Dominicales

Camorreros: Petro en X y Trump en todo lado

Una semana intensa.

En Colombia, pasan cosas todos los días.  Las bandas criminales, ya no hay guerrilla en Colombia, sólo bandas criminales, eso no lo ha entendido Petro, pero el resto de los colombiano sí; las bandas criminales, repito, matan policías, secuestran policías, atacan a la población civil.  El presidente emite una docena de trinos cada día, unos totalmente alucinantes, otros un poquito menos y casi todos cazando broncas, en lo que se parece a Trump.  También revientan casos de corrupción a diestra y siniestra, pero sobre todo a siniestra en la cabeza del Estado, en el gobierno del Cambio.

Esta semana en medio de todo lo que pasa, todos los días, escojo tres hechos, no porque sean más importantes que otros, sino porque son muy colombianos.

Otra localocución

A comienzo de semana el presidente Petro resolvió imponerles a los televidentes el espectáculo del consejo de ministros en vivo y en directo, por todos los canales, para que no hubiera más solución que el “streaming” (como el neslflis o el praim) o apagar el televisor, y resulta que a la gente no le gusta apagarlo y muy pocos tiene “streaming” así que les toca mamarse las tres horas de elucubraciones del líder cósmico mundial universal.  Es abusivo, típico de un dictador de pacotilla, obliga a la gente a ver disque cómo funciona el gobierno.  Una muy bien preparada y articulada presentación del plan de erradicación voluntaria de los cultivos de coca salvó la noche.  Lástima que el plan sea demasiadamente ambicioso para las capacidades de ejecución del gobierno del cambio.  Cito a Enrique Santos que, refiriéndose a la propuesta comenta en su columna de hoy “Deseable y necesaria, sin duda, pero no se logrará con estos decretos de conmoción interior. Su anuncio de que en los noventa días que dure su vigencia se erradicarán los motivos que originaron su declaratoria en el Catatumbo me recuerda la célebre frase del ministro del Interior del gobierno Uribe, Fernando Londoño Hoyos, cuando proclamó hace 23 años que “en menos de un mes no quedará una hoja de coca en el Putumayo”. La historia se repite también como tragicomedia”. (Santos E., Los Danieles, Cambio.com; marzo 9)

No perdamos el juicio

Esta semana fue la segunda del juicio al expresidente Uribe.  Va despacio, muy, me parece.  Aplicando un dicho bogotano, me parece que va que se las pela para una prescripción y me preocupa que sea esta una estrategia de la defensa del expresidente.  El juicio, televisado en directo, es una interesante muestra de cómo funciona el sistema acusatorio.  Desafortunadamente yo carezco de la disciplina para sentarme a ver la transmisión.  Y entonces quedan las redes y los medios.  Creo que los medios han estado parcos y las redes desbocadas.  Los primeros han tratado de referirse a los hechos más significativos de cada día, en cambio las bodegas se han apoderado de las redes.  Para unos, los petristas, Iván Cepeda es un héroe, para los otros, es un vil calumniador.  Día tras día los bodegueros relatan el juicio como si fuera un partido de fútbol, cantando los goles que su equipo le mete la otro.  Y si uno cae en la trampa se queda viendo un chispero.  La única verdad es que el juicio va muy despacio.  Yo no tengo más que una opinión; si uno es inocente, lo que debe buscar es que en un juicio rápido así se determine y eso no es lo que muestra la actitud de la defensa del expresidente a la que cierta torpeza de la fiscal del caso contribuye. 

Bendito entre las mujeres

El ministro de Interior, Armando Benedetti demostró esta semana de qué está hecho.  Su curtida piel de lagarto le permitió pasar de agache la andanada de críticas que su nombramiento produjo.  Terminó paseándose como galán de Hollywood entre las emocionadas representantes a la cámara del partido liberal y logrando la aprobación del articulado de la reforma a la salud, que incluye el esperpento de entregarle el nombramiento de los gerentes de las IPS, las grandes beneficiarias de la reforma, al dedo de los gobernadores y alcaldes.  Eso sí hay que reconocer que el gobierno del Cambio ha mantenido su coherencia en este asunto, el propósito es estatizar, para bien o para mal, la prestación de los servicios de salud.  Le toca el turno al Senado, primero en la comisión séptima y si pasa en plenaria.  Benedetti ha asegurado que tiene los votos para sacarla adelante.  Los defensores del modelo, que llaman mixto y que opera desde la expedición de la Ley 100 en 1993, se rasgan las vestiduras ante lo que consideran es el desmonte de dicho sistema.  Se les olvida, eso sí, que tuvieron por lo menos veinte años para reformar un sistema que venía haciendo agua por todos lados y que se hicieron los pendejos ante la rampante corrupción que como un cáncer sieiba comiendo el sistema.  Y los colombianos, y las colombianas, viendo como se derrumba el sistema ante la inhumana embestida del ministerio de Salud que desde el 7 de agosto de 2022 tiene como propósito fundamental reventar financieramente a las EPS para provocar una crisis aguda que justifique su “reforma”.  Pero, entendámonos, Petro, su ministra Corcho y su ministro Jaramillo, aprovecharon la desidia de los gobiernos de Santos y de Duque, que son en buena parte responsables del desajuste estructural.  Y que Alejandro Gaviria guarde las lágrimas, porque cuando, siendo ministro de salud, liquidó a Saludcoop, que se la había robado Palacino, desaprovechó, por timorato, la oportunidad de hacer la reforma estructural que el sistema pedía a gritos.  Y, como en el futbol, el que no los hace, los ve hacer.

Nota final:  El 8M, el día internacional de la mujer, los colectivos feministas colombianos resolvieron vandalizar, claro con las pochecas al aire, la estatua de Luis Carlos Galán y un par de estaciones de Transmilenio, olvidando a los feministas del Pacto Histórico, Benedetti, Hollman Morris y otros.

En los Estados Unidos, ha pasado mucho, porque con Trump siempre pasa mucho, y casi nada bueno.  Un ejemplo en esta muy buena nota del colega Carlos Torres:

Un potro desbocado: tensiones explotan en reunión del gabinete de Trump

Explosivo enfrentamiento entre Musk y Rubio en reunión extraordinaria

La frustración por parte de miembros del gabinete de Donald Trump explotó con furia en una reunión secreta extraordinaria cuando Marco Rubio y Elon Musk se agarron a gritos.

La noticia del choque reportada inicialmente en el New York Times por Jonathan Swan y Maggie Haberman acapara titulares este 8 de marzo.

Musk acusó a Rubio de no haber reducido suficientemente el personal en el Departamento de Estado, incumpliendo así uno de los mandatos clave de la administración: adelgazar la burocracia federal. Rubio, con evidente fastidio, replicó que 1.500 empleados ya habían aceptado jubilaciones anticipadas y, con ironía afilada, preguntó si Musk quería que los recontratara solo para despedirlos otra vez.

Este no fue un incidente aislado. Según la nota, Rubio llevaba semanas furioso con Musk después de que este cerrara sin avisarle la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), supuestamente bajo el control del Departamento de Estado.

«Rubio había estado furioso en privado con Musk durante semanas, desde que su equipo cerró efectivamente una agencia entera que supuestamente estaba bajo su control: la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.»

Pero en la reunión del jueves, frente a Trump y unos 20 altos funcionarios, Rubio finalmente hizo pública su indignación. Según el Times:

«En la extraordinaria reunión de gabinete del jueves, frente al presidente Trump y alrededor de 20 personas más —detalles que no se habían reportado antes— Rubio expresó finalmente sus quejas.»

El intercambio se prolongó incómodamente hasta que Trump intervino en defensa de Rubio:

«Después de que la discusión se alargara incómodamente, Trump finalmente intervino para defender a Rubio, afirmando que estaba haciendo ‘un gran trabajo’. Rubio tiene muchas responsabilidades, dijo el presidente. Está muy ocupado, siempre viajando, apareciendo en televisión y dirigiendo una agencia. Así que todos simplemente necesitan trabajar juntos.»

La reunión, convocada de urgencia el miércoles por la noche, reflejó que no todo es color rosa de la administración. Aunque Trump intentó minimizar la disputa, la noticia se filtró rápidamente por las altas esferas del gobierno, exponiendo fracturas en el equipo MAGA.

Las tensiones entre tecnócratas y políticos no son nuevas en la órbita de Trump. Pero esta vez, la fractura no es entre «leales» y «traidores», sino dentro del círculo íntimo de creyentes fieles en el mismo proyecto. No es solo un choque de egos, sino de visiones sobre cómo manejar el poder: ¿debe la derecha trumpista ser pragmática o radical?

Al mismo tiempo que tenía lugar esta dramática reunión sin aviso previo, seguían las protestas de electores republicanos contra congresistas de MAGA, y no paraban las acusaciones —que pocos creen— de que los manifestantes eran actores pagados. El descontento entre la base conservadora y sus representantes se hace cada vez más evidente, sumando otra fisura a un movimiento que hasta hace poco se presentaba monolítico.

Para algunos, este episodio marca el comienzo del fin de una administración caótica; para otros, es apenas el fin de un inicio desastroso que necesita corrección. Pero más allá de la narrativa que intente imponer la maquinaria propagandística de MAGA, nada de esto es normal.

No es normal que un nuevo gobierno destituya a miles de funcionarios, recorte presupuestos, por miles de millones y desmantele programas internacionales de un plumazo. No es normal que humille públicamente a aliados de ayer, que se acerque a antiguos enemigos o que degrade relaciones con sus vecinos. Tampoco es normal que se cambien nombres de accidentes geográficos por capricho presidencial, que se impongan aranceles solo para retractarse días después, o que las políticas económicas se reescriban al ritmo de impulsos erráticos.

Mientras tanto, los partidarios de MAGA hacen malabares para justificar lo injustificable. No intentan comprenderlo, porque están programados para aceptar ciegamente cualquier cosa sin cuestionarla.

¿Estamos ante el comienzo del fin o el fin del comienzo? Lo sabremos en los próximos días. Pero si algo es innegable, es que en solo ocho semanas de presidencia, más que una administración, Trump lidera un potro desbocado.

«Lo que está en juego no es solo la estabilidad de un gobierno, sino la viabilidad de un proyecto político que ha hecho de la improvisación su marca de fábrica.»

Carlos Torres


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