él, tan pronto es liberado, hace un recorrido que privilegia los lugares donde están las cajas que contienen el alimento A, después aquellos donde están las cajas con el alimento B y por último aquellos donde están las cajas con el alimento C. Las cajas están cerradas herméticamente lo que impide que el chimpancé se oriente por el olor, pero se pueden abrir fácilmente.
Al observar el recorrido que el chimpancé hace, se puede concluir que: 1) el chimpancé es capaz de memorizar los sitios en los que el experimentador escondió las cajas de color A (que contienen el alimento A), las de color B y las de color C; 2) Podemos suponer que el chimpancé “piensa” de una forma que se puede simular por un conjunto de silogismos aristotélicos como el siguiente: “Si voy en primer lugar al sitio A1 y después al sitio A2, entonces obtengo lo que más me gusta” o “Si voy directo del punto A1 al A2 sin pasar por los puntos B y C recorro menos distancia y me demoro menos en saciar el hambre a mi gusto”. En estas frases que simulan verbalmente el comportamiento del primate, he resaltado las palabras vinculadas con los conectores lógicos de la única lógica. Pido excusas por la redundancia, pero es importante recalcar que estos conectores son los mismos que los de la lógica matemática de Russel y Whitehead, del álgebra de George Boole, de la axiomatización de la aritmética de Giuseppe Peano, del programa de David Hilbert para formalizar toda la matemática y de los del trabajo de Kurt Gödel acerca de la incompletitud de los sistemas formales. En pocas palabras, todos estos grandes matemáticos pensaron con la misma lógica del chimpancé. Y aquí va otra hipótesis importante: esto es así porque todos ellos viven en el mismo planeta Tierra y son producto del mismo proceso evolutivo que fue puesto en evidencia, en sus primeras etapas de desarrollo teórico, por Charles Darwin.
Estoy afirmando, al menos, que todo primate que habita el planeta Tierra piensa con la lógica de Aristóteles, o bien su comportamiento puede ser simulado recurriendo a sus conectores y sus silogismos. Y digo que “al menos” porque, si no importara desviarse del tema, podría mostrar que el comportamiento de otras especies también se puede simular de la misma manera.
Warren McCulloch, neurofisiólogo famoso por la teoría de las redes neuronales en la que se fundamentaron muchos de los trabajos que dieron como resultado los modelos de inteligencia artificial tan presentes actualmente, se hacía preguntas que podríamos resumir con las dos siguientes: ¿cómo está hecho el cerebro para que pueda comprender el número?, ¿qué es el número y cómo puede ser comprendido por el cerebro?
Hemos sugerido ya una respuesta convincente a estas preguntas: el cerebro humano evolucionó de manera tal que produjo el concepto de número para adaptarse mejor a su medio; en otras palabras, el número es un producto de la actividad cerebral del homo sapiens que le permitió resolver una inmensa cantidad de problemas prácticos de sobrevivencia (el problema de mantenerse vivos) y de supervivencia (el problema de vivir lo mejor posible, es decir, el problema de vivir súper).
Lo mismo hemos dicho de la lógica: el cerebro humano evolucionó de manera tal que configuró la lógica para adaptarse mejor a su entorno. La lógica es producto de la estructura de ese cerebro que le ha permitido al homo sapiens sobrevivir y supervivir.
Entonces: la lógica rige la forma de pensar en occidente y en oriente; o mejor, la lógica rige el comportamiento de todo homo sapiens. En la Grecia del final del primer milenio antes de Cristo —que hace parte principalísima de lo que llamo Occidente—, Aristóteles describió las leyes que caracterizan a esa lógica rectora universal.
A partir del siglo IX después de Cristo la lógica “descubierta” y expuesta por Aristóteles fue estudiada de manera formal en las escuelas monásticas y en las catedralicias; hacía parte del Trivium compuesto por: 1) el estudio de la gramática; 2) el estudio de la lógica y la dialéctica; 3) el estudio de la retórica. El Trivium se complementaba en algunas de estas escuelas de manera más o menos extensa y profunda con el Quadrivium compuesto por: 1) la aritmética; 2) la geometría; 3) la música; 4) la astronomía.
El Trivium y el Quadrivium eran impartidos en las escuelas auspiciadas por los monasterios católicos y las catedrales de las ciudades europeas e influyeron profundamente en las primeras universidades que surgieron a partir del siglo XI en Europa.
En efecto, en estas universidades, los planes de estudio, a pesar de que tenían muchas diferencias, se podían dividir en dos grandes etapas: 1) la de las artes liberales y 2) la de las artes superiores.
La etapa o Facultad de Artes liberales (Facultas Artium) fue la fase inicial de formación articulada en torno al Trivium y el Quadrivium. Funcionaba como un ciclo propedéutico y general que preparaba al estudiante en las herramientas básicas de lenguaje, razonamiento y conocimientos filosófico-científicos para poder avanzar a estudios más especializados.
Ejemplos de artes superiores son la teología, el derecho, la filosofía natural y la medicina. La Universidad de Bolonia (fundada en 1088) inició con el estudio del derecho; la Universidad de Paris (fundada en 1150) inició con teología; la Universidad de Oxford (fundada en 1167) inició con filosofía natural (que hoy llamaríamos ciencias naturales. Anotemos que la obra de Isaac Newton, que es el fundamento de la física clásica, se llama Principios matemáticos de la filosofía natural); y la Universidad de Salerno (fundada en 1231) inició con medicina.
Las fechas de fundación son bastante discutidas, puesto que las universidades surgieron de manera paulatina. Algunas derivaron de las escuelas monásticas o de las escuelas catedralicias. Otras, de grupos de personas destacadas e interesadas en un tema particular que lo enseñaban a jóvenes interesados. La universidad de Bolonia, por ejemplo, tuvo su origen en las enseñanzas de un grupo de juristas interesados en el derecho romano, especialmente en el Corpus Iuris Civilis de Justiniano. La universidad de Oxford se originó en la actividad de varias escuelas, algunas de ellas monásticas, bajo un cierto liderazgo del priorato agustino de Santa Frideswide. La universidad de Salerno surgió de la actividad docente de un grupo de médicos que logró gran renombre en Europa.
La Universidad de París es un caso algo aparte. Se originó en la escuela catedralicia de Notre Dame. En ella, siglos después, enseñaron San Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino. El primero, maestro del segundo. Ambos conocedores profundos de Aristóteles, que acometieron la tarea demostrar la armonía que existe entre la fe y la razón regida por la lógica aristotélica. Respecto de este tema, dicho sea de paso, si no se toma en cuenta que éste fue uno de los objetivos principales de la Suma Teológica de Santo Tomás, puede desconcertar el hecho de que una obra teológica esté escrita con una argumentación lógica férrea que vincula a Dios con conceptos como el de movimiento, causalidad, contingencia, grados de perfección, orden del mundo, que hacen parte sustancial de lo que en la época se llamaba la filosofía natural.
Ambos filósofos y teólogos ayudaron a consolidar el estilo escolástico universitario para las artes superiores firmemente fundamentado en la enseñanza de las artes liberales, caracterizado por la lectura de autoridades, el análisis conceptual de su contenido y la argumentación ordenada en torno a los problemas e interrogantes que estos textos generaban.
Los elementos esenciales del método de enseñanza en estas dos fases o etapas del currículo de las universidades medievales europeas eran, en primer lugar, el de la Lectio o de lectura y comentario de textos. El segundo, el de la Quaestio o de planteamiento de problemas y objeciones en torno a lo leído. Y en el tercero, el de la Disputatio o de debate acerca de los problemas planteados.
El desarrollo de este proceso en tres momentos seguía unas reglas muy precisas. En el primer momento, el de la Lectio, el Magister (el maestro, un docente con autoridad para enseñar oficialmente en la universidad) leía un texto que podía ser la Biblia, una obra de Aristóteles o de algún otro autor de la época que, al igual que Aristóteles, se considerara auctor o autoridad en el tema tratado. El Magister complementaba su lectura con una explicación literal en la que hacía aclaraciones acerca del vocabulario, hacía distinciones conceptuales para aclarar ambigüedades (el significado explícito, claro y distinto de las palabras utilizadas era un elemento esencial y necesario), hacía anotaciones acerca de la estructura lógica del texto y con ello sustentaba por qué el sentido del texto era tal o cual.
En el segundo momento, el de la Quaestio, de la lectura de un auctor se derivaba un problema formulado con precisión y se ponía bajo análisis. “Análisis” viene del griego que quiere decir desatar, disolver, separar, descomponer, liberar, y se refiere a la tarea de separar un todo en sus partes. En virtud de este análisis se ponía en evidencia un problema, un dubium; algo que en el texto leído parece oscuro, o algo que genera una tensión entre el auctor y otro auctor (entre San Agustín y Aristóteles, por Ejemplo), o algo de lo que se deduce (mediante un silogismo) que tiene consecuencias difíciles de aceptar desde una perspectiva moral, metafísica, jurídica, teológica o cualquier otra que se consideraba pertinente (por ejemplo, entre los conceptos de libertad y divina providencia).
En el tercer momento, el de la Disputatio, era eminentemente de carácter público en el sentido de que intervenían los siguientes participantes. 1) El Magister que planteaba el problema mediante la Lectio y la Quaestio y lo cerraba, generalmente, en su Determinatio. 2) El Respondens que era, en general, un Baccalarius (o bachiller avanzado en sus estudios) que debe plantear una tesis que no podía ser otra cosa que un intento de resolver el Dubium, la tensión; es decir, la Quaestio que se puso sobre la mesa. Para exponer su tesis, el Respondens tenía tres opciones. Afirmar algo, negar algo o hacer una distinción que consideraba necesario. 3) El Opponens que era uno o varios estudiantes avanzados que se encargaban de plantear objeciones respecto del contenido o la forma del razonamiento expuesto por el Repondens. Éste respondía a su o sus Opponens mediante tres tipos de respuesta que se catalogaban como: A) Concedo cuando la antítesis del Opponens le resultaba correcta; B) Nego cuando no coincidía con la antítesis del Opponens; y C) Distinguo cuando consideraba que no podía estar de acuerdo o en desacuerdo con la antítesis sin antes hacer una o varias precisiones. 4) Los Discipuli o estudiantes, aprendices que podían hacer preguntas u objeciones.
Los tres momentos terminaban con la Determinatio del Magister que exponía la solución al problema en la forma de una síntesis (del griego synthesis, que significa poner junto, colocar junto lo que debe ir junto; pensando en el análisis, quiere decir poner nuevamente junto lo que se ha separado).
Durante todo el proceso debían respetarse necesariamente y de manera estricta reglas entre las que estaban las siguientes: todos debían exponer sus tesis con claridad. Todos los conceptos utilizados en ellas debían ser definidos de manera explícita evitando cualquier forma de circularidad o indeterminación. Además de la claridad, era necesaria la coherencia; no podía haber ningún error en el uso de las reglas de construcción de las proposiciones ni en las reglas de deducción que permiten pasar de las premisas a las conclusiones. Los temas tratados no debían salirse del ámbito señalado por el problema planteado; no se permitían digresiones impertinentes. Las “victorias retóricas” estaban totalmente excluidas: no se trataba de ganar una discusión, sino de resolver el problema, disolver el Dubium. El objetivo primordial era llegar a una conclusión enseñable. Desde luego, estaban totalmente prohibidos los ataques personales, las burlas. Todo debía guardar un tono impersonal con elegancia académica.
Este, podríamos decir, fue el caldo de cultivo primigenio de la forma de pensar de Occidente.
Gedeón Prieto, marzo 26