
Dos errores de Juan Manuel Santos vuelven a perseguirlo. En 2014, ante la urgencia de la reelección, le abrió los brazos a Gustavo Petro, lo que significó un espacio para el reencauche de un Petro que salía terriblemente desprestigiado de la alcaldía de Bogotá. Cuando se le iban enredando las negociaciones con las FARC, en La Habana, su equipo negociador le dio un lugar preponderante a Álvaro Leyva quien fue muy activo en la redacción del acuerdo final y sobre todo en la arquitectura de la JEP. Es indudable que Santos les dio oxigeno tanto a Petro como a Leyva, y eso el uribismo no se lo perdona. Imagino que ahora estarán diciendo, “se lo dijimos”.
Resulta y pasa que Leyva no le perdona a la JEP que no haya querido abrir un espacio para Macaco, un paramilitar al que su amigo Alex Vernot le había ofrecido que allá lo iban a meter y entonces desde que estaba en la cancillería enfocó sus baterías contra la JEP. Luego ha ido decorando el negocio con Macaco, matizando su odio hacia la JEP con asuntos oscuros, como el cuento de la ley de punto final. Sacado de la cancillería por el entuerto de los pasaportes, Leyva pretende rehacerse como gran defensor del poder constituyente, y en compañía de Alex Vernot, el abogado que orquestó la trampa que le costó la cárcel a Carlos Mattos, muy amigo de Petro, según la denuncia de Cecilia Orozco en el Espectador, han cocinado la receta del párrafo del acuerdo de paz con las FARC que sería la base para que el “poder constituyente” convoque a una asamblea para modificar la constitución y aprobar la reelección.
Si Petro va, como dice, al Consejo de Seguridad de la ONU, a denunciar al Estado colombiano que es el comienzo del proceso inventado por Leyva y Vernot, van a hacer el ridículo, les dice Juan Manuel Santos. El tal párrafo o inciso no existe. El muy cuestionado exfiscal Montealegre que salió de la fiscalía totalmente desprestigiado ha tratado de tomar un segundo aire, alineándose con el esperpento de la propuesta de Leyva y Vernot y ha ido más allá al plantear que la constituyente puede aprobar la reelección inmediata del presidente y la ampliación del periodo presidencial.
Los mosqueteros del poder constituyente, Petro, Leyva, Vernot y Montealgre, se inventan una nueva, dicen que Santos pertenece al “Sindicato del Pasado” y lo acusan de estar planeando el golpe de Estado con Uribe. Definitivamente el pacto se está, finamente, volviendo histórico a punta de escándalos, nombramientos cuestionables y elucubraciones jurídicas de la peor calaña. ¿Qué les habrá ofrecido Macaco?
A los periodistas de Cambio les dijo “no pienso llevar una constituyente al congreso ni tampoco reelegirme”, ante el cuerpo diplomático Petro dijo que “no descarta la idea de una convocatoria de una asamblea constituyente ni la de la reelección, que eso lo decide el pueblo”. ¿Quién carajos entiende?
INTERNACIONALES
El tipo es absolutamente increíble. Se llama Jacob Zuma. Resumiendo, recién elegido presidente de Suráfrica fue acusado de corrupción en un negocio de armas, declarado inocente, luego fue acusado de violación por una sobrina de él, convenció al jurado que había sido sexo consensual, a la pobre sobrina la presentaron como una mujer promiscua, tanto así que era HIV positiva, Zuma explicó que a él no lo había contagiado porque se había duchado con agua fría después del coito. Finalmente, de nuevo acusado de corrupción, fue destituido como presidente y expulsado del ANC. Lo reemplazó Cyril Ramaposa. Con ese prontuario cualquier político queda tendido en la lona. Zuma no. Alimentado por el enfrentamiento entre la etnia Zulu, a la que pertenece, y los Xlosa, a la que pertenecían Mandela y M’beki, Zuma creó su propio partido, lo bautizó uMkhonto weSizwe (MK), que traduce «Lanza de la Nación» y era el nombre del brazo armado del movimiento antiapartheid. En las recientes elecciones, el MK logró 15% de las votaciones y por ende de las curules en la Asamblea que elige al presidente; ubicándose en tercer lugar y posicionándose como una seria opción para hacer parte de la coalición que tiene que formar el ANC. Zuma puede ser uno de los políticos más torcidos del mundo, y es responsable, en buena parte, de la podredumbre en la cabeza del ANC, en donde pese a haber sido expulsado, controla buena parte de la “nomenclatura”.
En cambio, a otro “gran operador político”, el primer ministro indio, Narendra Modi, la suerte no le sonrió. Es cierto que Modi ha asegurado un tercer período como Primer Ministro, lo que nunca había sucedido en India, pero con un sinsabor. Modri esperaba que la coalición encabezada por su partido, BJP (Bharatiya Janatra Party) obtuviera 400 curules en el parlamento de 532. Pues no. Después de cuatro meses de elecciones, la coalición de Modi salió victoriosa, pero con el rabo entre las patas, no lograron sino 292 curules, 20 más que la mayoría de 272 requerida para formar gobierno. El BJP, partido de Modi, no logró sino 240 escaños, lo que les obliga a darle lugar en el gobierno a otros partidos de la coalición. La oposición encabezada por el tradicional partido del Congreso, logró 234 curules, un significativo aumento comparado con le resultado de 2019. En el gigante estado del norte, Uthar Pradesh que elige 80 parlamentarios, el partido de Modi tuvo su peor resultado, pasando de 62 a 33 escaños. En Rajasthan y en Maharashtra, el estado industrial en donde se encuentra el centro financiero de India, Mumbai, el partido de Modi tuvo amplias pérdidas, recuperadas por el partido del Congreso que aumentó de 52 a 99 escaños. La reacción en los mercados ha sido rápida con, por ejemplo, una caída de 6% en el índice de la bolsa.
Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav1
