
La Lógica
Por Gedeón Prieto
He utilizado la expresión rimbombante “salir en defensa de Occidente”. Es necesario, entonces, decir, en primer lugar, qué se entiende por Occidente. Además de necesario, es urgente porque da la impresión de que una buena proporción de ciudadanos de Occidente no tiene una noción clara de este concepto y ello facilita que el pensamiento de izquierdas de muchos occidentales actúe como agente quinta columnista respecto de los diversos enemigos de Occidente.
El primer elemento que mencionaré como constitutivo de Occidente es la lógica formal de Aristóteles. Este filósofo griego mostró ya hace casi 2400 años cómo la validez de un razonamiento depende exclusivamente de su forma y no de su contenido semántico. Muchos recordarán que en el colegio o en los primeros años de universidad se decía: “si es verdad que todos los hombres son mortales, y es verdad que Sócrates es un hombre, entonces también es verdad que Sócrates es mortal.” Nadie duda de que este razonamiento (silogismo dicen los lógicos) es correcto. Pero lo realmente interesante es que el siguiente razonamiento también lo es: “si es verdad que todas las aves son de sangre caliente y es verdad que Piolín es un ave, entonces también es verdad que Piolín es de sangre caliente.” El interés reside en que este segundo razonamiento es correcto porque tiene la misma forma del primero. Es más: al decir que “si es verdad que todos los cornopios son asticéticos y es verdad que Kleo es cornopio, entonces también es verdad que Kleo es asticético.” Estando seguro de que este razonamiento es correcto así no se tenga la menor idea de qué es un cornopio ni que es asticético. En resumen: puesto que estos razonamientos comparten esa misma forma de razonamiento que es correcta, son razonamientos correctos, independientemente de su contenido semántico.
Desde luego, desde el año 350 antes de Cristo hasta hoy ha corrido mucha agua por el río. Por ejemplo, del trabajo de George Boole, Gottlob Frege y Bertrand Russel provino la lógica simbólica o lógica matemática que, en gran parte, es una expresión de la lógica aristotélica en símbolos matemáticos que permiten su axiomatización y la definición precisa y unívoca de sus símbolos. De los trabajos de Arthur Prior y Clarence Lewis surgió la Lógica Modal que es un desarrollo de la misma lógica aristotélica que se ocupa de proposiciones cuyo contenido es especial porque para poder ser clasificadas como “verdaderas” o como “falsas” es necesario analizar aquellas condiciones en que ellas son posibles y aquellas en que son necesarias. Nuevamente, a los trabajos de Clarence Lewis y, además, de Georg Henrik von Wright, se les debe la lógica deóntica que se puede entender como un desarrollo de la lógica aristotélica y de los conceptos éticos y jurídicos de Aristóteles que tiene como resultado una formalización idónea para tratar las obligaciones y libertades de los individuos en el contexto de múltiples análisis de los sistemas normativos contemporáneos.
Podría mencionar otras muchas lógicas pero eso nos aparta del tema. Baste decir que ni aquellas que se han mencionado ni las que se dejaron de lado, ponen en cuestión o invalidan la lógica aristotélica, como lo quieren hacer creer los quinta columnistas al servicio de los extremistas islámicos o cualquier otro enemigo de Occidente; por el contrario, estas lógicas mejoran, complementan y desarrollan la aristotélica.
Uno de los principios de la lógica aristotélica más atacado es el de la no contradicción.Aprovechando los desarrollos de la lógica matemática, este principio se puede expresar diciendo que para cualquiera que sea el significado de una proposición P (por ejemplo, “Piolín es un canario”), es imposible afirmar que es verdad que P y que es también verdadera su negación (siguiendo con el ejemplo, es imposible afirmar que “Piolín es un canario y Piolín no es un canario”). Se dice que este principio ha sido puesto en cuestión, ha sido invalidado, por la dialéctica marxista. Nada más descabellado. En primer lugar, si alguien conoce una cita textual de Marx en la que afirme semejante cosa, que por favor la comparta.
En segundo lugar, y más importante, la dialéctica marxista es una reformulación de la dialéctica de Hegel que dicho en términos sencillos se refiere al proceso de desarrollo del espíritu (Hegel usa la palabra “Geist” del alemán), entendiendo espíritu como la consciencia y la razón humanas dentro de su contexto cultural, social e histórico. El espíritu evoluciona como resultado de su interacción con las contradicciones dialécticas propias de la realidad. Pero digámoslo antes de que caigamos en malas interpretaciones: en el contexto de la filosofía hegeliana “contradicción” no tiene nada que ver con la proposición absurda “Piolín es y no es un canario”. Contradicción, en este contexto, se refiere a que en el mundo de lo real siempre encontramos fuerzas opuestas. Por ejemplo, la contradicción o tensión que existe entre los intereses individuales de cualquier persona y la necesidad de vivir en comunidad. El espíritu evoluciona cuando logra una síntesis entre estas fuerzas opuestas. En el caso del individuo vs. La colectividad, esta síntesis de fuerzas opuestas resulta en una convivencia armoniosa de un ciudadano con todos sus conciudadanos.
Suele decirse coloquialmente que, para enderezar las cosas, Marx puso de cabeza a Hegel. Con esta expresión se hace referencia a que, para Hegel el espíritu construye la realidad, pero para Marx las condiciones materiales de la realidad determinan o construyen el espíritu. Al poner de cabeza el idealismo hegeliano “equivocado” se llega al materialismo marxista “acertado”. (Dicho sea de paso, la psicología cognitiva actual, especialmente la Epistemología Genética de Piaget, está del lado de Hegel. En efecto, hoy en día hay claridad de que nada de la realidad puede afectar al pensamiento, a la cognición humana, si previamente no existe ya en ese pensamiento una teoría, un modelo, cuya estructura permita darle sentido, significado, a esas afectaciones materiales de nuestros sentidos.)
Entonces: la lógica aristotélica no ha sido invalidada; ni por la lógica matemática, ni por la lógica modal, ni por la lógica deóntica, ni por la dialéctica hegeliana, ni por la equivocada dialéctica marxista. Cuando pensamos bien hoy, lo hacemos utilizando las mismas formas del silogismo descritas y resaltadas por Aristóteles. Incluso Marx, cuando argumentaba en contra del idealismo hegeliano, razonaba de manera armónica con los silogismos aristotélicos. La lógica aristotélica es pues un tesoro invaluable de Occidente que debemos defender.
Si los quintacolumnistas occidentales logran relativizar la lógica aristotélica, logran decir “que no es la única”, que hay “otras lógicas”, les quedará fácil afirmar que un hombre es una mujer, o que la vida humana no comienza donde comienza, o que el petróleo y el carbón son peores que la cocaína, o que el capitalismo acabará con el Planeta, y tantos otros desvaríos que no resisten un análisis lógico coherente, realizado con la lógica que ponemos en ejercicio cuando pensamos, cuando razonamos de manera correcta: la lógica aristotélica.