
La frase del título ha sido traducida como «la suerte está echada», lo que es correcto, de pronto. Es de Julio César, cuándo cruzó el Rubicón, y la traducción más precisa es «el dado se ha lanzado». No se refiere a la acepción de fortuna, de la buena o la mala suerte. Al seleccionar a JuanDaniel Oviedo para ser el candidato a la vicepresidencia que la va a compañar, Paloma Valenica «echó el dado», se la jugó.
Con las últimas decisiones de Sergio Fajardo siento que el tipo no quiere ser presidente, no quiere ganar las elecciones. Ha querido aprovechar la coyuntura electoral que le permite tener “presencia” durante meses, para pasearse por el país, por los medios de comunicaciones, y por los centros de pensamiento para enseñarnos como es que debe ser una campaña presidencial cuando uno es un ser superior. A Fajardo le importa más su legado que ganar, me dijo algún fajardista arrepentido, cuando el candidato de la superioridad resolvió que él era demasiado para medirse en una consulta con simples candidatos de menor monta. Cierto, es posible que, si acepta la tardía invitación de Claudia López, es probable que le acabara yendo tan mal como a la exalcaldesa de Bogotá, nunca sabremos. Por el correo de las brujas me enteré de que la explicación de por qué Fajardo no quiso participar en la Gran Consulta por Colombia en la que Paloma Valencia barrió es porque en su campaña estaban convencidos que Paloma sacaría los más de tres millones de votos que sacó y que Sergio no lograría derrotarla. Y el pa quedar de segundo no estaba, prefiere quedar de último en primera vuelta a quedar de segundo en una consulta, con precandidatos que considera inferiores a él. Nunca se le pasó por la mente que si entraba a esa consulta se podría conformar una fórmula Paloma/Fajardo o Fajardo /Paloma que podría ser muy sólida. Él es demasiado importante para “jugársela” como hizo Juan Daniel Oviedo.
En fin, los lectores de la Cucharada saben que desde temprano en este proceso le creí y apoyé a Fajardo, por eso me siento profundamente desilusionado y con derecho a decir que Fajardo resultó un petardo. Y lo digo pensando ojalá me equivoque y Sergio que es mucho mejor matemático que yo acabe teniendo la razón.
Desde 2010, cuando regresé a Colombia, mis preferencias siempre estuvieron en ese espectro que llaman el centro, con Antanas Mockus, con Sergio Fajardo, con Claudia López. Mis amigos de derecha siempre me dijeron “zurdo”, los de izquierda, que tengo, hasta “facho me decían”. El 8 de agosto de 2022, ante la presencia de gente como Álvaro Leyva, José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria y Cecilia López en el gabinete y oyendo el discurso relativamente moderado de Petro en su posesión, me hice ilusiones y llegué hasta a escribir una columna proponiendo que se le diera tiempo. Luego se destapó el radicalismo anti – sector privado de Carolina Corcho que acabó destruyendo cualquier posibilidad de participación de personas moderadas en el gobierno. Empezaron a explotar escándalos a diestra y siniestra, supimos que la elección de Petro fue ilegítima y apaga y vámonos. Hemos asistido al gobierno más corrupto, más radical, más dañino de la historia de Colombia y la única salvación es derrotar, en primera vuelta, a Cepeda/Quilcué y sacar del gobierno para siempre, a esa izquierda, corrupta, saqueadora y destructiva.
Desafortunadamente las actitudes de quienes representaban ese “centro” los han llevado al fracaso electoral y han dejado el espacio vacío. Y por mucho que digan los extremistas y sus defensores, el espacio existe y elige, pero no va a votar por candidatos o candidatas que se sienten ungidos. Al votante de centro hay que convencerlo, es lo que llamaban “la franja” que fue la que eligió a Belisario Betancur, a Andrés Pastrana y a Álvaro Uribe en 2002, la que nunca apoyó a Álvaro Gómez por sus posiciones extremas. Y la que eligió a Petro en 2022. Se necesita ser megalómano para creer que la izquierda tiene más de once millones de votos en Colombia, no llega a seis y con eso nadie se elige presidente.
La aparición de Juan Daniel Oviedo es una luz de esperanza para quienes preferimos la moderación, el diálogo y el consenso al extremismo. No voy a decir que Oviedo es comparable a Claudia que es de centro izquierda y que seguramente acabaría apoyando a Cepeda en segunda vuelta por su odio visceral contra el uribismo y la derecha. Tampoco es comparable a Fajardo, uno porque no es tan soberbio, y dos porque está dispuesto a hacer concesiones para lograr lo que se propone en lugar de exigirle a los votantes y todos lo demás que hagan concesiones para que él sea el salvador. Oviedo dice que va a dialogar con todos mientras Fajardo desde su soberbio pedestal dice que los va a escuchar a todos.
Pero Juan Daniel Oviedo sacó un millón doscientos cincuenta y cinco mil votos. No me voy a meter en la discusión sobre las razones de los votantes. Los votos de Oviedo son votos de opinión y son muchos y su discurso lo ubica en el centro.
La metodología de la encuesta Atlas Intel basada en el reclutamiento digital aleatorio (Ramdom, Digital, Recruitment RDM) produce cierta desconfianza, pero los resultados no son ni más ni menos acertados que los de otras encuestadoras con otras metodologías. Con su muy buen resultado en la Gran Consulta Paloma consolidó su imagen. En esa encuesta, en todos los escenarios, la intención de voto por Paloma Valencia aparece con un crecimiento importante, mientras la de los candidatos que con ella compiten no. Paloma crece, Cepeda se mantiene en el mismo 35% de siempre, que no le alcanza para ganar en primera vuelta y de pronto tampoco en segunda, De la Espriella desciende y Fajardo ya no arrancó, se quedó atorado en su pedestal y en caunto a Claudia López, la encuesta confirma el resultado de la consulta.
Esa medición tuvo lugar antes de la escogencia de sus candidatos a vicepresidente. El consenso general, aún en la izquierda pensante, porque los borregos aplauden todo lo que haga el candidato de Petro, es que, sin negar que la senadora Aida Quilcué es una mujer con muchos méritos, su escogencia por parte de Cepeda es un error. Fajardo, fiel a su soberbia interpretación de la política escogió a una candidata incolora e inodora, evitando que le vaya a hacer sombra. De la Espriella acertó con José Manuel Restrepo, pero creo que ahí el que metió las de caminar fue Restrepo aceptando. Y Paloma se la jugó por donde se la tenía que jugar, por el centro. Oviedo va a refrescar la candidatura de Paloma, le va a dar diversidad y juventud. Tan buena es la elección de Paloma, que personajes tan disímiles como Fernando Londoño Hoyos y Daniel Coronell coinciden en atacarla. Sentado en una mesa almorzando con un grupo de amigos, el mismo Fernando nos dijo, me lo recordaba Mónica hoy, que Paloma Valencia sería la primera mujer presidenta de Colombia. El odio personal de Coronell quien se dice víctima de la permanente persecución de Uribe explica su solapado deseo de un triunfo de Cepeda con la esperanza que en ese gobierno si puedan encanar al expresidente.
Hay que ganarle a Cepeda. Votaré por Paloma Presidenta y Oviedo Vicepresidente. Si, cambié de opinión. Por ahí alguien decía, ¡se puede voltear un camión que lleva 40 toneladas de huevos!
Juan M Urrutia Marzo 16