

En pasada columna yo aplaudía la imputación al secretariado de las FARC por la JEP en relación con el caso del reclutamiento, abuso, violación y esclavización de niños y niñas por parte de todos los frentes y de todos los comandantes de la FARC, más de 18,000. No me las doy, pero durante mi gestión de director del ICBF, entre 1998 y 2002, con el apoyo de USAID, de UNICEF y de la Organización Internacional para la Migraciones, asumimos una posición radical de denuncia y de presión para que los actores del conflicto suspendieran el reclutamiento de menores de edad que considerábamos entonces y sigo considerando, siempre fue forzoso. Se logró en esos 4 años la desmovilización de muchos niños y niñas quienes bajo medida de protección del ICBF, pasaban a un programa de reinserción en diferentes lugares del país. Particularmente, en la sabana d Bogotá, se alquilaron varias casas, en Cota, en Tabio, en Tenjo y en Subachoque, en donde se instalaron grupos de jóvenes desmovilizados con el acompañamiento de profesionales que apoyaban sus “procesos” de rehabilitación y de formación y capacitación para la reinserción. Esos jóvenes, menores de edad casi todos, hubo varios que cumplieron 18 años en el proceso, nos contaron muchas historias. Leyendo la columna que hoy publico de mi amigote y compañero de colegio Mauricio Rubio, Machicho, recuerdo una conversación con una mujer, llamada Esperanza, en una casa en Tenjo, en donde vivían 8 “pelaos” como les decía Julián Aguirre (QEPD) director del programa de desmovilización y reinserción. Yo iba a esas casas con frecuencia a oír historias y a acompañar a esos pelaos, para quienes la visita del “director” era un acontecimiento, no sabían ellos que el acontecimiento era para mí.
Esperanza, que había cumplido 18 años en la casa, no se quería ir todavía porque quería quedarse a completar su bachillerato y los cursos de estilista. Para explicar su solicitud, me dijo: “Director yo no me quiero ir de acá todavía porque termino como allá, de puta, necesito poder montar mi salón y pa eso tengo que acabar los cursos. Yo me fui pal monte a los 15 años con un pelao que conocí en el pueblo. Yo a era la más bonita del curso, los viejos cochinos del pueblo no hacían más que mirarme las nalgas y decirme cochinadas, yo estaba mamada y el pelao me defendía. Los viejos le tenían miedo porque andaba con el fusil. Pero llegué al campamento y el comandante de la cuadrilla empezó a echarme los perros y mandó al pelao pa otro frente. Me ennovié con el comandante, pero quedé preñada. Él me botó y me mandaron a abortar. Luego empecé a pasar de cama en cama con la tropa. Yo me acostaba ellos con ellos pa que me dejaran en intendencia y no me fueran a mandar a combate. Me volví la puta del frente y si me toca, fijo que harta plata gano con eso, pero es que no”.
En homenaje a la franqueza de Esperanza y como confesión de que me apresuré a aplaudir la decisión de la JEP, publico la columna de mi amigote y compañero de colegio en el Liceo, Mauricio Rubio, Machicho que me enmienda la plana.
https://mrp-ee.blogspot.com/2024/11/la-indignante-imputacion.html
