
Finalmente, resulta irremediable, toca hablar de la “jura” de Maduro.
Voy a dividir esa columna en tres secciones.
¿Autoritario o dictador?
Primero la primaria, o como dicen por ahí, “el que sabe, sabe”; empiezo la columna reseñando un artículo, de lo mejor que se ha escrito sobre este terrible acontecimiento, titulado “Venezuela, el triunfo de la paz autoritaria”, de José Natanson en la revista de la fundación FES, Nueva Sociedad. En una forma estructurada, el autor describe lo que él considera son las tres bases sobre las que Maduro y sus cómplices han construido lo que él llama un régimen abiertamente autoritario y que son la cooptación de los militares, la debilidad de la oposición y los apoyos internacionales que han evitado un aislamiento total.
En primer lugar, sostiene Natanson, el régimen chavista se sostiene apoyado por lo que el mismo Maduro ha llamado la “unión cívica-militar-policial perfecta” que se viene construyendo desde el intento de golpe militar contra Chávez en 2002. Chávez primero, y luego Maduro y sus cómplices han asegurado la lealtad de los militares y de la policía mediante un proceso estratégico que los ha convertido en miembros activos del gobierno y del control del Estado. “Chávez entendió que el apoyo de las fuerzas armadas era imprescindible para su continuidad y se dio a la tarea de re politizar las instituciones castrenses devolviéndoles el derecho al voto, premiando a los leales con ascensos hasta generar una estructura absurdamente macro cefálica (Venezuela tiene más generales que los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN)” (Natanson José, “Venezuela, el triunfo de la paz autoritaria”, Revista Nueva Sociedad, Buenos Aires, enero de 2025),
Natanson describe la forma en que Maduro ha sofisticado y reforzado el esquema mediante la adjudicación del control efectivo del aparato productivo desde PEDEVESA hasta las minas de Orinoco y la distribución de alimentos al alto mando militar; y de otros aspectos del funcionamiento de la sociedad como las coimas y propinas que se obtienen en el control de las aduanas o de las colas para comprar gasolina o para comprar comida a los oficiales, según su rango, asegurando así que los militares tengan mucho que perder con la posible caída del régimen.
¿Pudo la oposición?
No hay duda que la oposición ganó las elecciones, eso está documentado. En segundo lugar, el autor plantea que no pudo cobrar su victoria porque esperaba que la ola de las protestas sociales masivas forzara a los militares cooptados por el régimen a contener la represión y a abandonar al tirano. Y eso no sucedió.
Las manifestaciones de protesta post electorales, aún las de julio 24 y mucho menos las de la víspera de la “jura” de Maduro, el 9 de enero, no llegaron a tener la magnitud de las manifestaciones preelectorales y mucho menos la de las de 2017 a 2020 que llegaron a hacer pensar que Maduro había perdido el control. Esta situación demuestra la eficiencia del aparato represor del régimen y es prueba de que Venezuela, no es como pretenden algunos analistas, un estado fallido como Haiti o Siria. Al temor generado por el aparato repersivo de la dictadura se va sumando lo que uno podría llamar la fatiga del material, la gente está cansada de protestar, la situación ha desempeorado; dice Natanson La «Peretroika tropical» concretada por Maduro en los últimos años, que incluyó un severo ajuste fiscal, la liberalización de muchas actividades e incluso la silenciosa reprivatización de algunas empresas, posibilitó una alianza, implícita pero real, con parte de las elites económicas (IBIDEM)
¿Y la comunidad internacional?
La apuesta miope de la derecha latinoamericana, cuya principal figura llegó a ser el presentador presidente de Colombia con su célebre estupidez “a Maduro le quedan unas pocas horas”, de un aislamiento internacional que daría al traste con la dictadura tampoco sucedió. Maduro y su camarilla contaron con la complicidad de Brasil, Colombia y México y desde hace años cuentan con el apoyo de China, Rusia e Irán. El corrupto régimen socialista español se hace el bobito. Quedan pues las “democracias occidentales” que no le ponen demasiadas bolas a Venezuela y los Estados Unidos en donde Biden ya no cuenta y en donde por ahora lo único que ha hecho Trump es no recibir a Edmundo González.
Las críticas
A mi modo de ver el autor cae en la muy hispana trampa del eufemismo. No entiende uno porque a las cosas no se les dice por su nombre, lo que hay en Venezuela es una dictadura no simplemente un régimen autoritario. La diferencia, pienso yo, reside en que lo que pudo haber llegado a ser un régimen autoritario surgido de un proceso algo democrático, se fue desvaneciendo para convertirse en una atroz dictadura, con el continuo desconocimiento de resultados electorales contrarios, primero en el caso de la Asamblea nacional en 2015 y ahora con el flagrante fraude en una elección en que los venezolanos que pudieron votaron masivamente por el candidato opositor al que el régimen le permitió participar y que obtuvo más del 70% de los votos.
Algunos amigos y compañeros consideran que el artículo de Natanson tiene un enorme vacío, ni siquiera se refiere a la influencia del narcotráfico en todo este proceso. A mi se me ocurre pensar que es porque el autor considera que el narcotráfico es un negocio de unos pocos que ni suma ni resta. Por el contrario, muchos piensan que el narcotráfico es un elemento fundamental en la cooptación de la cúpula civil y militar, véase, el fiscal, el presidente de la Asamblea Nacional y ministro del interior, el ministro de defensa y algunos generales miembros del anillo de confianza del dictador.
Colombia
Atornillado Maduro, vale la pena comentar la actitud de los expresidentes colombianos. Samper está fundamentalmente como le corresponde en su calidad de vendido al mejor postor en el mismo y lamentable plan de los seguidores de Petro, justifican el fraude y silencian ante las constantes violaciones de derechos humanos. Gaviria no ha dicho mucho. Pastrana se montó en un cuento absurdo de un grupo de expresidentes sin ninguna vigencia ni importancia que trataron de colincharsele al candidato estafado, Edmundo González y estuvieron paseándose con él hasta salir con un chorro de babas en la República Dominicana. Uribe no se aguantó las ganas y salió con la solemne idiotez de pedir una intervención militar, dizque de Naciones Unidas, papayazo de magnas proporciones, si algo ha utilizado el tirano venezolano cuando se ve necesitado es el nacionalismo y el llamado a la defensa de la patria ante supuestas agresiones internacionales, casi siempre inventadas pero esta vez anunciada por un expresidente de derecha. El único que se salva es Juan Manuel Santos mucho más discreto, que ha denunciado el fraude y la legitimidad del dictador y le pidió al gobierno que llamara al embajador a consultas para enviar una señal inequívoca. A Duque no vale la pena gastarle tiempo.
Y de Petro ¿qué? Petro no cree en la democracia, entonces a él le vale el fraude, le debe parecer normal porque lo ha hecho un progresista como él. Y como es costumbre de este gobierno, no hizo nada. Tibieza total, que no reconoce el triunfo de Maduro pero que manda a su embajador a la “jura”, que la culpa del fraude es de los gringos por el bloqueo. A mi se me ocurre que por quererle poner una vela a Dios y otra al diablo, quedó mal con todos. En Colombia donde Maduro tiene la peor imagen imaginable, el líder cósmico quedó matriculado en el “team Maduro” y en Miraflores en el “team Corina”. La disculpa del pragmatismo no es suficiente. Nadie, menos los fachos del centro democrático, quiere que Colombia rompa relaciones con Venezuela y le declare la guerra como quien dice. Pero si se hubiera podido hacer lo que sugería en brillante entrevista Camilo Reyes dar una clara señal de desaprobación del fraude sin llegar hasta romper relaciones, por ejemplo, decía, “deje a señor embajador en vacaciones y mande a la posesión al tercer secretario de la embajada”.