
Se mezclaron el hambre con las ganas de comer, el departamento de Córdoba quedó inundado y el Gobierno nacional con el agua al cuello.
Por esas cosas de la vida en mis cortos pero sustanciosos setenta y cinco años me tocaron tres grandes tragedias causadas por fenómenos de la naturaleza. En Armero en 1985, en Armenia y el Eje Cafetero en 1999, y en todo el país, pero especialmente en el sur de Atlántico, en Bolívar y en Gramalote en 2010 y 2011.
Aunque la situación es dramática para más de doscientas cincuenta mil personas, y la mayoría de los municipios del departamento; la situación de Córdoba no se puede comparar con ninguna de las tres emergencias a que me refiero en el párrafo anterior.
En 1986, el presidente Betancur, apenas se recuperaba del golpe que había significado el acto terrorista y sicarial del M 19 en el Palacio de Justicia cuando se presentó la erupción y el deslave del volcán nevado de El Ruiz que arrasó Armero. Betancur no intentó culpar a nadie, ni aprovechó la coyuntura para cazar peleas inútiles. Reunió el Consejo de ministros y después de escuchar los informes de quienes estábamos a cargo de los diferentes elementos de respuesta, por parte de un gobierno que no estaba para nada preparado para atender una crisis de esa magnitud, tomó medidas, dio instrucciones y asignó responsabilidades, entre ellas la de gerenciar el proceso a Pedro Gómez Barrero a quien nombró gerente de la reconstrucción.
En 1999, tres días después del terremoto que asoló a Armenia y a buena parte del eje cafetero, pero sobre todo a varios municipios del departamento de Quindío y mientras la flamante candidata presidencial Vicky Dávila azuzaba a la población a saquear los supermercados, el presidente Andrés Pastrana reunió el Consejo de ministros en la sede de la Car del Quindío, la CRQ. Asistieron dos invitados especiales, Luis Carlos Villegas y Manuel Santiago Mejía. No hubo discursos, ni diatribas, nadie le echó la culpa de nada a nadie. Los que estábamos en Armenia desde el día del terremoto informamos sobre los asuntos de nuestra incumbencia. Después de varias intervenciones, el presidente tomó decisiones y asignó tareas. Encargó al director del DNP, Jaime Ruiz, de coordinar un equipo para que se diseñara una organización que dirigiría la reconstrucción, y le pidió a los miembros del equipo económico que estudiaran la forma de asegurar la financiación de la operación inicial de apoyo a la población damnificada así como la de la organización encargada de la reconstrucción. Y le pidió a Luis Carlos Villegas que asumiera la gerencia de toda la operación. De lo decidido en ese Consejo de ministros surgieron luego, el FOREC y el impuesto a las transferencias, en ese momento de 2 por mil. La literatura sobre manejo de desastres naturales incluye el FOREC como uno de los casos más exitosos del mundo.
Entre 2010 y 2011, Colombia sufrió una emergencia invernal que azotó a la mayoría de los departamentos del país. La rotura del Canal del Dique causó inundaciones de terrible impacto en los departamentos de Bolivar y sobre todo en el sur de Atlántico en donde pueblos enteros quedaron sumergidos. La región de La Mojana quedó totalmente inundada. En Norte de Santender, la tierra se tragó el casco urbano de Gramalote. A lo largo y ancho del país hubo millones de personas afectadas, miles de viviendas destruidas. El presidente Juan Manuel Santos desde el Consejo de Ministros, sin discursos, sin ataques personales, enfrentó la tragedia, decretó la emergencia económica, social y ecológica y creó la subcuenta Colombia Humanitaria del Fondo Nacional de Calamidades, designó una Junta Directiva de alto nivel y definió el establecimiento de un Fondo para la reconstrucción que luego se llamaría del Fondo de Adaptación al Cambio Climático, hoy conocido como el Fondo de Adaptación. A finales de 2010, el gobierno de Santos atendía a los damnificados desde Colombia Humanitaria y en la Junta Directiva del Fondo de Calamidades se planeaba un ambicioso programa de reconstrucción. Fue una respuesta desde lo público, con muy importante participación de las autoridades territoriales, alcaldes y gobernadores.
El 5 de febrero, el gobernador de Córdoba Erasmo Zuleta declaró la calamidad pública, reconociendo que las inundaciones habían superado la capacidad de acción de su departamento. El fin de semana siguiente se conocieron fotografías del presidente de la república caminando de mano cogida con una persona de identidad desconocida. Durante el fin de semana muchas personas criticaron la ausencia del presidente a quien se acusaba de haberse ido de vacaciones mientras se desarrollaba la tragedia. Finalmente, el lunes 9 de febrero pasadas las diez de la noche Petro llegó al centro de convenciones de Montería en donde lo esperaba el gabinete en pleno para celebrar un Consejo de ministros. Para muchos eso ha debido suceder el viernes 6, pero no importa, el presidente reunió a su gobierno para atender la emergencia. Pero así que uno diga que resolvió algo, que destinó recursos, que encargó a alguien, que dio alguna instrucción, nanay cucas. Como de costumbre discurso ventiao. Regaños a miembros de su equipo. Un novelesca teoría de conspiración según la cual tuvo que volar durante cuatro horas mar adentro para aterrizar en Gorgona, porque lo querían matar, (¿cuántas veces han tratado de matar al señor presidente?) y el anuncio de una muy cuestionada y cuestionable llamada a calificar servicios de un general de la policía, acusado en un anónimo de haber intentado introducir estupefacientes en el carro del presidente para dañar la reunión con Trump. Otra novelesca teoría, que inexplicablemente un periodista que se supone serio, como Daniel Samper Pizano recoge sin sonrojarse; según la cual la causa de las inundaciones es el mal manejo de las hidroeléctricas Urra e Hidroituango a quienes acusó de dejar llenar más allá de los limites los embalses, por codicia. Se le olvida Petro que Hidroituango nada tiene que ver con las cuencas de los ríos Sinú y San Jorge y que si hubo codicia en Urra la responsabilidad está en su gobierno que controla más del 99% de las acciones y cinco de siete puestos en la junta directiva de la hidroeléctrica. Sin querer queriendo Petro responsabiliza al gobierno de Petro de inundar a Córdoba por codicia, y las barras aplauden, joder.
Claro que aprovechó que la emergencia genera audiencia y se echó la despachadita de costumbre, esta vez contra la fiscal a quien no le perdona que habiéndola ternado y apoyado con su maquinaria en el senado, la señora fiscal se haya atrevido a permitir que se anuncie que citarán a audiencia de imputación, a la falsificadora que, según Cambio.com, controla hoy en día el computador de palacio y supuestamente estuvo “pendiente” de más de cien mil contratos de prestación de servicios firmados en la última semana de enero, alias Juliana quemalaeres. Tampoco le perdona que por otro lado hayan citado a su fiel escudero, compinche y posiblemente cómplice, Ricardo Roa de dos delitos, uno violación de topes de gastos en la campaña Petro presidente 2022, que haría nula (no que a alguien le importe en las barras) la elección de Gustavo Petro y por otro lado de tráfico de influencias relacionado con la compra de un lujoso apartamento a precio de ganga. Y así se fue el Consejo. Los cordobeses con el agua al cuello y ni una sola decisión o instrucción. La foto de los alcaldes sentados en le piso esperando soluciones lo dice todo.

Lo único relacionado con el desastre es que Petro resolvió exigirle a la Corte Constitucional que levante la suspensión de la emergencia económica decretada en diciembre, porque las lluvias de enero son suficiente razón para decretarla, extraña teoría.
La gran verdad que surge de la respuesta de Petro es que la plata que hay se la va a gastar en asegurar la elección de sus listas a congreso y de su sucesor y que la emergencia de Córdoba le permite volver a intentar conseguir la plata que había pedido en diciembre para cuadrar caja, o sea que esa plata tampoco será para la emergencia.
Seamos serios:
La tragedia de la inundación de Córdoba es sobre todo la causa de un desastre natural que ha hecho muchos daños en todo el Caribe, pero que se ensañó con Córdoba, puro y mero cambio climático.
La respuesta del gobierno de Petro es tardía e incoherente. La primera fase de una emergencia de esta naturaleza que es la atención a los damnificados se atiende con la caja de la UNGRD, ah pero verdad que esa ya se la robaron, la segunda fase es la rehabilitación, que es vaciar los cuerpos de agua que se formaron con la inundación, un parte de eso lo debe hacer la UNGRD que no tiene con qué por sabidas razones y parte de eso lo hace la naturaleza misma cuando baja el caudal en el sistema hídrico y se le puede ayudar regulando la aguas desde los diferentes embalses, no necesariamente dinamitando las presas como pretende el presidente; y la tercera fase que es la recuperación y la reconstrucción lo debe hacer el Fondo de Adaptación si no fuera porque hoy en día el Fondo es para la adaptación de funcionarias que salen de palacio por la puerta de atrás siguiendo las instrucciones de Juliana que mala eres.
La expedición de un nuevo decreto de declaración de emergencia económica no es más que otra descarada columna de humo para tapar la ineptitud y la corrupción.
Pero a ni a Petro, ni a sus candidatos y candidatas al congreso, ni a su ungido sucesor, ni a sus barras, ni a sus bodegas ni al 40% de lso encuestados recientementeles importa un bledo . Cuentan con la estupidez del Consejo de Estado y de la oposición para potenciar su campaña.
Me late, como dicen los mexicanos, que los que estamos con el agua al cuello somos los colombianos.
Juan M Urrutia, febrero 15