
Hace una semana estábamos en el análisis de la encuesta de INVAMER sobre intención de voto para las presidenciales de 2026. Ya se ha decantado la ola de comentarios y análisis de los analistas (SIC).
Al final de la semana se abrió el partidor como decían los narradores cuándo empezaba una carrera de caballos en el hipódromo de Techo hace cincuenta años. Me explico, al cerrarse el plazo para inscribir las listas para las elecciones legislativas que tendrán lugar el 8 de marzo, en tres meses, también se cerró el plazo para inscribir las “consultas interpartidistas”. Dos precandidatos se convirtieron en candidatos al anunciar que no participarán en consultas y que irán a primera vuelta, son ellos Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo. De Iván Cepeda no tengo noticia pues no tengo claro si va a la consulta del “frente amplio” a cuyo lanzamiento con corrupto de nivel internacional a bordo, me refiero a Rodríguez Zapatero, asistió su jefa de debate, la senadora María José Pizarro. Se dice en esta país de legulellos que no puede participar en esa consulta.
Yo no pretendo explicaciones definitivas, sólo planteo las que creo pueden ser las opciones que tendremos que enfrentar los colombianos en las elecciones de 2026.
Seguramente mi lectura es una extremada simplificación. Decía mi tío Pacho Vargas “mijo no le meta filosofía a la huevonada”. Creo que mucha gente le mete demasiado cacumen a lo que es simple. Mi primera apreciación es bastante “mogolla”, si bien entiendo la pregunta es “si la elección fuera HOY, ¿Usted por quién votaría?” y al encuestado se le da una lista de opciones, los que dicen estar indecisos, el 11.3% fueron excluidos de la tabla de resultados. U sea, la encuesta es una foto instantánea, no una película. Y como los legisladores colombianos que nunca resuelven los temas esenciales, ni siquiera cuando la Corte Constitucional lo exige, resolvieron meterse con las encuestas, se ha perdido un poco el consecutivo y la comparación con encuestas anteriores es compleja. Para rematar, la foto sale borrosa porque gracias a la Ley de encuestas para desagregar resultados por género, región o grupos de edad, habría que hacer una muestra monumental para cumplir con la norma que determina que el margen de error no puede ser superior a 2.5%, en este caso fue 2.3%. Es de suponer que quien pagó la encuesta puede mirar las cifras desagregadas, pero no se pueden publicar.
Así las cosas, la foto muestra que el presidente Gustavo Petro mantiene un notorio nivel de aprobación muy superior al de sus antecesores inmediatos y que Iván Cepeda recoge el apoyo irrestricto del petrismo y supera a todos los candidatos en la intensión de voto. Ahí aparece la filosofía de la huevonada con toda clase de explicaciones. Yo soy simplista. Al petrismo le parece que su presidente es una berraco y que su candidato también.
En segundo lugar, aparece Abelardo de la Espriella. Sin adjetivos. El exitoso abogado/empresario costeño, con su discurso sectario y amenazante logra lo que la “oposición” tradicional, la más radical del centro democrático no ha logrado hasta ahora, posicionarse como la alternativa al desastre.
En tercer lugar están los indecisos 11.3%
Luego está Sergio Fajardo con 8.5%. Y está. Lo que sigue son precandidaturas llamadas al fracaso. Los protagonistas se ven ahora a gatas para tratar de inventar alianzas, consultas, y coaliciones con la esperanza de una resurrección por la que yo, si fuera apostador, no arriesgaría ni un quinto.
La foto de la encuesta muestra un país polarizado en el que los discursos que calan son los de los extremos. Ese es el mundo hoy, el de las redes sociales, las bodegas y los bots; y los “influencers pagos”. Un mundo donde un post en X o en Telegram o un video de TikTok con cualquier barrabasada tiene más impacto que una propuesta pausada y pensada.
El requesón
Hace días no usaba este simili que significa que este “análisis” es altamente especulativo y por ende puede estar totalmente equivocado.
La primera observación es que los resultados no incluyen a los “indecisos” que fueron el 11.3% y esa franja puede pesar, pero más que todo en la segunda vuelta.
Si uno se da a la tarea de agrupar a los candidatos por su alineación ideológica, los candidatos de la izquierda y el frente amplio, es decir el continuismo, suman 37.4%, o santo niño Jesús de Atocha, lo mismo que el favorable de Petro; los de derecha suman 37% y el centro 21.1%. La polarización es total y absoluta.
Como vamos no vamos tan bien. Las dos terceras partes de los encuestados favorecen a un candidato de los extremos. Alguien podría anotar que en el frente amplio y en la derecha hay opciones que no tienden a ser tan extremas, pero a la hora de la hora yo no les creo. Doy cuatro ejemplos concretos. No le creo a ninguno de los candidatos que dicen estar en el “frente amplio”, como Roy Barreras que se vayan a sumar con el centro. La señora Vicky Dávila es una candidata oportunista que trató de recoger el voto de la extrema derecha, y fracasó. A los candidatos del Centro Democrático, al oportunista Miguel Uribe Londoño y a los que andan coqueteándole al presidente eterno como Pinzón y Cárdenas, los apoyan por su cercanía con Álvaro Uribe. En el centro quedan los demás. Insisto esto es un requesón.
Concluyo a mi la encuesta hoy me dice que si no surge una propuesta sólida, concreta y atractiva en el centro vamos para una segunda vuelta entre el continuismo y la derecha, posiblemente representada por Abelardo de la Espriella y se repetirá el escenario de 2022 con mucho voto en blanco. Y en ese escenario el que tiene las de ganar es Iván Cepeda. Y eso es una muy mala noticia para Colombia. Falta mucho camino por recorrer. Mi esperanza es que el centro se fortalezca y se una alrededor del más sólido de los candidatos que es Fajardo. De hecho el único de los tres primeros en las encuestas que no tiene esqueletos en el closet, que no tiene ni busca compromisos con sectores cuestionables de la política colombiana. Fajardo ha sido esculcado, acusado, calumniado y siempre salió airoso. No necesita explicar su apoyo a la violencia de izquierda y al narco terrorismo, que para los zurdos es justificada desde los escritos de Marx y Engels, y de Stalin y Mao, y de Fidel Castro y claro está desde los discursos de Petro. Tampoco necesita Fajardo explicar obscuras fundaciones que apoyaron a los paramilitares ni relaciones poco claras con algunos clientes de dudosa honorabilidad. De Cepeda se dice que apoyó a las FARC, de Cepeda se sabe que tolera la corrupción del gobierno de Petro y que apoya la dictadura de Maduro. En el caso del tal Tigre, se sabe quienes fueron sus clientes, se sabe con quienes ser reunía en la primera década de este siglo, está documentado entre otras en un muy completo artículo de la revista Cambio. Cepeda pelecha del discurso que promueve la violencia y el odio. Abelardo también y anuncia que destripará a sus rivales.
Desde las extremas los ataques son viciosos, a Sergio Fajardo, lo único que han logrado decirle es que es tibio, ni corrupto, ni guerrillero, ni paraco.
Juan Manuel Urrutia V. Diciembre 9