Propósito de enmienda

Ayer, mi consejera favorita, la dotora Carolina, me llamó la atención sobre una notoria incoherencia de mi columna titulada “duele”, en la que me esfuerzo por llamar a la cordura, a que se baje el tono, a que no se hagan acusaciones temerarias y acto seguido procedo a llamar al gobierno “cúpula de banda criminal”.  Y ¿saben qué? queridos (como dice la dotora Claudia, la jefa de la dotora Carolina) tiene razón mi consejera.

Yo no puedo creer que lo que escribo no tiene efecto, porque lo escribo para que tenga efecto, o si no más bien me dedico a la ficción o a las crónicas de viajes que no me salen mal y consumen memoria, pero poco cacumen.  Puede que me lean ocho gatos y tres turpiales, pero escribo para que haya olas.  Y si pretendo que se le baje la espuma del lenguaje violento, de las acusaciones y de las calumnias, pos a empezar por casa.  Como decíamos en Haz Paz, “la paz empieza por casa”.  Para estar bien lo primero que tenemos que hacer es ponernos de acuerdo sobre lo que está mal.

Está mal que yo diga que el gobierno es la cúpula de una banda criminal, así los más influyentes miembros el círculo de confianza del presidente de la república estén siendo investigados, o hayan sido llamados a juicio o estén siendo juzgados por actos de corrupción.  Para eso está la justica y el delito es “concierto para delinquir” y que yo sepa no se ha probado.

Está mal que se le diga a Gustavo Petro “el guerrillero” o como lo he hecho cualquier otro epíteto insultante, es el presidente, mal presidente, pero eso no es exclusividad de él.  Colombia celebró la amnistía que le dio el derecho a Petro y a muchos de volver a la vida civil y a ejercer a plenitud su derecho a elegir y a ser elegidos.  Parecería que el presidente no quiere pasar esa página, pero sus detractores debemos pasarla para poder exigirle que él también lo haga.

Está mal que muchos políticos de oposición hablen del drogadicto.

Y claro está, muy mal que el presidente saque la espada de Bolívar para gritar “libertad o muerte” y proceda a estigmatizar a quien lo cuestione o critique.  Es muy posible y altamente probable que el presidente no baje el tono. 

La mejor respuesta a esa actitud del señor presidente de la República, la mejor reacción es la que propone Sergio Fajardo.

Empezamos mal cuando ante la primera oferta de “algo de paz”, a nueve partidos políticos se les ocurra que lo mejor es mandar al gobierno a freír espárragos.  No sé quién los aconseja.

No volveré a decirle a Gustavo Petro nada diferente a presidente.  Y sí, criticaré la ineptitud y la corrupción.


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