
Esta es una nueva sección que se publicará con el mimso encabezado. Todas las entradas son proporiconadas por el autor, Carlos Torres y se ha publicado en un subtract que creó Torres el El Molino, en donde yo publiqué mis escritos hasta la creación de La Cucharada.
¿Años de perro o mondo cane? La vertiginosa velocidad de las medidas de la administración Trump
De las deportaciones masivas, a los recortes presupuestales, al «Golfo de América», y la propuesta de privatizar el ejército, en solo un mes — ¿puede quemarse ese motor?
Nota: Esta nota se publica también en el substack de El Molino Online.
Ninguna presidencia de Estados Unidos ha implementado (o intentado implementar) cambios tan radicales en tan poco tiempo. Es como si el tiempo se midiera en años de perro, donde cada mes equivale a medio año. Desde el 20 de enero hasta hoy, un poco más 30 días humanos (seis meses caninos), Donald Trump ha reconfigurado el país a golpe de decretos ejecutivos:
- Militarización de comunidades y persecución de inmigrantes indocumentados. Redadas masivas, detenciones sin previo aviso y el uso del ICE como un brazo represivo han sembrado el miedo en barrios enteros.
- Transformación de la diplomacia internacional. Amenazas de retirar fondos a la ONU, desconfianza con la OTAN y un tono beligerante contra aliados históricos como Alemania y Francia.
- Ruptura de alianzas económicas y militares. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) tambalea, las tensiones con Canadá se incrementan y las relaciones con México se han vuelto gélidas.
- Desmantelamiento de programas sociales. Recortes severos a Medicaid, el Seguro Social y programas de asistencia alimentaria han dejado a millones en incertidumbre.
- Desmantelamiento de USAID. La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), clave en la diplomacia estadounidense y en el financiamiento de proyectos humanitarios en el extranjero, ha sido drásticamente reducida. Sus oficinas han sido cerradas en varios países, debilitando la influencia de EE.UU. en zonas estratégicas y dejando un vacío en programas de asistencia global.
- Delegación del poder a multimillonarios y aliados con poca experiencia gubernamental. Figuras como los nuevos secretarios de Comercio y Tesoro han asumido sus roles sin antecedentes en gestión pública, priorizando intereses privados sobre políticas nacionales. Mientras tanto, el secretario de Estado, aunque con trayectoria como senador, ha adoptado una política exterior alineada con los intereses corporativos.
- Rebautizo del Golfo de México como «Golfo de América». Un gesto cargado de arrogancia y confrontación que resume el nuevo tono de la política exterior.
- Privatización del ejército y deportaciones masivas. Erik Prince, traficante de mercenarios,fundador de Blackwater, propuso al presidente Trump la privatización de ciertas operaciones militares. Su plan sugería reemplazar tropas estadounidenses con contratistas privados para reducir costos y aumentar la eficiencia. Además, Prince presentó un proyecto para realizar deportaciones masivas con el uso de bases militares y una flota privada de aviones, con la meta de expulsar a 12 millones de personas antes de las elecciones intermedias.
Todo esto ha sucedido en un solo mes de perro, lo que equivale a casi seis meses humanos. Pero ¿puede este ritmo frenético sostenerse sin consecuencias?
Cuando la velocidad se convierte en turbulencia
El exceso de velocidad ya ha generado estragos tanto a nivel interno como internacional:
- El crecimiento económico ha comenzado a desacelerarse. A pesar de promesas de reactivación, la incertidumbre sobre políticas comerciales y la reducción de inversión han impactado la economía.
- La inflación ha repuntado. Los mercados han reaccionado con volatilidad ante los aranceles impuestos a productos de México, Canadá y la Unión Europea.
- El déficit fiscal se ha disparado. Recortes fiscales y la incertidumbre han generado preocupaciones sobre la sostenibilidad económica.
- Los índices de aprobación de Trump han caído en múltiples encuestas. Aunque inicialmente su base celebró sus acciones, el “buyer’s remorse” (arrepentimiento del comprador) se expande.
Al principio, el país quedó en estado de shock. Los demócratas corrieron aterrados como si los persiguiera una jauría rabiosa. Mientras tanto, los seguidores de Trump —ondeando sus banderas rojas y escribiendo con mayúsculas en redes sociales— celebraron con un tono triunfalista.
Pero esa euforia ha sido efímera. Los mismos votantes de Trump comienzan a sentir el golpe de las políticas que respaldaron:
- Latinos pro-Trump han sido detenidos en redadas de inmigración.
- Trabajadores de bajos ingresos han perdido subsidios médicos y beneficios sociales.
- Granjeros que confiaban en él han visto cómo los aranceles asfixian sus exportaciones.
Las protestas han llegado hasta las oficinas de los congresistas republicanos. Incluso dentro del Partido Republicano, se alzan voces contra el abuso del poder ejecutivo y la erosión de la separación de poderes.
En el lado opuesto, el ala progresista del Partido Demócrata ha comenzado a contraatacar. Figuras como Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez y Jazmine Crockett han tomado protagonismo con discursos combativos y estrategias organizativas más agresivas.
Y aquí está la paradoja de los años de perro en la política: lo que parecía una estampida imparable podría terminar en una jauría huyendo con la cola entre las patas.
Mondo cane.

Por Carlos Torres