
Todo empieza con una tos, que no aparenta a nada. Carajo, me está dando catarro, dice uno bien bogotano. La tos se hace más fuerte. Los bronquios se van cargando. Y claro, el pasado de fumador viene a por uno. En unos pocos días la bronquitis es crónica. La respiración se hace corta, difícil. El deterioro es acelerado. La saturación se cae a niveles inaceptables, y toca acudir al oxígeno, pero ese ya no alcanza. Entonces acabo sentado en la habitación 428 de la clínica Marly Jorge Cavelier Gaviria, maravilla primermundista que atiende a “usuarios” del TODOS los regímenes, me consta por mis vecinos, en condiciones de excelencia médica. Esos usuarios que el mesías del cambio quiere que los atienda un sector público corrupto desfinanciado y politiquero.
Hacia1965, mi padre fumaba Pielroja, mi madre Kent. En casa, en la mismísima mesa del comedor, terminado el almuerzo, o la cena, se encendía el pucho y conversábamos, delicioso se hablaba de cine, de libros, poco de política, y claro el correspondiente regaño del día. Yo no recuerdo haber “fumado a escondidas”, en realidad en nuestra casa, nada se hizo a escondidas, nunca.
De esa forma, toda una generación fuimos cogiendo el vicio, a algunos afortunados y afortunadas el cigarrillo le sabía a caneca y entonces tras probar, nunca más. Fumar era “kool”. Presumía uno de su mechero marca Zippo que encendía de dos pasadas frotándolo contra el blue jean. Le soplaba uno aritos de humo en la cara a la pelada que estaba tratando de seducir, y esa vaina a alguien le parecía sexi. Si quería pasarse de “bohemio” fumaba uno Nacional o Pielroja, o Chesterfield sin filtros, y escupía pedacitos de tabaco. Y así toda una generación nos fuimos envenenando. Yo seguí. Creo que de 72 años que tengo he fumado 45. Por mucho tiempo una cajetilla, o más, al día. Luego menos. En los últimos años, dejé de fumar, volví a fumar, volví a dejar y volví a fumar. En el último periodo, unos seis meses, un cigarrillo diario, a escondidas de todo mundo, casi que de mí mismo.
Y llegó esta crisis. Como a las reformas de Petro, se me fue acabando el aire. No puedo respirar sin oxígeno. Afortunadamente tengo un buen seguro que me da acceso a una clínica de primerísimo nivel, que además está en un lugar privilegiado en las afueras de Bogotá, no hay ruido, no hay trancón, no hay contaminación. Verde por todos lados.
Trato de seguir las noticias, para nutrir las cucharadas, pero estoy cansado, la cabeza no da.
Esto no pretende ser un testimonial para que alguien deje de fumar, cada quien con lo suyo. Es sencillamente una disculpa a mis lectores por mi ausencia. Por no comentar la patraseada del mesías que durante semanas anunció que el iba a explicar la paz total a Selenski, para finalmente entender que no le iban a poner ni cinco de bolas e inventarse, como es lo suyo, un rollo todo estrambótico según el cual la conferencia a la que iba a asistir no era de paz sino de guerra.
A medida que recupero la respiración, hoy comienza el sexto día de hospitalización, tengo, eso sí la cabeza algo más despejada. Vuelvo a ocuparme y se me ocurre una pensadera. Nuevamente nos enteramos que en Colombia, por medio del chantaje del paro y la movilización, FECODE manda y que impone una visión mezquina de la educación, basada fundamentalmente en la defensa de los privilegios colegiados del sindicato. A los “maestros” poco o nada les importa la calidad de la educación. Que las niñas y niños aprendan es secundario, mientras ningún maestro pierda ningún privilegio. En la recta final de la aprobación de la ley estatutaria de la educación, que hubiera debido ser, esa sí, un avance mayúsculo en materia social, se atravesó la defensa de los privilegios. Dos elementos de la reforma atentaban directamente contra esos privilegios y claro FECODE se opuso. Y siempre se opondrán. No toleran la evaluación. Nadie tiene derecho a decirle a un “maestro sindicalizado” que es por su culpa, por su falta de preparación que los niños y niñas no aprenden, es culpa de otro. Desde hace años se ha desarrollado el esquema de los colegios públicos en concesión y del subsidio directo a los padres para que puedan escoger a qué colegio mandan a sus hijos. Pero no eso a FECODE no le va, porque en los colegios en concesión y en los colegios privados, les exigen, los avalúan y lo que aún es peor la calidad de la educación es muy superior y eso para un sindicato ideologizado es INACPETABLE, la educación debe ser pública y mala. Y Petro y sus discípulos aceptan la orden del donante de la campaña y dejan hundir el proyecto de reforma a la educación. Ganan los privilegios y pierden los niños.
Y el mesías embarbascando a Colombia con el sombrero de un asesino. Orále cabrones
Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav
