
No es la primera vez que se realiza en Sharm el Sheikh un evento para la firma de un documento que busca terminar la guerra en Palestina. Y no creo que sea la última. En una rápida cuenta van por lo menos cuatro cumbres para el mismo propósito y la realidad es que cada vez la guerra de Gaza se recrudece, las partes en conflicto aumentan la violencia de sus acciones y su total desprecio por el derecho internacional humanitario. La gran diferencia es que, en esta ocasión con la posibilidad de generar falsas noticias, y la caja de resonancia en que se han convertido las redes sociales, el mundo vive las masacres en vivo y en directo, los incautos se creen todo y se tragan los discursos extremos y, la moderación y el análisis ponderado de los hechos desaparecen.
Eso que llaman “la cuestión palestina” viene de mucho, pero mucho antes del 7 de octubre de 2023 que fue cuando los extremistas del mundo, los de derecha y los de izquierda, parecen haberla descubierto. Y si se me permite un pensamiento pesimista, va para largo y es muy probable que a los extremos se les olvidará antes de que haya una solución.
Recién terminada la “vuelta olímpica de Trump” con el evento de Sharm el Scheik de octubre 12, comenzaron a presentarse hechos de violencia en Gaza en lo que uno podría llamar la retoma de Hamás, cuyos combatientes salieron de los túneles vistiendo lustrosos uniformes y potentes armas automáticas. Las han llamado “las fuerzas de seguridad” del grupo y se les ha visto paseándose por Gaza City, armados hasta los dientes y ajusticiando “traidores”. Algunos reportes hablan de más de 50 ejecuciones y de un enfrentamiento con una milicia que se ha opuesto al control de Hamás en Gaza. Se van entonces destapando las cartas. Las noticias son confusas, pero está claro que Hamás pretende retomar pleno control de Gaza, lo que seguramente dificultará cualquier negociación. El NYT escribe: “Con la tregua vigente, Hamás desarrolla una sangrienta persecución de sus rivales en Gaza”, lo que arroja alguna claridad. Durante la guerra, algunos clanes o facciones de gazatíes, como el clan o familia Doghmosh se vieron fortalecidos ante la caída de muchos líderes y combatientes de Hamás. Otros que siempre se han opuesto a Hamás recibieron apoyo de Israel para enfrentarlo. Apenas comenzó el retiro de Israel y entró en vigencia la tregua, las “fuerzas de seguridad de Hamás” salieron de los túneles a imponer el orden y recuperar el control, a sangre y fuego. El primer día del enfrentamiento con el clan Doghmosh dejó 27 muertos, entre ellos dos combatientes de Hamás. Según el mismo informe del NYT, el video que ha circulado ampliamente que muestra el asesinato de ocho personas arrodilladas por milicianos de Hamás corresponde al ajusticiamiento de colaboradores del clan.
Apenas una semana después, entre el viernes 17 y el domingo 19 de octubre se rompió el cese al fuego. Israel ha anunciado hoy que reanuda los despachos de ayuda a Gaza y que regresa a observar el cese al fuego en el territorio que había suspendido luego de acusar a Hamás de disparar contra sus tropas y de matar a dos soldados. Ambas partes se acusan repetidamente de romper el cese al fuego desde que comenzó el 10 de octubre pero ambas partes sostienen que lo quieren mantener.
Las bodegas de la internacional socialista se apresuraron a denunciar la “reiniciación del genocidio”. Las bodegas de la extrema derecha repiten las informaciones sobre ajusticiamientos en Gaza y justifican la aniquilación de Hamás.
Ya hicieron lo más fácil, la tregua y el intercambio de rehenes y prisioneros, ¿hay alguna diferencia? se preguntan los defensores de Hamás cuando dicen que los prisioneros palestinos también eran rehenes. Pequeñas cosas dirán algunos. No lo son. El discurso de los defensores de Hamás, muchos de los cuáles repiten como cacatúas el libreto, le da aire a un grupo terrorista que tiene que desaparecer. Desde el mismo 10 de octubre, cuando se inició el cese al fuego y el intercambio de rehenes y prisioneros, los medios tradicionales, acusados por todas las partes de estar sesgados, han intentado presentar la información, que es escasa, con independencia. Sin embargo, lo que uno lee en las redes sociales es que la mayoría de la gente prefiere la continuación de la guerra. Y parecería que las partes, el gobierno de Netanyahu y Hamás, también.
Es muy extraño que las FDI no supieran que habría muchos cadáveres de rehenes y de captores enterrados bajo las ruinas de Gaza. Sin embargo, el primer ministro Netanyahu exige la entrega rápida de todos los cadáveres como condición para sostener la tregua y sobre todo para permitir el flujo de la ayuda humanitaria, menudo chantaje. Hamás responde que no puede porque las FDI arrasaron y que para sacar los cadáveres necesitan maquinaria pesada de la que no disponen. Y si le entregan la maquinaria pesada a Hamás se teme que la usarán para “recuperar los túneles”.
La señora Albanese y toda la internacional zurda, que con un relato condenatorio de lo que llaman “la ocupación” de Palestina han sido ingenuos pero férreos defensores de Hamás pretenden vender una historia de violaciones del acuerdo por parte de Israel, que yo no tengo como verificar ni negar. Critican el plan de Trump, reivindican la “liberación de Palestina y el cese de la ocupación” que en buen romance significan la extinción de Israel, aunque lo nieguen. Se mezclan ahí profundas convicciones ideológicas antisemitas, que disfrazan de anti sionistas, con el más descarado oportunismo de gobernantes que ven en la “causa palestina” la columna de humo perfecta para tapar su ineptitud y la corrupción que inunda sus gobiernos.
La extrema derecha irracional que niega el derecho a la existencia del estado palestino y defiende los crímenes de guerra cometidos por las fuerzas de Netanyahu, como un mal necesario, amplifica cualquier versión de los “incumplimientos” de Hamás para justificar la continuación de la guerra hasta la extinción de Palestina, pero, sobre todo, está dispuesta a perdonarle todo a Netanyahu.
No hay duda de que la firma de la tregua y la liberación de rehenes y prisioneros ha sido un gran logro del presidente de los Estados Unidos. Está claro que no se hubiera logrado sin la presión que Trump ejerció sobre Netanyahu, pero también sobre Turquía y Qatar.
Surge aquí un gran temor. Es muy posible que como ha sucedido en otros casos, Trump satisfecho con la vuelta olímpica, deje caer la bola. Si esa presión cesa, es probable que las partes dejen de ponerle atención al desarrollo de los 20 puntos. Y es que son 20, la tregua y el intercambio de rehenes y prisioneros son tan solo dos y quedan faltando los más complejos, empezando por la entrega de los cadáveres de los rehenes asesinados por Hamás, que está más enredado que chuspa en alambre de púas. Falta definir en qué consisten el desarme y la desmovilización, cómo quedará conformada la fuerza multinacional que supervisará la tregua, cómo se unificará el gobierno de Cisjordania y de Gaza, qué papel tendrá la autoridad palestina hoy en manos de Al Fatah, en qué momento se tocará la situación de Cisjordania y de los colonos ilegales. Esos son apenas algunos de los espinosos temas que estarán sobre la mesa de la negociación y si el presidente americano resuelve que mejor se va a jugar en otra cancha, lo que los golfistas hacen apenas se puede, hasta ahí puede llegar todo este “gran acuerdo”. Y Netanyahu y Hamás a darse plomo “ventiao”.
El Economist informa que los líderes árabes han dicho desde el comienzo que su influencia sobre Hamás es limitada. Netanyahu ha demostrado que hay que apretarlo duro para que ceda a la presión y con el rabo de paja que tiene, no será un facilitador honesto de una paz duradera que sería el final de su carrera política y el comienzo de un juicio, o juicios que lo llevarán a la cárcel.
En el centro de la conversación está la reconstrucción de Gaza y ahí puede haber una clave. Varios líderes de los países árabes que tienen el músculo financiero para contribuir a una reconstrucción que podría costar 53 mil millones de dólares han atado su participación al desarme y la desmovilización del grupo terrorista. Entre más se demore la reconstrucción más “fluida” será la situación en Gaza en donde hay mucha rabia contra Hamás.
Y por eso y por mucho más me pregunto ¿Paz cuál?
Juan M Urrutia octubre 20.
Los lectores seguramente no me perdonarán este «no comments». Me parece que eso es lo único que puedo decir sobre la «crísis diplomática» tuiteada por Trump y Petro.