
Me ensañaron en el colegio, y es parte fundamental de la «cutura francesa», que para opinar hay que conocer. Continuo publicando la serie «La defensa de Occidente» porque considero importante dar a conocer uno de los elementos constitutivos de la corriente de pensamiento que se he ido consolidando en lo que podría llamarse la «nueva derecha» y que alimenta lo que ese movimeinto ha llamado «la batalla cultural». El lector y la lectora de La Cucharada harán su propio análisis.
Juan Manuel Urrutia, enero de 2026.
¿Qué es el Islam?
Primera parte: La Revelación
He dicho que Occidente viene siendo atacado por diversas fuerzas y que tomaré en cuenta a dos de ellas: el Islam y el pensamiento de izquierdas. Hoy comienzo a responder, espero que lo mejor posible, a la pregunta ¿qué es el Islam? para conocer en qué consiste esa fuerza que he señalado.
Mohamed, o Mahoma como se le conoce en español, es el fundador del Islam, una religión monoteísta que es una de las tres religiones abrahamicas al lado del judaísmo y el cristianismo. Mahoma nació en el año 570 después de Cristo en La Meca, una ciudad situada en lo que hoy es Arabia Saudita.
La Meca era en el siglo VI un cruce de caminos para las caravanas de comerciantes árabes que venían de sus cuatro puntos cardinales. Los del oeste venían del Mar Rojo; los del este venían de lo que en esa época era Persia (y hoy son Irak e Irán); los del norte venían de lo que los romanos habían denominado Siria-Palestina (y hoy es Siria); y los del sur venían de donde se encuentra el sur de la Península Arábiga (y hoy es Yemen y parte de Omán y Arabia Saudita).
Pero no menos importante para lo que nos ocupa, es que en La Meca se encontraba la Kaaba, una construcción de forma cúbica que albergaba los dioses que cada una de las diversas tribus árabes veneraban y que sumaban alrededor de 360. La Kaaba era pues un sitio sagrado compartido por todas las tribus árabes donde podían ir a venerar a sus dioses que convivían armónicamente con los dioses de las demás tribus. Puesto que para cada una de las tribus era un lugar sagrado (haram en árabe), todas ellas lo respetaban: lo aceptaban como un santuario inviolable donde nunca debía correr la sangre; en el que ni siquiera podía haber confrontaciones. Las tribus que se estaban enfrentando en alguna guerra tenían la obligación de entrar en tregua en las épocas en que iban a la Kaaba de peregrinación.
Estas épocas eran entonces para La Meca periodos de grandes ingresos tanto para los gobernantes de la ciudad como para comerciantes y los propietarios de negocios de toda índole. Se producía algo parecido a lo que sucede hoy con los restaurantes, hoteles y centros comerciales de una ciudad en la que se realiza una feria, un certamen cultural o uno deportivo.
Mahoma fue hijo póstumo de Abd Allah, que pertenecía al clan de los hachemí. Su padre, el abuelo de Mahoma, llamado Abd al-Muttalib, era el jefe de este clan que pertenecía a la tribu de los coraichíes (Quraysh en árabe). Como era costumbre árabe de la época, Mahoma fue criado por una nodriza beduina llamada Halima; sus primeros años los vivió, entonces, en el desierto, lo que, según se creía, lo hizo fuerte de salud y de carácter. Vivió muy poco tiempo con Amina, su madre; ella murió cuando Mahoma tenía apenas seis años. Después de la muerte de Amina, fue a vivir con su abuelo paterno, quien murió cuando Mahoma tenía ocho años. La custodia y formación del niño las asumió entonces Abu Talib, su tío paterno.
Él era un comerciante que viajaba en las caravanas que mencioné, pero no era exitoso: vivió siempre con grandes limitaciones económicas. A pesar de sus escasos recursos, Abu Talib gozaba de gran prestigio por ser el heredero del cargo de jefe del clan hachemí que desempeñaba funciones importantes en el manejo religioso de la Kaaba.
En su juventud Mahoma viajó en las caravanas con su tío y aprendió a negociar. Se distinguió por ser confiable y honesto en los negocios, razón por la que muchos comerciantes lo llamaban al-Amin que puede traducirse como “el digno de confianza”. Esta fama de al-Amin llamó la atención de Jadisha bint Juwalid, una mujer comerciante muy rica que había enviudado dos veces y que gozaba de autonomía e independencia. Empezó contratándolo para dirigir una de sus caravanas. Quedó impactada por su honestidad, lealtad y gran capacidad para negociar. Además pudo constatar que llevaba una vida sobria, reflexiva y de buena moral. Jadisha vio entonces en Mahoma, a pesar de su corta edad, una excelente oportunidad para un nuevo matrimonio. Ella tomó la iniciativa y el matrimonio se realizó en el año 595 cuando él tenía 25 años y ella alrededor de 40.
En Jadisha Mahoma no solo encontró apoyo psicológico (en especial, emocional) y social, sino el apoyo económico necesario para que pudiera dedicarle largos periodos a la meditación. Se retiraba al monte Hira (cerca de La Meca) a reflexionar sobre temas que le preocupaban profundamente: su insatisfacción con el politeísmo, su inconformidad con la desigualdad entre las personas y su indignación con la injusticia.
En el año 610, en uno de sus retiros en una cueva del monte Hira, Mahoma relata que tuvo su primera experiencia con Yibril (o Gabriel en español) refiriéndose al ángel Gabriel, que se menciona en el libro de Daniel (uno de los libros proféticos mayores del Antiguo Testamento) desde el siglo III a. C. En el siglo I d. C. es llamado el arcángel Gabriel por ser considerado como uno de los ángeles más importantes en la tradición judeo-cristiana. Yibril le ordena a Mahoma: ¡Iqra! Esta orden puede ser traducida como “¡Recita!” o “¡Lee!”. Mahoma responde que no sabe cómo hacerlo. (Como la gran mayoría de las personas en el siglo VII d. C., Mahoma no sabía leer ni escribir).
Esta experiencia conmocionó a Mahoma; fue para él sobrecogedora y perturbadora. Regresó a su casa sin poder reponerse de ese duro golpe. Jadisha lo acogió, lo tranquilizó, le hizo recobrar la confianza en él. Le dijo que su experiencia era muestra de que al-Ilah (o Alah, o Alá que es un término semítico antiguo y que se puede traducir como “el Dios”) había visto en él a alguien justo.
Esta experiencia se considera como la primera revelación porque se trata de un texto articulado y no de un sueño. El texto completo se transcribe en los versículos 1 a 5 de la sura 96 del Corán: “ (1) Recita (o lee) en el nombre de tu Señor que creó; (2) creó al ser humano de una adherencia. (3) Recita que tu Señor es el más generoso, (4)el que enseñó por medio del cálamo, (5) enseñó al ser humano lo que no sabía.” (El cálamo es un estilete de caña vegetal que se usaba para escribir con tinta sobre un pergamino, un papiro o sobre cuero).
Después de esta primera revelación siguieron otras muchas entre los años 610 y 632 d.C. que son el origen de las 114 suras (o capítulos) divididas en 6.236 aleyas (o versículos) que constituyen el Corán, el libro sagrado del Islam en que se fundamenta la fe de los musulmanes; es decir, de aquellos que hacen parte de la comunidad fundada por Mahoma que viven de manera sincera la sumisión (recordemos que Islam quiere decir sumisión), la entrega a Alá. Mahoma recitaba estas revelaciones a sus seguidores y ellos las memorizaban; algunos, después de memorizarlas, las escribían en papiros, pergaminos, tablillas o en omoplatos de camellos.
Después de la muerte de Mahoma, en 633 d.C., su suegro, Abu Bakr, fungiendo como primer califa (que significa sucesor o representante) del Islam, mandó a recolectar todos los escritos y memorizaciones que se encontraban en diversos sitios y en muchos de sus seguidores para constituir una primera recopilación del Corán. Abu Bakr fue el padre de Aisha la última esposa de Mahoma con quien se casó cuando ella tenía seis años de edad.
Gedeón Prieto enero de 2026