
Dice Eric Hoffer, filósofo norteamericano, refiriéndose a Hitler, a Stalin y a Mao: El trabajo preliminar que busca erosionar las instituciones existentes, de familiarizar a las masas con la idea del cambio, y de crear la receptividad para una nueva fe, sólo puede ser hecho por hombres que son primero que todo, habladores o escritores reconocidos como tal por todos (The True Believer, Eric Hoffer, 1951, en The Washington Post, abril 5 de 2024).
¿Les suena?
Petro habla, afortunadamente no ejecuta como los otros tres, pero es igualmente peligroso.
Día tras día, Gustavo Petro muestra su verdadero talante. Durante años, como líder de la oposición, en las plazas y en el congreso de la república mostró un falso compromiso con la democracia, pero el verdadero Petro ya no cree en las instituciones democráticas colombianas porque ya no le sirven. El primer síntoma, rompe todas sus promesas “democráticas”. En 2018, para lograr el apoyo de personas sensatas de centro como Antanas Mockus y varios miembros del partido verde, hicieron una pantomima en la que el cacas presentó unos “supuestos” mandamientos en los que se comprometía a no hacer todo lo que está haciendo y anunciando. Ya no es chiste y hay que detenerlo antes que sea muy tarde.
Ha creado una nueva categoría, en la que incluye a todos los que de alguna u otra forma se atrevan a criticarle, y a quienes se atrevan a oponerse a sus desatinadas reformas. Pero también ha graduado de enemigos a quienes con sentido común y creyendo en las instituciones se atrevieron a advertir sobre el erróneo proceder de su gobierno. Y en su discurso a todos los califica de oligarcas, paramilitares y corruptos.
El gobierno de Petro, que ya cumplió 18 meses, sólo puede mostrar como ejecutorias una desatinada persecución contra “los privados”. Sus enemigos jurados son las EPS, la federación de cafeteros, los medios que osan investigar y denunciar las andanzas de sus familiares y amigos, las empresas generadoras de energía, los gobernantes locales que exigen que cumpla con los compromisos del Estado.
“En el primer año, Petro pasó de proponer un gran acuerdo nacional y armar una gran coalición de centroizquierda, a romperla, sacar a sus ministros liberales y comenzar a hablar de ruptura institucional. Y en el segundo año ya va en denunciar golpes de Estado inminentes, ha cambiado 11 ministros, promueve una asamblea constituyente agitando al “pueblo”, y respondió al hundimiento de su reforma de salud con la intervención de dos EPS con 15 millones de afiliados”. La Silla Vacía.
Petro no es tonto. Fue un muy inteligente y, si se quiere, diligente parlamentario. Sus diagnósticos de la realidad nacional fueron casi siempre acertados. Su análisis de la crisis del cambio climático y de las implicaciones de una política de desarrollo atada a la explotación de los combustibles fósiles es acertado, pero no es novedoso, eso lo saben la mayoría de los expertos.
La realidad es tozuda. A Petro no le va bien. La economía muestra tendencias preocupantes. Hay un efecto que se debe reconocer, internacional, la desastrosa ejecución del gobierno de Petro ha desencadenado un preocupante decrecimiento de la economía, a lo que se suma la pérdida de confianza de los inversionistas ante el panorama de polarización y de lucha de clases que atraviesa la retórica presidencial.
Culpa el cacas a una clase social que los colombianos no conocíamos. Se trata de una oligarquía, palabra favorita de Chávez, todopoderosa, que se apoya en unos medios de comunicación que tiene comprados. Una oligarquía cuyas riquezas y poder provienen de la explotación inhumana de los nadies y las nadias, esos millones de colombianos que votaron por él, que son un pueblo oprimido durante 200 años. Una oligarquía que se ha apropiado despiadadamente de los recursos del petróleo, del café y de la cocaína, cocaína que sus cómplices de los diferentes movimientos “guerrilleros” y bandas criminales nunca han tocado. Una oligarquía que se ha robado la plata de la salud y no ha permitido que millones de colombianos y colombianas, accedan a servicios de buena calidad.
Al cacas, no le aprobaron sus reformas porque no fue capaz de hacer lo que hacen los gobernantes, hacer, no hablar y hablar y hablar, sino hacer compromisos, concesiones y sacar adelante sus propuestas de cambio. Petro se radicaliza y radicaliza su gabinete, instalando en cargos clave a sus apóstoles del caos. Propone, el cacas, gobernar con el pueblo en modo constituyente y destruir a patadas las instituciones. Y sostiene que el pueblo son los miles de acarreados que semana a semana le llevan a esos sancochos que llama “gobierno con el pueblo”. En adelante toda protesta, toda asamblea, como sucedió con los estudiantes de la universidad nacional es el “pueblo en modo constituyente”. Así ha rebautizado la “marcha” que le organizan sus donantes de campaña, FECODE, para el 9 de abril.
Colombia va a vivir semanas de constante angustia. Enfrentar la amenaza que presenta el deseo dictatorial de Petro requiere de una SOLA oposición articulada, y de eso por ahora no hay. Como decía Carolina, qué suto.
Por: Juan Mnauel Urrutia
X: @juanmaurrutiav1
