
No sé si a alguien se le ocurra decir que no está de acuerdo con que un buen gobernante debe ser confiable, honesto y debe saber rodearse. Para ser elegible un candidato debería tener los mismos atributos, a eso le digo el carácter del candidato.
Mi recuerdo de los presidentes de Colombia tal vez desde Carlos Lleras y sus “amigos y amigas” es que, desde esos años del Frente Nacional hasta nuestros días, con la excepción de Ernesto Samper, Colombia ha sido gobernada por gente de “buen talante”. A uno le pueden gustar, mirando con el retrovisor, sus gestiones y sus políticas, si se quiere, pero todos con sus lunares, fueron gentes de buen talante.
Bueno, hasta que llegó Gustavo Petro.
En esta página y en muchas otras nos hemos derramado en palabras para criticar la gestión, o la falta de ella, por parte del presidente Petro. Sin embargo, hay un asunto, que no es de poca monta, que las colombianas y los colombianos, como les gusta decir a los petristas, resolvimos, me incluyo, pasar por alto. Es el talante de Gustavo Petro, su carácter.
Dicen muchos compañeros de los tiempos del M 19 que Petro ha mentido descaradamente sobre su papel en el movimiento terrorista. Dicen también que era una mala persona y que gozaba maltratando a los secuestrados que ponían bajo su cuidado. Unos son chismes, otros menos. De todo eso, lo que ha quedado demostrado es que Petro miente, es adicto a la mentira. Y de los demás chismes, le queda a uno la impresión de que Petro es una mala persona, vengativo, pendenciero, amante de la violencia, pero demasiado cobarde para ejercerla en mano propia, le gusta promoverla, exaltar al violento, convocar a la violencia.
Esas características de la personalidad o del desorden de personalidad en el caso de Gustavo Petro las conocimos los bogotanos cuando fue alcalde de la ciudad. Mentiroso, fue, promesero también. Se había visto que a su alrededor se movían bolsas llenas de dinero. Se sabía de sus desapariciones, de sus devaneos, de sus hábitos de consumo. Se sabía del maltrato a sus subalternos, de su total desapego al orden jurídico. Todo eso se sabía y sin embargo, logró convencer a más de once millones de colombianos, muchos de ellos con la capacidad de juicio y el conocimiento de esos rasgos de carácter, como para haberse opuesto a su candidatura. Si hay algo me impresiona son los vericuetos a que acuden los “arrepentidos” para explicar el “yo voté por Petro, pero es que…”. No, Ustedes todos los arrepentidos, y nosotros los que votamos en blanco porque el otro no nos gustaba, permitimos juntos que se nos metiera a la Casa de Nariño, todo lo que sabíamos o deberíamos haber sabido sobre el carácter de Gustavo Petro. Se metieron sus desapariciones, sus devaneos y sus hábitos de consumo que lo han hecho rehén de los corruptos. Se metieron su desprecio por sus colaboradores, no en vano ha batido todas las marcas de rotación de ministros. En una palabra, los colombianos y las colombianas sabíamos, o hemos debido saber, que Gustavo Petro sería el desastre que ha sido para Colombia, populista, inepto, corrupto, pendenciero y mentiroso.
Eso ya nos pasó. Sea como fuere y venga lo que ha de venir, de aquí al 7 de agosto de 2026 la situación cumplirá una de las inexorables leyes de Murphy que dice: “no hay situación por mala que esté que no sea susceptible de empeorar”. Pero también, es posible y deseable que después del 7 de agosto de 2026 las cosas empiecen a mejorar.
¿Cuál es la fórmula?
Una de las frases más famosas de la política estadounidense es la de Cadwell que se volvió el mantra de la campaña de Bill Clinton en 1992. “es la economía, estúpido”. Parafraseando me atrevo a decir, en este caso que en la Colombia de 2026 la frase debe ser: “es el carácter wey”. Vamos a elegir a un candidato cuyo pasado nos confirma el dicho popular, “al ver el desayuno se sabe cómo será el almuerzo”; y corremos un alto riesgo de escoger un candidato cuyo pasado sea un “mal desayuno”, y eso será lo que nos toque para el almuerzo y para las onces y para la cena.
Claro, vendrán los puristas a decirme, no, lo importante es el “programa del candidato”. Disiento, esta vez el que debemos elegir es el que nos garantice que va a hacer las cosas bien, porque las ha hecho bien.
Empecemos por el peor. La elección de Cepeda, el candidato del continuismo, nos asegura es que, lo que hemos padecido desde 2022, es apenas el desayuno. Adempas tiene su prontuario. Fue colaborador de las FARC en los momentos en que ya habían hecho la transición de ser un “romántico” movimiento insurgente a un cartel narcoterrorista. Promovió y apoyó la “liberación” de dos reconocidos narcoterroristas. Ha sido defensor de Chavez y Maduro y aún hoy en día defiende la narcodictadura. No ha dudado en apoyar a Hamás pero no ha dicho una palabra sobre el asesinato de miles de iraníes. Bajo el pomposo nombre de la Paz Total ha promovido hasta el cansancio los pactos con las bandas delincuenciales que azotan al 60% del territorio nacional.
Desgraciadamente, el “otro”, por el que están invitando a votar a los colombianos no es mejor. Tiene en su pasado episodios que no ha logrado explicar y señalamientos que rechaza con risotadas y amenazas de demandas que no prosperan. Desde su campaña atacan sin piedad y sin argumentos a quien a cuestionar ese turbio pasado se atreva. Sus seguidores están dispuestos a enterrar ese pasado. ¿les suena querido lector, querida lectora? Acaso ¿no era ese le argumento que esgrimían los verdaderos tibios, esos que votaron por Petro convencidos que se había reformado, que no era el mismo que casi acaba con la capital, para arrepentirse a las primeras de cambio y salir con el “yo sí voté por Petro, pero es que…”. Votar por Abelardo de la Espriella no es votar por el Milley colombiano ni por el Bukele colombiano, que todos añoran. Votar por “el tigre” es votar por quien no ha podido, o no ha querido, explicar su pasado.
Así se defiende el Tigre :
Entre esos dos extremos, inelegibles por su carácter, hay opciones. En la Gran Coalición hay candidatos que pueden explicar su pasado, así ese pasado no sea del gusto de muchos. De ellos Paloma Valencia representa lo mejor de una derecha moderada y Juan Carlos Pinzón representa lo mejor de una posición de centro derecha. Si uno cree, como muchos, que para derrotar a la izquierda hay que ubicarse a la derecha, ahí está la opción.
Y claro está Sergio Fajardo, de todos, el candidato que no necesita explicar ni su pasado ni su carácter, porque lo que lo hace atractivo, lo que lo hace viable, lo que nos llena de esperanza es justamente eso, lo que ha sido y lo que es, no un discurso populista y demagógico que pretende esconder un lobo bajo una piel de oveja.
Si, definitivamente “es el carácter menso”.
Juan Manuel Urrutia, enero de 2026