Papabili

Completo hoy tres semanas dedicado a escribir un libro de relatos, crónicas y pensamientos.  En 1988 me fui de Colombia a trabajar en mercadeo social de anticonceptivos, que muy rápidamente ante el avance de la pandemia de VIH/SIDA, se fue focalizando en la promoción y venta de condones y en el desarrollo de campañas educativas sobre prácticas de sexo seguro y uso correcto y consistente del condón.

Durante esa etapa de mi vida, la oposición de la iglesia católica al desarrollo de esos esfuerzos fue una barrera que en muchos caos frenó el impulso que algunos gobiernos quisieron darle a esos programas. 

En un pasaje de mis relatos cuento como, en 1989 en Brasil, los obispos se opusieron con vehemencia a una campaña que promovía el uso de la píldora anticonceptiva.  Tuvimos que enfrentar la misma oposición a las primeras campañas de publicidad para los condones y la actitud pacata de empresarios católicos que prohibieron que los condones fueran colocados en exhibidores cerca de las cajas registradoras.  Todas esas campañas de la iglesia católica se llevaron a cabo de manera soterrada, con llamadas del obispo de turno al ministerio de salud, o de comunicaciones para frenar las campañas.  Eran los obispos y los cardenales. que estaban tapando los delitos de pederastia que cometían los sacerdotes a diestra y siniestra.

Una de las anécdotas que recordé es que en 1998, el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo ejercía un poder monumental en el vaticano, le escribió una carta al presidente Andrés Pastrana en la que decía palabras más palabras menos, que el Vaticano se oponía a mi nombramiento como director del ICBF pues yo era promotor del aborto y otras calumnias.  Aclaro, nunca he sido promotor del aborto.  Creo que la decisión de interrumpir un embarazo es de la mujer, y que mientras haya mujeres dispuestas a hacerlo el Estado tiene la obligación de asegurar que el procedimiento se lleve a cabo en condiciones que no generen graves consecuencias para la mujer.  Creo que el que el aborto sea legal no conduce a que haya más abortos y en cambio creo que en una sociedad en la que el Estado que garantice el acceso a todos los métodos de planificación familiar y a la educación sexual oportuna y basada en la ciencia seguramente habrá menos embarazos no deseados y por ende menos abortos.  El embajador de Colombia en Vaticano

López Trujillo, llegó a ser uno de los cardenales más ricos del mundo pues presumiblemente estuvo asociado con Pablo Escobar y el cartel de Medellín, como lo denuncia Gustavo Salazar en su libro El Confidente de la Mafia, quien sostiene que Pablo le mandaba a López Trujillo maletines llenos de plata.  Estaba a la derecha de la extrema derecha.  Odiaba a los homosexuales, aunque le gustaban los niños, según denuncia el autor Fréderic Martel en su libro Sodoma. 

¿Por qué recordar a López Trujillo hoy?  Pues porque en su momento, a la muerte de Juan Pablo II llegó a ser uno de los papabilli, el único cardenal colombiano que ha estado tan cerca de solio de San Pedro y hoy en día se corre el riesgo que elijan papa a un cardenal del mismo talante de López Trujillo, como su amigo y doscipulo Raymond Leo Burke, el candidato de trump y Vance.

Fue un ser deleznable que personificó los lujos: no aceptaba movilizarse sino en carros de lujo, hacía que le pusieran tapete rojo a donde llegara, que redoblaran las campanas y exigía que lo recibiera un coro de niños perfectamente peinados y vestidos de blanco.  Y la lujuria; dice Martel en su libro que el cardenal López Trujillo “tenía un apartamento en el barrio Villanueva en Medellín a donde llevaba a sus víctimas predilectas: novicios confundidos, indefensos, prostitutos mal pagos a los que después del acto golpeaba con brutal sadismo”.  Sostiene Martel que López utilizó su fortuna y su influencia para promover el papado del “pastor alemán” Ratzinger.  Uno de los grandes logros del papa Francisco puede ser el de haber hecho que el legado de López Trujillo haya desaparecido en el Vaticano. Vuelvo a mi novela, hasta pronto


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