Dos Años

Imágenes de la posesión de Gustavo Petro, 7 de agosto 2022

Hoy se cumplen dos años desde que Gustavo Petro en un acto “popular” en la Plaza de Bolívar, plagado de símbolos, que en ese momento nos parecieron “cucos”, como el rollo de la espada de Bolívar o el que la banda se la pusiera la hija del exguerrillero Carlos Pizarro, o el disfraz del presidente de la Cámara de Representantes.  La cucharada en esa ocasión elogió el discurso de Petro.  Me lo advirtieron, Urrutia estás muy tolerante con el guerrillero.

¿Tenían razón?

Es posible.  Procedo a justificar mi ingenuidad.  Yo sí le creí a Petro que iba a haber un cambio.  Claro, para alguien menos ingenuo la participación de jugadores políticos de dudosa reputación en su campaña dejaba dudas.  Yo le creí a Petro y a los miembros de la dirección del pacto histórico que iban a erradicar la corrupción contra la que tanto luchó el Petro senador.  Yo creía que Petro había cuidado que su campaña no fuera enlodada con dineros sucios y con las prácticas que él había criticado hasta decir, por ejemplo, que la elección de Iván Duque era ilegítima por haber supuestamente recibido el apoyo del Ñeñe Hernández.  Yo me alcancé a ilusionar con el gran acuerdo nacional que se vislumbraba con el nombramiento de varios ministros de reconocidas posiciones moderadas.  Petro anunció que contando con la “gran coalición” articulada por el camaleón de la política colombiana, Roy Barreras, pasaría rápidamente las reformas urgentes e inaplazables para la salud, la educación y el régimen laboral y el de pensiones.  Y la gran ilusión, la reforma agraria y la paz total.

Empecemos por el principio.  Una mayoría, que Petro y sus discípulos consideran total, absoluta y permanente, de 3.13%, o sea mínima, de los colombianos, lo eligieron presidente.  Ganó en una justa democrática y claro está que ganó para impulsar su visión del Estado, y así lo ha hecho.  Así es y para eso es la política, para que el que gane desarrolle e implemente los programas y políticas que corresponden a su visión del Estado.  Petro siempre ha pensado que “los privados” son corruptos, acumuladores, explotadores y que en la medida de lo posible el Estado debe asumir toda aquella función de servicio al público.  Por eso quiso estatizar el sistema de salud, la educación y el régimen de pensiones.  Por eso quiso impulsar una reforma laboral que castiga a los empresarios, aceptando de antemano que dicha reforma no buscaba resolver el problema fundamental de los colombianos que es el desempleo, que su propósito era el de defender los privilegios de los trabajadores formales sindicalizados y por ende a los sindicatos, que jugaron un papel fundamental en el levantamiento social de 2021 que establecería la plataforma de lanzamiento de la candidatura del Pacto Histórico.

Para eso lo eligieron los que votaron por él, por eso lo apoyaron los sindicatos y las asociaciones profesionales progres. 

Y por eso la desilusión.

En entrevista con el diario francés Le Monde, el presidente Pero dice que su mayor satisfacción ha sido sacar de la pobreza a 1,600,000 colombianos.  Es cierto, pero hay que anotar que esa tendencia venía desde antes de 2022 y que persiste una marcada diferencia entre el sector rural y el sector urbano y entre los grandes centros urbanos y las ciudades y poblados más pequeños.  Además, es importante estimar el efecto que tienen en esta cifra los subsidios directos y poco sostenibles que ha impulsado el gobierno del “cambio”, que son en realidad el único elemento de una fracasada “política social”.  La frase correcta de Petro debería haber sido “lo único que he podido hacer, lo que es mi mayor satisfacción es…”

Bueno, pero tampoco es lo único, como veremos.

El presidente Petro no ha logrado cumplir, y se me antoja que no logrará cumplir, ninguno de sus ambiciosos proyectos, ni los buenos, como las reformas a la salud y la educación ni los pésimos como la tan cacareada paz total que se ha limitado a hacer concesiones en improductivas negociaciones con facinerosos de todos los pelambres.  Todavía cree que los colombianos le creen que la inseguridad que padecen las comunidades de una buena parte de la república son el preámbulo de una paz que nos permitirá vivir sabroso. 

Tan solo hace dos días se terminó un cese al fuego con el ELN, que Petro había prometido acabar en tres meses.  Ya están hablando de tratar a los criminales del Clan de Golfo como grupo político, escondido bajo el nombre de Autodefensas Gaitanistas de Colombia, pobre Jorge Eliécer.  En su última ocurrencia culpó a sus antecesores de la aparición de las “disidencias” a las que no ha podido someter, ni siquiera desterrar de ciertas vastas regiones, apoyándose en la babosada del entrampamiento.

Su proyecto de paz total se apoya en un total desprecio por las fuerzas armadas que ha irrespetado y desarticulado, despojándolas del liderazgo de una comandancia que ha ido sacando a patadas.  ¿Qué se podía esperar de un guerrillero? dicen desde la derecha.  Y, tienen razón porque solo así se entiende su desprecio por los mandos militares y su tenaz defensa de los terroristas de la primera línea.

Pese a que algunos indicadores son positivos, la inflación ha cedido, el desempleo no ha subido y el dólar se mantiene más o menos estable alrededor de los cuatro mil pesos, la economía no es, ni puede ser, motivo de orgullo.  La economía colombiana está postrada.  Estamos ad-portas de una crisis fiscal de magnas proporciones, fundamentalmente porque no ha habido crecimiento de la economía.  Dice Cecilia López que hay por parte de Petro “una profunda subestimación de la economía en general.  Yo creo que él confunde el neoliberalismo con la economía”, (Cecilia López Montaño en #Forodeseguridadjurídica en @estoescambio).  No se diga más, si para el presidente el crecimiento económico es un concepto neo liberal y contrario a marco ideológico socialista, pues qué importa que la economía no crezca, reemplazamos ingresos con subsidios y el que venga detrás que arrié.  Y así estamos.

Su ambicioso proyecto de transición energética se reduce a decir que ya estamos generando más divisas por el turismo que por la exportación de carbón, claro porque ya no exportamos carbón.  Las tarifas de la energía están ahogando a las clases populares y a los pequeños y medianos empresarios, y para rematar es muy probable que en 2025 Colombia enfrente una severa escasez de gas.

Y la cereza del pastel. Ha tenido que explicar, aclarar y hasta pedir disculpas por el que puede ser el gobierno más cuestionado de los últimos tiempos.  Sin entrar a calificar va una lista, los lectores tendrán su opinión:

  1. La maleta de Laura Sarabia, la violación de los derechos de su empleada y el “suicido” del único testigo que tenía la información.
  2. Las andanzas del hermano.
  3. El agarrón de Laurita con Benedetti, la salida de Benedetti de la embajada en Caracas acusado por el canciller de ser un drogadicto al que no se le podía creer.  El nombramiento de Benedetti en la embajada ante la FAO.
  4. Las denuncias de Day Vázquez. 
  5. La confesión de Nicolás Petro y la patraseada de Nicolás Petro
  6. El avión de la campaña
  7. La “donación” de Fecode
  8. Los topes de la campaña
  9. Los excesos de Verónica
  10. Las nacionalidades express para los amigos de la familia presidencial así tengan cuentas pendientes con la justicia criminal española

Estos son tan solo los cuestionamientos que involucran directamente a Petro, a su familia, y a su mano derecha, e izquierda Laurita.

Luego vienen los cuestionamientos de los miembros del gobierno, nótese que no los llamo ni escándalos ni casos de corrupción, son cuestionamientos hasta que la justicia defina.

  1. Leyva y los pasaportes, Murillo y los pasaportes y el contratico con la Imprenta Nacional
  2. El tinglado UNGRD, presidencia, ministerio de hacienda y congreso de la república
  3. Olmedo y Snyder, carrotanques, plantas desalinizadoras y el boquete Cara de Gato
  4. Los sobrecostos en la compra de tierras en la Agencia Nacional
  5. Los contratos y negocios del compañero sentimental del presidente de Ecopetrol

La lista no es exhaustiva, seguramente.  Pero es este un balance bastante precario en materia de transparencia y de prácticas de buen gobierno.

Es tan pobre el balance de la gestión de Petro y tan deshonroso su proceder que no le ha quedado más recurso que el discurso y qué pobre recurso.

Por eso, más del 60% de los colombianos tiene una imagen desfavorable del presidente Petro, por eso muchos, muchísimos, colombianos que vieron los actos del 7 de agosto de 2022 con esperanza y optimismo, hoy en día esperan con ansias que llegue el 7 de agosto de 2026 para que como dice el himno “cese la horrible noche”.

Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav


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