Chú, chú, chú

@milcaricaturas en X

En la última entrega de la cucharada me refería al fracaso de las políticas sociales del gobierno del Cambio.  Este fin de semana pasado oí, todavía no me cala el escuché, una entrevista de Alejandro Gaviria en la que avanzó una tesis que me dejó con la pensadera alborotada.

Dijo Gaviria que el presidente y sus ministros ponen por encima del bienestar de la gente, especialmente de los estratos más bajos sus elucubraciones ideológicas.  Y como dije me quedé pensando

Ilustro el pensao con dos ejemplos.

Empecemos con la manida reforma a la salud.  La soberbia ideológica de la ministra Corcho y del ministro Jaramillo, fieles interpretes del pensamiento de Petro, ha hecho muy difícil, casi que imposible que la reforma al sistema de salud avance.  Se cierra, en una semana, el cuarto periodo legislativo del gobierno de Petro y nada.  Pero ellos no se entregan.  Primero intentaron imponer su modelo estatal a los maestros y el fracaso fue estruendoso.  Aplicando el tristemente famoso chu, chu, chu, de Petro, fueron “apretando” a las EPS y han intervenido ocho.  A siete interventores tuvieron que cambiarlos de la noche a la mañana ante sospechas de indelicadezas y de actos de corrupción, levantadas nada menos y nada más que por el Superintendente de Salud a quien Laurita la milagrosa le pidió la renuncia.  Mientras tanto las medicinas para atender a los pacientes con enfermedades de alto costo escasean.  Las IPS están pasando aceite por las deudas que el sistema tiene con ellas.  Las citas para atención en las EPS se demoran.  Las personas de los estratos altos se “blindan” adquiriendo seguros o programas de medicina prepagada, y los que no tienen cómo pagarlos esperan.  Cuando llegó Petro el sistema de salud tenía problemas, eso no se puede negar, pero había cobertura y en muchos casos calidad.  Hoy ya no.  Los médicos se retiran de los convenios con las EPS y “sólo” atienden privados.  Hace tres años tuve un accidente grave, acabé hospitalizado en la clínica de Marly en Chía, mientras esperaba unas radiografías del tórax, tenía seis costillas fracturadas, en la sala de urgencias, todos mis vecinos estaban ahí por la EPS.  Hace cuatro meses volví a la misma clínica, a causa de una bronquitis descuidada que se me volvió neumonía, estuve una semana hospitalizado, y yo que soy chismoso averigüé, en la sala de espera del área donde le hacen a uno los exámenes de los pulmones, todos los usuarios venían por la prepagada porque la EPS no les había conseguido la cita.  Hoy en día si no tienes con qué no tienes salud.  El Cambio es ahora.

Sigamos con la educación.  Ya mencioné el fracaso de la reforma de sistema de salud que atiende a los maestros sindicalizados de FECODE y el efecto que ha tenido.  Uno de los pilares de la soñada igualdad, si la del ministerio de la vice, es el acceso a la educación superior.  A un visionario de nombre Gabriel Betancur Mejía, el papá de Ingrid, se le ocurrió la idea y otro visionario, godo él, el presidente Mariano Ospina Pérez se lo inventaron en 1950, el ICETEX empezó a operar en 1952.  Si hay una institución que ha sido un pilar del avance en la lucha contra la pobreza y la desigualdad en Colombia, esa institución es el Icetex que le ha permitido, durante siete décadas acceder a la educación superior a muchísimos jóvenes colombianos que de no contar con sus créditos y sus becas no hubieran podido completar estudios superiores, y mucho menos en el exterior.  En eso que han llamado el “levantamiento social de 2021” el movimiento estudiantil, excitado con los discursos populistas de Petro se alzó en armas, si armas, papas bomba y cocteles molotov, contra las altas tasas de interés que cobra el instituto.  Petro prometió, entonces, que condonaría las deudas de ICETEX, lo que como todo lo que promete, no ha sucedido.  Este año, la bestia peluda que tiene Petro como ministro de educación ha resuelto cumplir la orden de su patrón y “marchitar” el ICETEX y de buenas a primeras resolvió que no le iba a pagar las matrículas para el primer semestre de 2025 a las universidades en donde estudian los beneficiarios de los créditos de ICETEX.  Se quedan así miles de estudiantes universitarios sin poder terminar sus carreras, simplemente porque cometieron el pecado mortal de creer en las universidades privadas.  Todo porque Petro ha resuelto que los préstamos de ICETEX son un negocio de esas universidades, que él detesta, no por malas sino por ideología, y un progresista de verdad no apoya nada que tenga siquiera un tufo de participación del sector privado en lo que el progre o zurdo de m…, como les dice Miley, considera “lo social”, es decir la salud, la educación y la vivienda.  El resultado es sencillo, en la Colombia del cambio, para poder acceder a estudios superiores de calidad habrá que ser rico.  En el sueño erótico o más bien exótico, de Pétro y su ministro de educación, acaban el ICETEX, le dan una estocada a las “privadas” y empieza el chú chú chú en la educación.  Sólo quedarán las universidades públicas gratuitas, a las que se accederá por méritos.  Y ¿Quiénes cree el lector que se ganarán la mayoría de los cupos en las universidades públicas gratuitas? pues los jóvenes ricos que se preparan en los colegios privados bilingües que son los que sacan los puntajes más altos en las pruebas de Estado y que ya no contarán con las universidades privadas.  Terminará entonces el Estado financiando la educación superior de los jóvenes de estratos cinco y seis con los recursos que le quitó al ICETEX que financiaba a los de estratos uno, dos y tres.  Gracias a Dios el ministro es un inepto irresponsable y en el gobierno del Cambio, nada de lo que se proponen sucede.  Pero, qué susto y qué angustia la que deben estar sintiendo hoy esos miles de estudiantes que llevan años deslomándose en busca de un mejor futuro y muchos de los cuales apoyaron el movimiento estudiantil y el levantamiento social de 2021 y votaron por Petro en 2022. 

Extraño eso sí que esos jóvenes que incendiaron el país en 2021 se queden ahora calladitos.

Coletilla final:  En la Colombia del chú chú chú, el único que no se cae es…Armandito Benedetti.


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