Desde los extremos

Los tres alegres compadres

Ten Days that Shook the World, el título del libro publicado sobre la revolución rusa en 1919 por John Reed se puede perfectamente aplicar a los días transcurridos entre el 13 y el 23 de junio de 2025.  El 13, Israel decidió, tal vez unilateralmente, aunque eso puede ser cuestionable, atacar a Irán, supuestamente para destruir su programa nuclear.  El 23 en la noche Donald Trump anunció un cese al fuego entre Irán e Israel.

Este fin de semana en una operación militar milimétricamente planeada y ejecutada, los EEUU bombardearon los tres complejos nucleares de Irán.  Trump reclamó la total obliteración de los complejos.  Ni tanto que queme el santo ni tan poco que no lo alumbre.  La operación militar fue extremadamente exitosa en su ejecución, pero (siempre hay un pero) todo parece indicar, según varios medios respetables, que no hizo tanto daño como lo reclaman Trump y su gente.  Reportan CNN y el Economist que un informe de inteligencia del Pentágono “indicaría” (reportedly found) que el bombardeo no destruyó el programa nuclear iraní, que en el mejor de los casos lo retrasó unos meses.  Las Casa Blanca rechaza esos informes diciendo que son mentiras descaradas (flat-out wrong)”

Desde la ratonera en donde se esconde, el ayatolá de turno, Alí Khamenei proclama la victoria y sostiene que el ataque de Estados Unidos no tenía nada que ver con asuntos nucleares, que el propósito era la rendición del pueblo iraní, y que así ha sido siempre.  Felicita la pueblo iraní por la unidad y la victoria.  Sostiene que Estados Unidos tuvo que intervenir porque de lo contrario Irán hubiera aniquilado a Israel, que las bombas estadounidenses no hicieron mayor daño y que en cambio el bombardeo de la base militar más importante de Estados Unidos en la región fue un éxito total que los estadounidenses han tratado de minimizar. 

Algo de contexto, el cuento del programa nuclear de Irán en manos de Netanyahu suena al pastorcito mentiroso.  Desde comienzos de este siglo el primer ministro ha dicho, en varias ocasiones, que Irán estaba a semanas de tener una bomba nuclear.  Sus aliados no se la creyeron y pese a varias operaciones militares contra Irán con esa disculpa, nada de nada.  Irán siguió enriqueciendo uranio.  Los países de Occidente siguieron amenazando e imponiendo sanciones.  Durante la administración de Obama los EEUU e Irán firmaron un acuerdo nuclear.  La agencia de Naciones Unidas encargada de implementar los acuerdos de no proliferación siguió teniendo acceso, limitado eso sí, al programa nuclear de Irán.  Nadie sabe a ciencia cierta si la afirmación de Netanyahu esta vez si resultó cierta.  Y muy posiblemente nunca se sabrá.

Lo que si se sabe es que el teocrático, corrupto y violador de los derechos humanos régimen de los ayatolás, financia y promueve dos grupos terroristas y otros “proxys”, que como el régimen que los sostiene, tienen como objetivo único y central la aniquilación del Estado de Israel y del pueblo judío que allí vive.  Se dice, no sé con cuánta razón que si Irán tuviera la bomba nuclear muy seguramente ya la habría detonado contra Israel.  Se sabe, aunque ellos se hacen los pendejos, que Israel si tiene un arsenal nuclear, y el hecho es que se ha abstenido de usarlo.

Ni Israel ni Irán son hermanitas de la caridad, son dos estados guerreros, Israel se dice demócrata, aunque desde que se inició la ofensiva contra Hamas en Gaza, no ha funcionado como tal, Netanyahu hace y deshace y el Knesset mira y suspira. En cuanto a Irán la alianza entre clérigos y militares ha ahogado cualquier intentona de democratización.

Desde el ataque terrorista de octubre de 2023, el mundo ha sido testigo de la violenta reacción del gobierno y de las fuerzas armadas Israel, decididos a aniquilar a Hamás y conscientes del daño colateral que justifican con un discurso extremo que llega a sostener que toda la población de Gaza, exceptuando quizás a los niños menores de 4 años, pertenecen al movimiento terrorista financiado y apoyado por Irán.

Gaza es prácticamente tierra arrasada.  Se acumulan imágenes de una crisis humanitaria de magnas proporciones que no parece tener solución a la vista, lo que le ha dado alas a la izquierda de todos los matices.  Los líderes de Hamás siguen vivos, la población de Gaza sufre terribles consecuencias, a Netanyahu y a su gobierno de extrema derecha no le preocupa ni poquito el clamor de la gente de todas las corrientes que piden que se detengan las operaciones, lo que sería un salvavidas para lo que queda de Hamás.  Los actos de protesta se repiten, y las corrientes más radicales dominan el discurso que va tomando tintes antisemitas.  Y a medida que se radicaliza el discurso contra Netanyahu sube el volumen de las acusaciones de antisemitismo contra el que alce la mano para preguntar.

No hay espacio para la moderación.  La derecha rodea al gobierno de Netanyahu.  La izquierda lo acusa de estar cometiendo un genocidio.  En las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos, mujeres estudiantes protestan contra “el genocidio” enarbolando la “bandera palestina” y gritando sin saber qué es lo que están diciendo “Palestina libre desde el río hasta el mar”.  Se les olvida a estas radicalizadas mujeres que esa bandera que ondean y ese “grito de liberación” significan en Gaza, el apoyo a un grupo terrorista promovido por un régimen teocrático que lleva 45 años sometiendo a las mujeres iraníes y a la población en general a los peores vejámenes.  No saben que “desde el río hasta el mar” significa la aniquilación de Israel, solo saben que la moda WOKE las conmina a protestar contra Israel a cantar esa consigna y a asumir una actitud abiertamente antisemita.

Los que pensamos que el régimen autocrático y corrupto de los ayatolás debería ser reemplazado y que en otros países en donde rige la sharía es necesario que le empiecen a reconocer los derechos más fundamentales a las mujeres estamos fuera de lugar, somos sionistas y racistas.  También estamos fuera de sitio cuando cuestionamos el régimen sionista de extrema derecha de Israel que, entre otras cosas permitió que los asesinos de Hamás con el apoyo de los ayatolás perpetuaran la matanza y toma de rehenes de octubre de 2023 y que ha procedido a tratar de aniquilar a Hamás sin la más mínima preocupación por los pobladores de la franja de gaza.  Con sólo preguntar ¿por qué la inteligencia israelí, que todo lo sabe, permitió esa incursión?  Ya lo tildan a uno de enemigo de Israel.  Ni qué decir si se le llegare a uno a ocurrir cuestionar la violencia con que ha respondido el gobierno de Netanyahu para que inmediatamente lo acusen a uno de ser antisemita y lo matriculen como lo que Millei ha llamado “zurdos de mierda”. 

El progresismo a una sola voz acusa a los Estados Unidos y a Trump de ser los cómplices de Netanyahu en el genocidio de Gaza y en un “injustificado” ataque a Irán.  La derecha, también a una sola voz, declara Netanyahu como el salvador de la cultura judeocristiana y de la civilización de occidente.

Desde el domingo todos lo perfiles progres y WOKE en las redes sociales, le sumaron una bandera de Irán a la de Palestina.  Duele en el alma.  La bandera de Irán es la bandera de un régimen que va en contra del 90% de lo que fue la agenda del pensamiento de centro izquierda antes de que los extremistas se apoderaran de esta.

No, Irán no es bueno porque esté enfrentado a Israel.  No, la razón del enfrentamiento de Irán con Israel no es una cuestión de principios éticos ni una defensa de “los palestinos”.  La razón es una expresión del extremismo terrorista que desarrolló el ayatolá Jomeini y que ha sido adoptado por la corrupta y autárquica alianza entre los líderes religiosos y la cúpula militar.

Hamás nunca debió ser aceptado por la comunidad internacional ni por las agencias de Naciones Unidas como una autoridad constituida.  Hamás es un brazo de la Guardia Revolucionaria Islámica que invadió el territorio de Gaza en nombre de “los palestinos”.

No, el asesinato de mujeres, de niños y de pobladores de Gaza no puede justificarse por las acciones terroristas de Hamás y mucho menos en nombre del holocausto.  No, criticar los excesos del sionismo no es una actitud antisemita.  Los muertos de Gaza no deben justificarse como un efecto colateral de lo que los libertarios de derecha llaman la guerra cultural.

Desde una posición moderada uno pretendería que eso que han llamado “la situación palestina” problema creado por los regímenes coloniales de la primera mitad del siglo XX, se hubiera resuelto con el establecimiento de dos estados en el territorio en disputa.  Las ideologías extremas no lo han permitido.  Por encima de cualquier consideración humanitaria prevalecen dos. 

  1. Israel no tiene derecho a existir, dicen quienes “defienden” al “pueblo palestino”
  2. Palestina y el “pueblo palestino” no deberían existir dicen quienes defienden el sionismo

Los judíos y los “palestinos” de a pata son los que le ponen el pecho a la brisa, mientras los fabricantes de armas, los negociantes de la “ayuda humanitaria” y los burócratas de los organismos internacionales pelechan.

Al final del día cada uno de los tres alegres compadres declara la victoria, y la humanidad pierde una vez más.

Cucharadita

La victoria del joven socialista, Zohran Mandani en la primaria para escoger el candidato del partido demócrata a la alcaldía de Nueva York es un bálsamo para los progresistas estadounidenses, asi lo celebran Bernie Sanders y Alexandra Ocasio Cortés. Asumen que su victoria en la elección de este novimbre está asegurada y sueñan con una avlancha socialista que se llevará por delante a Trump y sus MAGAs. El presidente ya dijo que Mandani es «100% un lunático comunista». En una campaña bastante populista Mandani entre otras cosas ofreció tranporte gratis, supermercados estatales subsidiados y apoyó abiertamente la «causa palestina». ¿Será?

Mandani tiene 33 años, nació en Uganda, inmigró con sus padres a Estados Unidos cuando tenía siete años, se convirtió en ciudadano americano en 2018 y se dice que es musulmán.


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