
Normalmente en La Cucharada, expreso mi opinión. Cuando se me ocurrió el tema de esta columna pensé ¿será que mi hija Carolina tiene razón y me estoy volviendo de extrema derecha? Me respondo a mi mismo, en voz alta, como deben ser las conversaciones con uno mismo y ante una mirada de preocupación de mi esposa Mónica que significa “ ese güey está demente”, repito, me respondo, “noooo, yo soy de extremo centro, sólo estoy reconociendo el avance de la derecha y tratando de entenderlo”.
Cuando yo era estudiante en Francia, tal vez intoxicado por las ideas de mayo 68, tal vez porque a las compañeras de universidad les parecían un poco más atractivos los mamertos, eso sí mamertos de salón, todos con el corazón a la izquierda y la billetera a la derecha, (le coeur à gauche, le porte-monnaie à droite); pues yo posaba de mamerto, con el pelo largo, hasta los hombros, me paseaba con una maxi-ruana que había llevado y claro me pareció terrible el discurso de Jean Marie Le Penn y de su recién fundado partido, en 1972, el Frente Nacional (le Front National). Ayer murió el viejo Le Penn, tal vez el más radical de los radicales de derecha, el más xenófobo, el más antisemita, el peor enemigo de todo lo que defienden los progres de hoy en día, como la acción climática, los movimientos LGBTI+, los derechos de los migrantes, etc…
Nadie en esos tiempos pretendía tomar en serio a Le Penn padre, pero nadie que sea serio puede descartar a Le Penn hija, Marine, quien hoy en día tiene claras posibilidades de llegar al poder.
En la Europa de los setentas y de los ochentas y aún de comienzos del siglo, nadie pensaba que un discurso xenófobo y antisemita, como el que plantea Alice Weidel, la candidata a canciller del partido Alternative für Deutschland, AfD pudiera encontrar eco. Sin embargo la AfD aparece con una intención de voto de 19%, en segundo lugar detrás de la alianza democristiana CDU-CSU y tiene concretas posibilidades de jugar un papel importante en el próximo gobierno alemán.
Tampoco se hubiera pensado cuando Le Penn padre incendiaba a Francia con sus discursos, que Herbert Kickl, el líder del partido libertario austriaco Freiheitliche Partei Österreichs, FPÖ, con un discurso del mismo tono, esté a punto de convertirse en el canciller de Austria. Kickl habla de una “fortaleza austriaca” libre de “buscadores de exilio” y emplea con frecuencia una retórica Nazi.
Kickl se sumará a Viktor Orban en Hungría y a Robert Fico el primer ministro de Eslovaquia, es posible que Andrej Babis, de posturas semejantes, retorne como primer ministro de la República Checa. Los cuatro coinciden en una posición euro escéptica y una visión de extrema derecha que ve en el modelo autocrático de Putin el ejemplo a seguir. EL Economist habla de la putinización de Europa del Este.
El fortalecimiento de Kickl en Austria preocupa a quienes piensan que puede ser un indicador adelantado de lo que le espera a Alemania con AfD y en Francia con el Rally National de Marie le Penn, súmele a Giorgia Meloni en Italia y va surgiendo como una alternativa sólida el partido Vox en España; y tiene Usted querido lector una imagen inesperada hace 20 años, el surgimiento de una derecha libertaria, que ha limado, en algunos casos los excesos de sus fundadores y que hoy en día son de “buen recibo”.
Ni que decir de Argentina. Hace tan sólo un par de años el discurso libertario de Milei inspirado en las ideas de Agustín Laje y otros teóricos libertarios, les parecía a muchos una locura inviable. Es más, tras su elección, no pocos pronosticaban el fracaso de sus políticas y ahora despierta la admiración de muchos o por lo menos una actitud de “ajá, esa vaina parece funcionar”. Yo estoy en el segundo grupo.
En Colombia, ante el desastre del gobierno progresista no queda más que aplicar la frase de Laje “a la izquierda no se la derrota sino desde la derecha”.
Creo que mis amigos de derecha están equivocados cuando piensan que Donald Trump representa las ideas libertarias y me temo que su gobierno será más circo que sustancia que es lo que tiene, por ejemplo, Milei.
Y así como así, parecería que algo de razón tiene la temeraria acusación de mi hija Carolina. Tal vez sí, como muchos en muchas partes, las ideas de derecha me han ido seduciendo. Coincido en que hay que erradicar el asistencialismo, el clientelismo y la corrupción que resultan de la concepción errada del “estado de bienestar”. El Estado debe ser lo más pequeño posible y no debe inmiscuirse en lo que no lo atañe.
Me parece que los excesos de la “corrección política” del movimiento WOKE y sobre todo la cultura de la cancelación han hecho mucho daño. Hay asuntos con los que no logro conciliar, confieso. Creo que la inmigración descontrolada es perniciosa, si eso me hace xenófobo ante los ojos de los progres, ni modo, pero, de ahí aceptar que se persiga a los migrantes hay un abismo. Desde hace años, muchos, he simpatizado con un enfoque de género centrado, detesto el feminismo radical, las feminazis, pero no creo que denunciar el enfoque de género como una ideología sea pertinente. Considero que, cada quien tiene derecho a su propia sexualidad, pero creo que el no ser heterosexual no puede ser razón para derechos adicionales, preferencias y privilegios. Considero, en principio, que la interrupción del embarazo es una mala idea y pienso que debe ser legal, pero creo que promover el aborto como un derecho inalienable se pasa de raya. Acceso sí por consideraciones de salud pública, promoción no, un no rotundo a considerar el aborto como un método aceptable de anticoncepción.
Y llegamos a la cereza del pastel. No logro entender por qué los libertarios han resuelto que el calentamiento global es un concepto progre y por lo tanto debe ser negado. No entiendo qué tiene que ver. Pienso que es una reacción a los extremos de quienes promueven la agenda ecológica radical, el decrecimiento y la desindustrialización, opción ideológica de quienes consideran que sus principios están por encima de las necesidades de la población. El cambio climático es un hecho, sus causas pueden ser debatibles. Las sociedades deben adaptarse y así sea por pura precaución evitar las acciones que puedan contribuir al cambio climático y adoptar usos y costumbres que ayuden a limitar el daño.
Y así como así con 1045 palabras le he descrito a mis lectores mi reciente “bandazo”. Me voy yendo pa la derecha, empujado por las bestialidades de los zurdos. Ojalá los derechos no me hagan devolver.
