
Por un error involuntario a Gedeón se le traspapeló este capítulo de la historia del Islam. Es el que antecede el capítulo sobre la muerte del Profeta.JMU
La Verdad ha llegado y la falsedad ha desaparecido
Mahoma llega a Medina, se aloja en la casa de la casa de Abú Ayyub al-Ansari y recibe su protección y la de toda la ciudad. Inicia su labor de amable componedor de conflictos entre grupos fieramente radicalizados y logra lo que todos ansiaban: la paz entre los habitantes de Medina, entre quienes había tribus árabes con intereses opuestos y en conflicto, judíos, zoroastristas y cristianos. Y logra esta paz sustentándose en las ideas centrales de algunos de sus mensajes y otras nuevas. Veamos.
Empecemos por una de las nuevas ideas, y tal vez la más importante desde una perspectiva pragmática: la umma o la constitución de una comunidad fundamentada en las creencias religiosas y no en los linajes tribales que superara, por lo tanto, a los clanes y tribus. Es la base del Islam o el sometimiento a Alá y de la conformación de la comunidad musulmana.
La segunda que menciono es la más importante de las que ya los habitantes de Medina habían acogido, por su carácter espiritual y fundacional: el monoteísmo de Abraham, de Moisés y de los demás profetas que se consideraba garante de la ley moral superior a los intereses propios de cada tribu y, en consecuencia, garante de la justicia, el orden y la responsabilidad ética entre los habitantes de Medina.
La tercera idea: la justicia como reemplazo de la venganza que se convierte entonces en el instrumento fundamental para la resolución pacífica de conflictos y terminar con las matanzas entre tribus. La violencia debía ser controlada. Mahoma se constituyó como el primer juez que impartió esa justicia y asumió el arbitraje en las disputas entre ciudadanos.
La solidaridad social basada en las ideas de la caridad, la compasión y la misericordia, fue la idea que se puede considerar como el cuarto pilar del proyecto del Profeta. Se determinó cuidar a los huérfanos, las viudas y los pobres. Se estableció la limosna obligatoria (zakat, en árabe). Esto fortaleció la cohesión social entre los habitantes de Medina y redujo las tensiones sociales y económicas entre ellos.
La libertad religiosa regulada fue el quinto pilar del proyecto. Los judíos, zoroastristas y cristianos podían conservar su credo y sus leyes, pero tenían que responder por sus actos y, sobre todo, tenían que comprometerse activamente con la defensa de la ciudad.
La otra idea nueva fue el sexto y último pilar del plan, pero de gran importancia y trascendencia: la autoridad política de Mahoma legitimada religiosamente. Mahoma se convertía entonces en líder político y religioso de la umma (precursora de la comunidad musulmana) y, claro está, de Medina. El liderazgo religioso se excluía en el caso de los grupos que no acogían el credo islámico.
Pero pronto Mahoma asumió un liderazgo más: el militar. En 624 (o año 2 de la Hégira, es decir, el 622 se convirtió en el año cero para el calendario musulmán), los habitantes de Medina trataron de interceptar una caravana comercial de La Meca. El intento fue fallido y la caravana logró escapar, llegó a La Meca y reportó a las autoridades de la ciudad lo acontecido. Los coraichíes (la tribu original de Mahoma) organizaron un ejército de mil combatientes para atacar a Medina. Mahoma sólo logró congregar trescientos hombres para la defensa. La confrontación se produjo en los pozos de Badr, un oasis situado al suroeste de Medina. Las fuerzas coraichíes eran más del triple de las de la umma. Pero el genio militar de Mahoma y la disciplina y organización que había logrado en Medina, le dieron la victoria. Ésta, desde luego, como hacen todos los pueblos, fue interpretada como un signo de que Alá estaba del lado de ellos. Los combatientes de la umma sintieron que los ángeles los habían ayudado porque ellos eran los portadores de la verdad y su causa era guiada por la Voluntad Divina.
Un año después, en el año tres de la Hégira, los coraichíes buscaron la revancha. Reunieron esta vez un ejército de tres mil hombres. Mahoma logró reunir setecientos y con ellos salió a enfrentar al enemigo. Con su buen sentido táctico militar escogió el monte Uhud como el sitio donde enfrentaría a los agresores, pues le daba buenas ventajas defensivas. La batalla inició con excelentes resultados para Mahoma y la umma. Los arqueros que el Profeta había ubicado en la retaguardia con la orden de no abandonar su posición por ningún motivo, al ver que los coraichíes estaban siendo derrotados, desatendiendo las órdenes de su comandante, abandonaron sus posiciones para ir a recoger el botín que los atacantes estaban dejando abandonado. El comandante mequí aprovechó la oportunidad y ordenó atacar por la retaguardia. Mahoma fue herido y corrió el rumor de que había muerto. El ejército de la umma quedó totalmente desarticulado y el Profeta no tuvo más remedio que ordenar la retirada.
Mahoma aprovechó esta amarga experiencia como un instrumento pedagógico: señaló cuál es el costo de la desobediencia, la impaciencia y la codicia. Predicó a favor de la humildad y de aceptar la derrota; de tomar conciencia de la importancia de guardar y mostrar la fe tanto en la victoria, en el triunfo, como en el fracaso, en la adversidad. Esto incrementó su prestigio y, en lugar de verse debilitado ante la umma, salió bastante fortalecido como líder militar, religioso y político.
En el año 5 de la Hégira, los coraichíes y otras tribus aliadas, decididos a terminar con Mahoma y Medina, armaron un poderoso ejército de diez mil hombres y se dirigieron a la ciudad que ellos conocían como Yatrib. Mahoma logró reunir una fuerza de tres mil hombres para defender la ciudad. Pero lo más importante, diseñó un plan de defensa tan novedoso para el mundo árabe como eficaz, acogiendo el consejo de un persa llamado Salman al-Farisi: cavar un foso, una trinchera profunda frente a las partes vulnerables de la ciudad. Así, en las partes que la ciudad presentaba dificultades naturales para los atacantes ubicó sólo parte de sus fuerzas, concentrando la mayoría de ellas en los sitios donde no pudo cavar trincheras. Esta combinación resultó exitosa. Después de algunas escaramuzas e intentos fallidos de penetrar en la ciudad, después de agotar los suministros y de enfrentar los rigores del mal clima, los atacantes no tuvieron otra opción que la de volver a La Meca derrotados.
Por la nueva forma de defensa que ya se utilizaba en Persia, esta batalla se denominó la Batalla del Foso (al-Jandak). Es memorable para los musulmanes porque ella tuvo resultados muy valiosos. En primer lugar, La Meca perdió todo impulso para cualquier otra iniciativa bélica; se sintió totalmente derrotada y sin ninguna posibilidad de vencer en el futuro al Profeta. En segundo lugar, Medina se sintió otra vez vencedora; y vencedora porque estaban al mando del Profeta de Alá, siguiendo sus enseñanzas y sus órdenes. En efecto, religiosamente interpretan este triunfo como una prueba superada por la estrategia, la disciplina y la perseverancia que les enseñó Mahoma. El islam dejó entonces de ser una religión perseguida y se convirtió en una con poder bélico que la hacía resistente a los ataques de sus enemigos.
En el año 8 de la Hégira, Mahoma se lanzó a la conquista de La Meca (Fath Makkah). En el 628 d. C., los musulmanes y los mequíes habían firmado el Tratado de Hudaybiyyah que suponía una tregua entre las dos fuerzas. Poco después de la firma, una tribu aliada de La Meca rompió la tregua al atacar una tribu aliada de los musulmanes. Mahoma, esta vez, logró constituir un ejército de diez mil hombres y marchó hacia La Meca. Sus habitantes fueron presa del pánico. Sólo unos pocos clanes ofrecieron resistencia en pequeñas escaramuzas que fueron controladas por las fuerzas musulmanas sin necesidad de mucha violencia. Mahoma ordenó que pequeños grupos de avanzada entraran a la ciudad por varios accesos para evitar grandes confrontaciones. La Meca se rindió después de una lánguida resistencia.
Mahoma entró en la ciudad con la cabeza inclinada en señal de humildad ante el triunfo y de gratitud a Alá por habérselo concedido. La tradición cuenta que su inclinación era tal que su barbilla casi tocaba la silla de su montura. Prohibió cualquier tipo de represalia y ordenó que todo aquel que se rindiera o se refugiara en su casa fuera perdonado.
En las aleyas 189 a 194 de la sura 2, el Corán dice: “¡Entrad en las casas por sus puertas y temed disgustar a Alá! Quizás así tengáis éxito. (189) Y combatid en la senda de Alá contra aquellos que os combatan, pero no seáis agresores. Ciertamente, Alá no ama a los agresores. (190) Matadles donde quiera que os encontréis con ellos y expulsadles de donde ellos os expulsaron. La idolatría es peor que matar. Y no combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada mientras ellos no os combatan allí. Pero si os combaten ¡combatidles! Esa es la recompensa de los idólatras. (191) Pero si cesan, sepan que, ciertamente, Alá es perdonador, es el Misericordiosísimo. (192) Combatid contra ellos hasta que no quede idolatría y la creencia sea sólo en Alá. Y si cesan su ataque que no haya más hostilidades que contra los tiranos. (193) El mes sagrado por el mes sagrado. A las cosas sagradas también se les aplica la ley del Talión. Y a quien os ataque, atacadle en la misma medida en que él os atacó. Y temed disgustar a Alá y sabed que Alá está con quienes temen disgustarle (194)”.
La actitud de Mahoma produjo en sus enemigos vencidos una actitud de respeto y gratitud. Muchos de ellos se convirtieron de forma inmediata al islam. Entre los conversos se encontraban jefes de clanes importantes.
Después de su especialmente modesta entrada triunfal a La Meca, Mahoma se dirigió a la Kaaba. Entró en ella y ordenó que todos los dioses de las tribus vencidas que en ella se albergaban fueran derribados y destrozados. Es pertinente resaltar y volver a leer la siguiente parte de la aleya 191: “La idolatría es peor que matar”. Y ciertamente conviene también volver a leer la siguiente de la aleya 193: “Combatid contra ellos hasta que no quede idolatría y la creencia sea sólo en Alá”.
Una vez el último dios fue abatido y destrozado, Mahoma declaró que la Kaaba era la casa de Alá (Bayt Allah) y únicamente de Alá. En la aleya 26 de la sura 22 se dice: “Purifica Mi Casa para quienes dan vueltas en torno a ella, para quienes permanecen en pie, se inclinan y se postran”.
Se dice en la aleya 81 de la sura 17 que Mahoma proclamó finalmente: “Ha llegado la verdad y la falsedad ha desaparecido; la falsedad está destinada a desaparecer”.