
“[…] Arranca la consulta popular. La movilización es permanente y creciente y tendrá su máximo el día de la discusión en la plenaria del Senado, donde cada congresista tendrá que recordar que no es más que un simple representante del pueblo y debe obedecerlo. Si no es así, entonces el pueblo lo sacará del Congreso, como tiene que ser”,
Este es el tono amenazante con el que el candidato Gustavo Petro ha iniciado su campaña para quedarse en el poder.
Luego de despilfarrar miles de millones de pesos de los impuestos de los colombianos en una marcha que fue un rotundo fracaso, en Bogotá salieron 45 mil personas que no llegaron a llenar, ni siquiera las dos terceras partes de la plaza de Bolívar, el resto estaba ocupado por las tarimas que instalaron para el “multitudinario” acto de apoyo, el candidato Petro demostró que poco le importa la realidad del país, él, como los zurdos siempre, quiere el poder para imponer una visión ideológica que llevará a la hambruna y al destierro, a ese pueblo, al que recurre para tapar cada acto de corrupción o cada muestra de ineptitud de sus funcionarios de confianza.
Ese es el trasfondo de lo que estamos viendo que es tapar el asalto al erario púbico que pretenden Petro y Benedetti y alias la milagrosa y el camaleón Roy y la banda criminal que rodea al mesías. Que es tapar que pretende entregarle el control de los territorios sembrados de una hoja de coca legalizada a las bandas criminales que la transforman.
Petro pretende que, a partir de hoy, un país polarizado mire para otro lado y deje de preguntar ¿qué fue lo que pasó?
Con la UNGRD, con IVÍAS, con el FOMAG, con Ecopetrol, con el gas, con las empresas de energía, con los recursos para salud, con el suicidio del coronel, con el enriquecimiento desaforado de alias la Milagrosa y de su hermano.
Y la oposición cae, redonda, en la trampa.
La calle, la agitación desde la tarima, es lo que se le da bien a Petro y mientras él pueda mantener calientes a sus barras, tiene una base sólida para que los “jugadores” políticos cuadren lo demás, los dineros sucios, la mermelada y las jugaditas.
Cada que aparece una encuesta, las bodegas de la oposición celebran que la aprobación del presidente haya bajado, pero la verdad es que la aprobación de Gustavo Petro no baja y es bastante mayor a la de sus antecesores, Andrés Pastrana, Juan Manuel Santos e Iván Duque quienes, a estas alturas del partido, a un año y dos meses de la nueva elección de presidente, marcaban todos por debajo de 30%. Aunque más del 70% de los encuestados responden que el gobierno va mal, el favorable del presidente no desciende por debajo de 32%, y esa base siempre ha estado con él.
Yo tengo el sesgo de la matemática y se me ocurre que el cálculo que le ha hecho Benedetti a Petro es que, combinando los votos de su base, una platas que se consigan por ahí y un mermelada venteada, podrían sacar adelante una consulta popular en la que se requeriría que voten 13,654,457 personas y que cada pregunta obtenga 6,827,229 votos. En el plebiscito que organizó el gobierno de Juan Manuel Santos, la abstención fue del 63%, si se repite ese escenario esta vez votarían algo más de 15 millones de personas lo que significa que cada pregunta debería obtener algo más de 7 millones quinientos mil votos. Petro sigue creyendo que los más de once millones de votos que obtuvo cuando ganó la presidencia son propios de él. Yo no se la creo.
A Petro hay que seguir enfrentándolo en donde le duela. Si quiere consulta popular, la oposición debe ir a la consulta a derrotarlo, y debe convertirla en un plebiscito sobre la gestión del gobierno. De intentar cerrarle el paso a la consulta en el senado se estaría cometiendo un error que se suma al papayazo del archivo de la reforma laboral en la comisión séptima.
Gaza
Mientras en Estados Unidos, el gobierno ha desatado una persecución contra los activistas que protestaron contra las acciones de ocupación de las FDI, y contando con el apoyo de Trump, parecería que Israel va con todo a arrasar la franja de Gaza. ¡Ya uno no sabe qué decir!

Sabemos muy bien que fue lo que pasó. Y solo el pueblo es quien decide el rumbo de este país y no unos cuantos poderosos!
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