Terrorismo vs. Sionismo. ¿Habrá otra vía?

Desde el 8 de octubre de 2023, cuando me enteré de la masacre cometida por Hamas en Israel y del secuestro de civiles por parte del grupo terrorista, mi abominación por todo lo que ha sucedido ha ido creciendo.  He escrito sobre este asunto varias veces y desde diferentes perspectivas.  He tratado de entender a Israel, lo que las acciones de Netanyahu y su corrupto gobierno de extrema derecha han hecho cada vez más difícil por no decir imposible.  He tratado de entender la actitud de los habitantes de Gaza y su sumisión a la tiranía de Hamas.  En algún momento tuve la esperanza de que se encontrara una solución que resolviera “la cuestión palestina” y llegué a pensar que la moderación podría dar resultados.  Esa ha sido tal vez una de mis mayores estupideces, pensar que la moderación iba a lograr resultados en un mundo en el que las posiciones extremas son las que favorecen a dirigentes que no tienen más en mente que el ejercicio del poder.

Estas últimas semanas he estado dedicado a tratar de entender el galimatías.  Y con un poquito de suerte, de pronto, se me ocurre una explicación.  Es bien posible que la mayoría de los lectores y de las lectoras estén en desacuerdo conmigo, básicamente porque siento que la mayoría de las personas ya han tomado partido. 

La guerra y las violaciones de los derechos humanos de parte y parte continúan porque ese estado de cosas favorece a quienes lo provocan.  En Gaza hay hambre, hay muerte, hay desolación.  Los guerreros, Hamas y los ejércitos del sionismo someten a la población civil a toda clase de atroces vejámenes y se culpan unos a otros ante la mirada cómplice de quienes apoyan uno u otro relato. 

Para los progres en Gaza se comete un genocidio y los sionistas están matando de hambre a la población, Palestina debe ser libre desde el río hasta el mar y Netanyahu debe ser llevado a la CPI.  Esta “iluminada”, pero ignorante, posición le permite a Hamas seguir sometiendo al pueblo palestino y negarse a aceptar la derrota, de hecho, las reacciones demagógicas de los jefes de Estado pusilánimes han llevado a Hamas a “endurecer” su posición negociadora.  El día en que Francia, España y la Gran Bretaña anunciaron que estaban pensando reconocer el Estado de Palestina ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Hamas se paró de la mesa de negociaciones y endureció su posición.

Para la derecha, que se autodenomina libertaria, y para la ultraderecha, yo las diferencio, Palestina no tiene derecho de existir y con la retórica de la “guerra cultural” justifican los crímenes de guerra que comete el ejército de Netanyahu y su gabinete de ultras.  A medida que los medios y las redes sociales acogen el relato del derecho divino de Israel, Netanyahu arrecia su acometida asesina.

A eso hemos llegado.  En los medios tradicionales, en las redes sociales, en la calle ya no se escuchan sino comentarios que recogen el relato de los extremos.  En su esfuerzo por recoger causas “nobles” el progresismo acoge la “causa palestina” y en respuesta, el capitalismo acoge la causa sionista.  Claro, si uno discute el tema con miembros “ilustrados” de una u otra tendencia, encuentra argumentos basados en medias verdades, o post verdades que cada lado defiende sin concesiones.

Con el apoyo de la extrema derecha israelí y de los líderes que comparten esas ideas, en Argentina, en Estados Unidos, en Italia, por ejemplo, y con el apoyo de imbéciles útiles como el expresidente colombiano Iván Duque, pero sobre todo ante el silencio cómplice de la comunidad judía del mundo entero, con contadas excepciones, Netanyahu se ha lanzado en una “guerra santa”, su propia jihad, que no va a detener hasta que no haya “desocupado” Gaza y sometido a Hamas. 

Al otro lado de la “cerca” que separaba Gaza con Israel, durante años, con la complicidad del mundo árabe, financiados por Irán, se fueron consolidando los terroristas de Hamas.  Ante el silencio, también cómplice de funcionarios que deberán rendir cuentas por su responsabilidad, de la agencia de naciones unidas para los refugiados palestinos, UNWRA, los asesinos de Hamas se apropiaron de la ayuda internacional para construir una infraestructura de guerra con el único propósito de cumplir con su mandato “divino” la aniquilación de Israel y dentro de los posible de la raza judía.  Egipto y Jordania por una parte; Arabia Saudita y los Emiratos por la otra, le endosaron la “cuestión palestina” a las Naciones Unidas y le entregaron el control de Gaza a Hamas, manejado por Irán para que hiciera la guerra, mientras aparentaban querer “la paz con Israel”. 

Hace unos años, ninguna de esas opciones era “aceptable”.  Desafortunadamente por razones que darían para varias cucharadas, las sociedades asistimos al recrudecimiento de una “guerra cultural” entre el pensamiento progresista y el libertario que son los sofismas que se utilizan para esconder una realidad, se trata de un enfrentamiento entre las ideas socialistas y comunistas y las de los defensores del capitalismo a ultranza. 

Y, en río revuelto, ganancia de pescadores.

Y los pescadores, pescan.  Ni Netanyahu, ni sus ministros de extrema derecha, ni los líderes de Hamas, ni los dirigentes de la “autoridad palestina” tienen futuro alguno en un medio oriente en paz.  Existen y pelechan de la guerra.

No hay lugar a equivocación, el permanente estado de guerra entre “los palestinos”, que no son más que una manga de terroristas a quienes siguen y obedecen como borregos los pobladores de Gaza y de Cisjordania; e Israel, o más bien Netanyahu y su gabinete de guerreros beneficia a muchos.  Mientras haya guerra ni los cabecillas de Hamas, que se hacen llamar gobierno de Gaza, ni los de la “autoridad palestina/OLP corren ningún riesgo de perder el poder y el control que les ha permitido enriquecerse sin escrúpulo.  Y Netanyahu y su banda de asesinos necesitan la guerra, sin ella no sobreviven una semana en el poder.

Esa guerra, que no se acaba es un negocio, obviamente para los fabricantes de armas, cohetes y drones.  Pero también para inescrupulosos líderes extremistas de todos los pelambres que repiten como cacatúas frases como “Palestina nunca existió” o “Palestina libre desde el río hasta el mar”, ambas versiones apoyadas en una interpretación errónea e ideologizada de la historia.  Y claro, de eso se pegan farsantes como Petro y el progresismo colombiano o como Duque y la oposición, a quienes lo único que les interesa es la notoriedad que les da manifestarse sobre un conflicto que no entienden y sobre una historia que no conocen.

En los primeros meses que siguieron al monstruoso ataque terrorista perpetrado por Hamas y ante la feroz arremetida de las fuerzas de defensa de Israel surgieron voces que llamaban a la moderación, al diálogo y la búsqueda de una salida concertada.  La ira de los israelitas y el deseo de venganza que se tomó a las comunidades judías cercenó cualquier posibilidad de moderación por parte de un gobierno que se sentía fortalecido por el repudio generalizado a los actos de Hamas, y aprovechó el anonadamiento que produjo el ataque del 7 de octubre para entregarle la defensa de Israel al sionismo.  Surgió entonces la tesis recogida por la derecha y los “amigos” de Israel que cualquier crítica a sionismo es antisemitismo.

Y a medida que se acentuaba la brutalidad de la reacción de Netanyahu y su ejército, la “inteligencia” que rodeó a Hamas desde el comienzo comenzó a construir el relato del genocidio, rápidamente aceptado como verdad absoluta por el progresismo.

Los extremos cerraron cualquier posibilidad mesurada.

De Hamas y de sus aliados no se puede esperar nada, para ellos los derechos humanos nunca existieron y se acostumbraron a que la comunidad progre internacional compre el discurso que victimiza al “pueblo palestino” sin mirar quienes son los que realmente lo tienen explotado, vilipendiado y sometido.

Los “árabes”, esa categorización me cuesta están ocupados resolviendo complejos problemas internos, los unos, y haciéndose ricos y “poderosos” sin mirar mucho como, los otros.  Cuentan con Hamas, los Hutíes de Yemen y Hezbolah que con el apoyo de Irán libran la guerra.

Pero del pueblo judío, yo sí esperaba más.  Yuval Noah Harari, reconocido historiador, de origen judío polaco y profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén dice que el 7 de octubre de 2025 puede ser uno de los momentos culminantes de la historia del judaísmo y destruir dos mil años de pensamiento, cultura y existencia.  No duda en decir que se está llevando a cabo una limpieza étnica en el territorio llamado Palestina.  Sostiene el autor de Sapiens, que la historia la hacen las minorías, en este caso una minoría dispuesta a destruir el judaísmo para sustituirlo por el sionismo.

Juan Manuel Urrutia V. Septiembre 13 de 2025


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