
Qué es el Islam
(Segunda parte: la Hégira)
Desde la primera experiencia con el arcángel Gabriel se preveía el carácter de profeta que Alá le asigna a Mahoma. Profeta en un doble sentido: en el de Rasul o mensajero de Alá y en el de Nabi o guía para el sometimiento a la nueva ley. Este carácter va siendo cada vez más claro y bien determinado en las muchas revelaciones que entre 610 y 632 se sucedieron. En la sura 33, aleya 40, se dice que “Mahoma no es el padre de ninguno de vuestros hombres, sino el Mensajero de Alá y el sello de los profetas. Y Alá tiene conocimiento de todas las cosas”.
Los profetas que se mencionan en el Corán son 25, entre quienes están Noé, Abraham (razón por la que se dice que el Islam es una religión abrahámica), Ismael, el rey David, el rey Salomón, Juan el Bautista y Jesús. Para el Islam, Mahoma es el último de los profetas y el Corán constituye la revelación final y plenamente verdadera de la voluntad de Alá. En este sentido, se considera que Mahoma no trae una religión enteramente nueva, sino la revelación final y definitiva del monoteísmo de los profetas que lo precedieron.
La primera creyente en el mensaje transmitido por Mahoma fue Jadisha, su primera esposa. Después fue Alí ibn Abi Talib, el primer creyente adolescente; era un primo de Mahoma que vivía en su casa y que, posteriormente, se casó con Fátima, una de las hijas de Mahoma y Jadisha. Después tenemos a Abú Bakr as-Siddiq, el primer creyente adulto que, después de la muerte de Mahoma, sería el primer califa. Era un amigo del Profeta y padre de Aisha, la tercera de las once esposas que tuvo Mahoma (y no la última, como dije en la entrega anterior). Después les siguió Zayd ibn Haritha que fue hijo adoptivo de Mahoma. A este grupo familiar se le unieron otros pocos creyentes; la mayoría de ellos eran personas socialmente vulnerables y sólo unos pocos eran comerciantes influyentes. Pero todos ellos se convirtieron en blanco de críticas y burlas y fueron rechazados en La Meca.
Algunos de estos primeros musulmanes, que mayoritariamente fueron los de condición social vulnerable, fueron torturados. La situación se tornó bastante difícil para los seguidores del Profeta. El rechazo fue cada vez más recio. Pronto recibieron amenazas de muerte.
Es importante anotar que las revelaciones recibidas por Mahoma eran contrarias al politeísmo imperante en La Meca y, sobre todo, eran también contrarias a los intereses económicos de sus habitantes.
En el año 622, por la fama que tenía de ser una persona en la que se puede confiar y, muy importante, con una gran capacidad para negociar, Mahoma recibió una invitación de habitantes de Yatrib para que se trasladara a esa ciudad. Lo querían como mediador entre dos tribus rivales que se encontraban en fuertes conflictos, con la esperanza de que él lograra la paz. Él aceptó la invitación y migró a esa ciudad que había sido construida en medio de un oasis.
Esta invitación le llegó a Mahoma en uno de los momentos más difíciles de su vida. Su esposa Jadisha y su tío y protector, Abú Talib, habían muerto en un corto periodo; había perdido, pues, a quienes habían sido un apoyo tan importante para él. La tradición islámica cuenta que, ante esta triste situación, una noche, Alá lo lleva de La Meca a Jerusalén para que ore, entre otros, al lado de Adán, Abraham, Moisés y Jesús. Este viaje se conoce como el Isrá y es mencionado en la sura 17, aleya 1: “Gloria a Aquel que hizo viajar a su Siervo desde la Mezquita Sagrada hasta la Mezquita Lejana, cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarles algunos de Nuestros signos. Él es, en verdad, el Omnioyente, el Omnividente”. Una vez en Jerusalén, acontece lo que se conoce como el Mi´ráy o subida de Mahoma al cielo para su encuentro con los demás profetas. Éste se describe, en forma no tan clara como el Isrá, en la sura 53, aleyas 13 a 18: “Y ciertamente lo vio en otra ocasión, junto al loto del límite… cuando lo cubrió lo que lo cubría. No desvió la mirada ni transgredió. Vio algunos de los signos más grandes de su Señor”. Este episodio, apenas sugerido en el Corán, se ve descrito con mayor amplitud en los Hadices, que es el compendio de relatos que sus seguidores hicieron acerca de lo que el Profeta dijo, hizo, aprobó o desaprobó. (Aisha, su tercera esposa e hija de Abú Bakr, fue una de los principales relatores de los Hadices). En algunos de ellos se narra cómo Mahoma subió a los siete cielos acompañado por el arcángel Gabriel, después de que su pecho fue purificado. En cada cielo se encontró con profetas diferentes: Adán en el primer cielo, Jesús (´Isa) y Juan el Bautista (Yahya) en el segundo cielo, y José (Yusuf), Enoc (Idris), Aarón (Harun), Moisés (Musa) y Abraham (Ibrahim) en los cinco restantes. Cada uno de ellos saluda al Sello de los Profetas y reconoce su misión. Después de esto, Mahoma regresa a la Tierra con el mandato inicial de instituir cincuenta oraciones diarias. Después de una larga negociación, Mahoma logra fijar en cinco las oraciones diarias obligatorias que tendrán el valor espiritual de cincuenta. Esa misma noche, Alá regresa a Mahoma a La Meca.
La persecución contra él y sus seguidores por parte de su propia tribu de los coraichíes era cada vez más intensa y agresiva; el Profeta era buscado para ser eliminado. Entonces, una noche, sigilosamente, subrepticiamente, abandona La Meca. Tan pronto la cúpula de la tribu se entera, lo persiguen por el desierto. Mahoma y Abú Bakr se esconden en la cueva Thawr. Tan pronto entran en ella, una araña teje una gran tela. Al llegar a la entrada, algunos de los perseguidores consideran que no es necesario registrar esa cueva, pues, según es evidente, nadie ha entrado en ella desde hace mucho tiempo. Alá los protege en su interior durante tres días y tres noches. En la sura 9, aleya 40, se dice: “Si no lo auxiliáis, Alá ya lo auxilió cuando los incrédulos lo expulsaron, siendo uno de dos, cuando ambos estaban en la cueva. Cuando dijo a su compañero: ´No estés triste, Alá está con nosotros´. Entonces Alá hizo descender Su sosiego sobre él, lo apoyó con tropas invisibles y rebajó la palabra de los incrédulos; y la palabra de Alá es la más alta. Alá es Poderoso, Sabio”.
Cuando el peligro pasó, siguieron su camino hacia Yatrib. Allí los mensajes del Profeta habían sido ya bien recibidos y sus pobladores lo esperaban con ansia. En especial los hanïfes, que eran grupos árabes no afiliados a los monoteístas que habitaban en Yatrib, a saber: los zoroastritas (seguidores de Zaratustra o Zoroastro), los judíos, los cristianos. No se unían a ellos pero sí rechazaban el politeísmo árabe. Decían que eran millat Ibrähïm o seguidores de la religión de Abraham.
¿Y cuáles eran los mensajes del Profeta? Analicemos estos mensajes que fueron bien recibidos en Yatrib y pongámoslos en relación con la tradición que Mahoma debió conocer. El primero fue la idea de que hay un sólo Dios verdadero creador de todo lo visible y lo invisible. Según la tradición, esta idea venía desde el año 3.200 a.C. con Adán, repetido en el año 2.500 a. C. por Noé, y declarado de manera explícita y categórica en el año 2.000 a. C. cuando Abraham salió de la ciudad de Ur de los caldeos hacia Canaán. Y, de manera independiente de la tradición judeocristiana, desde el año 1.500 con Zoroastro que enseñó que existía un solo dios, Ahura Mazda, el Dios de la verdad, el bien y la sabiduría, fuente del orden moral del universo.
Se puede anotar al margen que, según la tradición bíblica, el monoteísmo se construye en la humanidad de manera más o menos simultánea con la escritura.
Nuevamente, según la tradición bíblica, este mensaje reaparece alrededor del año 1.300 a. C. en las leyes de Moisés. Se consagra en el siglo IV d. C. en el Credo niceno cristiano (del concilio de Nicea realizado en 325 d. C.) que todavía se reza hoy en la Misa.
El segundo mensaje fue la idea de que todos los seres humanos son iguales. Ella está ya en la tradición judía cuando se dice que todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27) y en la cristiana cuando se dice que todos somos hermanos en Cristo (Mateo 23:8, por ejemplo).
El tercero, la idea de que entre los seres humanos debe haber justicia, está ya en la tradición judía cuando se dice “Justicia, buscarás justicia” (Deuteronomio 16:20) y en la tradición cristiana cuando se dice “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Algo similar sucede con los mensajes de que entre los seres humanos debe haber misericordia, compasión y caridad.
El otro mensaje recibido por los habitantes de Yatrib que tiene especial importancia para el Islam, es el de que habrá el juicio del día final, en el que todos los seres humanos serán juzgados por sus actos con la misma ley para todos. En la tradición judía, la referencia a este juicio figura en diversas partes. En el Tanaj, en el libro de Daniel 12:2, por ejemplo. De manera muy explícita figura en la tradición cristiana en varios sitios del Nuevo Testamento; en Mateo 25:31-46, por ejemplo.
Por estos mensajes, su fama de al-Amin, de honesto y leal, de buen negociador y de buen componedor en los conflictos, Mahoma fue recibido en Yatrib con el Tala´a I-badru´alaynä que es un canto árabe tradicional de bienvenida, en el que se expresa alegría y gratitud; en este caso, alegría por la llegada de Mahoma y gratitud por que él haya aceptado la invitación.
Cuando Mahoma entró en la ciudad, fueron muchos los que querían alojarlo. Él determinó que se alojaría ahí donde su camella libremente se detuviera. Ese lugar fue frente a la casa de Abú Ayyub al-Ansari.
Por su decisión de migrar a Yatrib y por todas las obras realizadas por Mahoma en ella (que serán objeto de la próxima entrega), la ciudad cambió su nombre. Pasó de llamarse Yatrib a llamarse Madïnat an-Nabï que significa la ciudad del Profeta. En español la conocemos como Medina.