
La segunda amenaza a la cultura de Occidente, está en las ideas de Izquierdas
Qué se entiende por pensamiento de izquierdas
Parte 1: Sus vínculos con la obra de Karl Marx
Con la expresión “pensamiento de izquierdas” me refiero al conjunto de ideas influenciadas por las obras de Karl Marx que han sido difundidas y vulgarizadas (las más de las veces sin ser leídas) por diversos medios. En Colombia, los colegios y universidades han sido medios especialmente eficaces en esta tarea, aunque, ciertamente, no los únicos.
Este conjunto de ideas ha generado varias posiciones políticas que tienen muchas diferencias entre ellas, pero que comparten, al menos, los siguientes rasgos. Critican al capitalismo. Buscan la igualdad, la justicia y la protección social. Ponen un gran énfasis en la redistribución de la riqueza y le dan poca importancia al proceso de su producción. Consideran necesaria la intervención del Estado en la planeación y gestión de la educación, la salud y la vivienda. Consideran que el Estado debe planificar la economía: orientar la producción y la inversión; controlar los precios y la asignación de recursos; y, ante todo, priorizar la función social de la actividad económica por encima de la ganancia o el beneficio privado que deriva en acumulación de capital, con el objetivo de subordinar el mercado y el lucro a los objetivos que persiguen el bienestar social. Promueven la ampliación de la cantidad de derechos de los ciudadanos. Defienden los derechos laborales de los trabajadores y, en consecuencia, apoyan al sindicalismo, a veces, a costa del espíritu crítico. Defienden con especial ahínco los derechos civiles de las minorías. También defienden con furor la conservación del medio ambiente. Postulan la existencia de los derechos de los animales y los defienden con vehemencia. Dicen estar abiertos a la diversidad. Manifiestan gran afinidad con el feminismo y en contra de cualquier forma de machismo. Son proclives a apoyar cualquier movimiento activista en favor de minorías. Combaten cualquier forma de lo que consideran colonialismo.
Ahora bien, ¿cuáles son las ideas de Marx que están en la base de todos estos rasgos? Haré hoy un corto recuento y una breve explicación de las principales, para darle un significado claro y explícito al pensamiento de izquierdas que, según he dicho, es uno de los enemigos de Occidente.
La primera idea que abordaré, por ser tal vez la más importante, es que, según Marx, para explicar el devenir histórico de las sociedades a lo largo de la historia de los seres humanos, es necesario acudir a conceptos que se refieran a las condiciones materiales de existencia; especialmente, a las fuerzas productivas que encontramos en ellas y a las relaciones de producción que existen entre quienes las componen. En consecuencia, se ponen en cuestión las explicaciones idealistas que afirman que los cambios sociales se deben principalmente a ideas filosóficas o políticas, principios morales o proyectos utópicos, o cambios en las concepciones científicas fundamentales. Para Marx, estos factores no constituyen el motor principal del cambio histórico, sino que están condicionados por la estructura material y por los conflictos sociales que ésta genera. En este sentido se habla del materialismo histórico característico del así llamado socialismo científico.
La segunda idea es que el conflicto social es el motor fundamental del devenir histórico. Marx entiende este conflicto como una tensión o enfrentamiento estructural entre clases sociales con intereses materiales antagónicos, originado en el modo de producción y, en particular, en las relaciones de producción; en otras palabras, originado por la forma en que se organiza la producción social y la apropiación del trabajo excedente.
La tercera idea es que en una relación de producción capitalista en la que el propietario de los medios de producción contrata como asalariados a un grupo de trabajadores, pueden distinguirse dos partes de la jornada laboral: (1) el trabajo necesario, que corresponde a la parte de la jornada cuyo valor equivale al salario; y (2) el trabajo excedente, que corresponde a la parte de la jornada no remunerada y que produce un excedente de valor. Este excedente de valor, apropiado por el capitalista, es la plusvalía, valorada en dinero cuando la mercancía se vende.
La cuarta idea es que en la sociedad capitalista pueden distinguirse dos clases fundamentales definidas por su posición en el proceso de producción: (1) la burguesía, propietaria de los medios de producción, que se apropia de la plusvalía; y (2) el proletariado, que, al no poseer medios de producción, vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario y produce plusvalía. En esta relación, la burguesía que se apropia de la plusvalía explota al proletariado. En este sentido, la burguesía es una clase opresora y el proletariado es una clase oprimida. Esta relación hará que estas dos clases estén enfrentadas puesto que sus intereses entran en conflicto, razón por la cual se habla de la lucha de clases. Marx afirma que la historia es, en gran medida, la historia de luchas entre clases con intereses opuestos.
La quinta y última idea que abordaré la expresa Marx cuando afirma que “la religión es el opio del pueblo” y la complementa con la idea de que “la religión es el suspiro de la criatura oprimida”. Desde su perspectiva materialista, la religión es un fenómeno social ligado a determinadas condiciones materiales de existencia: expresa el sufrimiento real y a la vez lo alivia ofreciendo una compensación imaginaria, lo que puede contribuir a la reproducción del orden vigente. Por ello, en la medida en que una sociedad superara la explotación y la alienación que alimentan esa necesidad de consuelo, la religión tendería a perder su función social y, en consecuencia, poco a poco desaparecería.
La primera obra de Marx publicada (en colaboración con Engels) fue el Manifiesto del Partido Comunista de 1848. En él, los autores describen a la burguesía como una fuerza revolucionaria que expandió la industria, los mercados y el trabajo asalariado. En efecto, desde 1760, en la Gran Bretaña se había iniciado un proceso de cambio en las formas de producir bienes. En efecto, las máquinas a vapor, alimentadas por la energía calórica del carbón, habían revolucionado las fábricas de textiles, la minería, los talleres de fundición, la industria cerámica, entre otras formas de producción. Esto, a su vez, impactó el comercio pues los costos de producción bajaron sustancialmente y la capacidad de producción aumentó a una escala masiva. Estas nuevas condiciones determinaron una ampliación de los mercados sin precedentes, lo que, a su vez, incrementó la internacionalización del intercambio de bienes y con ello impactó también el transporte marítimo y terrestre. Este proceso se consolidó y se extendió a otras partes del mundo en 1840, y a él se refieren Marx y Engels en su Manifiesto. Pronto empezará a conocerse con el nombre de la Revolución Industrial.
Esta revolución causó una gran migración del campo a las ciudades. Muchos campesinos abandonaron las muy difíciles condiciones de vida propias del campo y la producción agrícola y pecuaria, para dedicarse a la producción industrial que, aunque lejos aún de ofrecerles condiciones de vida dignas, eran mucho menos precarias y miserables que las que ya tenían en el campo. En efecto, ahí se encontraban en un estado permanente de gran vulnerabilidad e inseguridad causado, especialmente, por el empleo estacional y la variabilidad de los precios de los productos agropecuarios.
Así, decían Marx y Engels, este proceso impulsó la migración hacia las urbes, desestructuró las formas tradicionales de vida y trabajo en el campo (efecto que se ha denominado “expulsión”) y, como consecuencia, incrementó el empleo asalariado en las urbes, muy especialmente en las fábricas (efecto que se ha denominado “atracción”), lo que derivó en la conformación de lo que se llamó el proletariado industrial.
Las nuevas condiciones eran duras, precarias. Caracterizadas por largas jornadas de trabajo (entre diez y doce horas diarias), un ritmo de trabajo extenuante controlado por el funcionamiento de las máquinas (imposible no pensar en la película de Charles Chaplin Tiempos modernos), sobre oferta de trabajadores poco calificados lo que determina salarios bajos y empleo inestable, deficientes medidas de seguridad laboral (lo que explica la gran cantidad de accidentes laborales, especialmente en la industria), ninguna legislación ordenada a la protección social, y, tal vez lo más indignante, trabajo infantil en condiciones miserables. En relación con la vida fuera del sitio de trabajo, el proletario tenía que soportar la vivienda hacinada, barrios inseguros sin los servicios sanitarios mínimamente aceptables, altos niveles de contaminación, alimentación muy deficiente, vida familiar de muy baja calidad determinada especialmente por las condiciones de trabajo demandantes y malsanas, y, ciertamente, por el muy bajo nivel educativo. Pero, todo esto, es bueno recalcarlo, era “menos peor” que las condiciones que habían tenido ya que afrontar en el campo, o si no, ¿cómo explicar la migración?
El Manifiesto del Partido Comunista se convirtió, poco a poco, en un sistema teórico que le dio sustento a diversos programas políticos para organizar al proletariado del mundo para luchar en contra del nuevo orden social. Funcionó como un instrumento político y teórico de agitación y organización de esta clase social para enfrentar a la burguesía en el contexto del nuevo capitalismo industrial, cuyas formas modernas de producción y relaciones de trabajo generaban explotación, desigualdad y condiciones de vida frecuentemente indignas.
Pero estas lamentables condiciones empezaron a mejorar de manera paulatina a finales del siglo XIX y principios del XX. Las jornadas de trabajo se redujeron a ocho horas diarias, el trabajo infantil se eliminó, se establecieron normas básicas de seguridad laboral, se instituyeron los sistemas de seguridad social que prevén y asisten al trabajador en casos de accidentes de trabajo, de incapacidades temporales por enfermedad, de invalidez permanente o por vejez. El monto de los salarios sube significativamente, en especial para los obreros calificados. Los niveles educativos promedio incrementan. Todo ello es producto de un amplio grupo de factores entre los que se debe incluir, al menos, el incremento de la productividad y el incremento del intercambio comercial; el mejoramiento de la maquinaria en términos de su eficacia, fácil manejo y menor contaminación; la construcción y promulgación de leyes que protegen al trabajador y propician las buenas condiciones laborales; las políticas de Estado ordenadas a lograr un bienestar social; y, sin duda, la lucha de las organizaciones sindicales orientadas por las ideas del Manifiesto del Partido Comunista.
Son diversos los autores que señalan que antes de 1800 la pobreza era la condición predominante de la humanidad. Entre el 80% y el 90% de la población del Planeta vivía por debajo de lo que hoy se conoce como la línea de pobreza. A pesar de los problemas metodológicos que implica medir la pobreza en los veinte siglos anteriores a nuestros días, es posible afirmar que partir del siglo XIX, con la industrialización y el aumento sostenido de la productividad, comienza una tendencia de reducción de la pobreza extrema que se acelera notablemente desde finales del siglo XX, cuando las mediciones globales registran una caída fuerte del porcentaje de población en pobreza extrema que actualmente se calcula en un 10%.
Algo similar sucede con la esperanza de vida promedio de la población mundial. A pesar de que no se cuenta con los datos necesarios para hacer comparaciones precisas de lo que sucede hoy con lo que sucedió en los veinte siglos anteriores, es posible afirmar que la esperanza de vida promedio mundial antes de 1800 rondaba los 30 años de edad, en tanto que hoy en día ronda los 70 años. Este incremento es explicable por los avances en medicina, la institucionalización de diversos programas de salud pública en casi todos los países, el mejoramiento de la calidad de los alimentos, el mejoramiento de la infraestructura de las ciudades (alcantarillado, acueductos, sistemas de recolección de basuras, energía eléctrica…). En efecto, todos estos avances han determinado que los índices de mortalidad infantil hayan caído a niveles muy bajos, que haya menos enfermedades que resultan mortales, que el número de personas que se enferman en algún momento de su vida sea mucho menor, todo lo cual, obviamente, influirá en la esperanza de vida promedio en el Planeta.
La mejoría sustancial de las condiciones de vida del proletariado es contraria a las predicciones de la teoría marxista. Ésta preveía la pauperización creciente y homogénea de la clase oprimida que conduciría necesariamente a la revolución proletaria y la superación del capitalismo. Pero sucedió todo lo contrario. El nuevo orden social se estabilizó y afianzó. La revolución proletaria deja de verse entonces como el desenlace necesario del empeoramiento de las condiciones materiales del proletariado que, evidentemente, nunca se dio. La pregunta se hacía entonces inevitable: si a pesar de la relativa mejoría, la explotación todavía persiste, ¿por qué amplios sectores no se rebelan, no desarrollan conciencia revolucionaria sostenida?
La respuesta a esta pregunta que ofrecen, principalmente, Antonio Gramsci y Herbert Marcuse, es que la sumisión de la clase oprimida no sólo está dada por la dominación económica, sino por la hegemonía cultural en las sociedades capitalistas occidentales, en la que la burguesía domina tanto por consenso como por coerción.
Esta posición ha permeado en lo que llamo el pensamiento de izquierdas. En la próxima colaboración con Metamos La Cucharada analizaré cuáles son los nuevos elementos que se agregan a las ideas marxistas y hacen de esta corriente de pensamiento uno de los enemigos de Occidente.
Gedeón Prieto, marzo 2026