
En agosto de 2021, cuando me enteré del asesinato del presidente de Haití publiqué la siguiente Cucharada
https://wordpress.com/post/metemoslacucharada.com/212
Copio esta frase: “La triste conclusión de nuestras elucubraciones era que, pese a todos los esfuerzos, en el mejor de los casos la ayuda norteamericana apenas alcanzaría para paliar en algo las inmensas necesidades de las mayorías haitianas desprovistas de todo. Lo más triste es que sabíamos que aún con todas las cortapisas que se pretendiera imponer, la élite haitiana se aprovecharía de la ayuda para concentrar poder y riqueza”.
La frase se refiere a unas conversaciones, varias, en las noches de Port au Prince con el entonces director de USAID Gerald Bowers en mi último viaje a Haití, Ayiti en creole, en 1998. A Bowers lo conocí en México en 1990, en donde era el representante residente de USAID.
Nota aclaratoria, USAID presta dos tipos de asistencia internacional, por un lado, están los países que tienen acuerdo bilateral de asistencia con los Estados Unidos, ese es el caso de Haití y de Colombia desde que se firmó el plan Colombia que es básicamente un acuerdo de ayuda bilateral. México, aunque recibe ayuda de Estados Unidos, nunca ha querido establecer un acuerdo bilateral, por orgullosos que son los mexicanos. Entonces en México y acá hasta que se firmó el plan Colombia lo que ha habido es un representante residente de USAID.
Sigo, en 98, Bowers me invitó a que revisara con él y otras dos personas de la misión en Port su Prince, la estrategia de ayuda bilateral que se estaba planteando para el periodo del año 2000 al 2010. Recordemos que el año fiscal empieza en octubre en EEUU, por lo que el 2000 empezaría el 1 de octubre de 1999 (los gringos sin hacer ruido estrenaron el milenio antes que el resto de la humanidad). Estuve dos semanas, se trabajaba intensamente y teníamos reuniones con muchos actores de la administración, de las muchísimas ONGs que operan en Haití, y de la sociedad civil haitiana. En la noche nos sentábamos en Bowers en una terraza del hotel Montana, en Petionville, que queda en la montaña vecina de Port au Prince, y que es donde viven los blancos y los mestizos y negros ricos. Lo que una activista de una ONG, bastante radical ella, llamaba “the MRE (Most Repugnant Elite)” en referencia a las raciones militares de los marines que invadieron Haití en los 90 (Meal Ready to Eat). La frase citada es de una de esas veladas, siempre debidamente rociadas con ron Barbancour, haitiano y uno de los mejores rones del mundo mundial universal. En una de esas conversaciones, Gerry me dijo “sabe Juan Manuel, lo más triste de todo es que yo estoy metiéndole un enorme esfuerzo a diseñar una estrategia de ayuda para un país que no es viable”.
Mi primer viaje a Haití tuvo lugar en 1989. El presidente era Prosper Avril que había derrocado a su compañero Henry Namphy quien a su vez fuera el que derrocó a Jean Claude Duvalier (Bebe Doc). Como director del programa de mercadeo social de anticonceptivos financiado por USAID, fui para apoyar el desarrollo de un programa de distribución comercial de píldoras anticonceptivas, promovíamos la famosa Microgynon de la empresa Schering (hoy Bayer). La gerente local del programa era Ingrid Hackenbruch, Madsen de apellido de soltera y casada con Hans Peter Hackenbruch, cónsul honorario de Austria, y agente representante de Schering para Haiti. La familia Madsen era en esos tiempos una de las diez familias más influyentes y poderosas de Haiti. Ingrid y Hans Peter con quienes tuve una sincera amistad, eran conscientes de los privilegios en que habían crecido y no especialmente orgullosos de sus fortunas.
La historia de la familia de Ingrid y Hans Peter, es la de una tragedia similar a la de su país. La mamá de Ingrid recibió una transfusión de sangre en una clínica privada en los Estados Unidos en los años 80. La sangre estaba contaminada y la señora murió de SIDA en 1990, en condiciones terribles, como murieron los miles de personas que mató la pandemia hasta que se encontraron los tratamientos adecuados. A raíz de la inestabilidad política de los años post Aristide, los Hackenbruch se fueron a vivir a Miami en la primavera de 1992, en donde compraron una bella casa que fue totalmente destruida por el huracán Andrew en agosto de ese año. Hans Peter seguía cuidando de los negocios de la familia en Haití a donde viajaba con frecuencia, en uno de esos viajes contrajo un dengue hemorrágico que lo mató en un par de semanas. En menos de cinco años Ingrid había perdido a su madre y a su esposo en condiciones terribles. Hablé con ella cuando estuve en Haití en 98, seguía radicada en los Estados Unidos, como muchísimos haitianos, una diáspora que ha perdido toda ilusión de su país.
No imaginábamos, ni en nuestras más pesimistas elucubraciones de 1998, que Haití fuese a llegar a estado en que se encuentra hoy.
Entre 1986 y 2024, 38 años, en Ayiti ha habido 21 cambios de jefe de Estado, en promedio uno cada 21 meses. En muchos casos el cambio de jefe de Estado ha sido para reinstalar a un presidente derrocado, como sucedería con Jean Bertrand Aristide, Titide, que fue elgido dos veces, derrocado dos veces y reinstalado dos veces y que nunca llegó a gobernar por más de dos años.
Los marines de Estados Unidos han “intervenido (invadido)” Ayiti en tres ocasiones, la primera en 1915, y se quedaron hasta 1934, la segunda en 1994 cuando Clinton mandó a 20,000 efectivos en la operación “restaurar la democracia”, para reinstalar a Jean Bertrand Aristide quien había sido derrocado, Yo todavía estaba yendo a Haití en esos tiempos y recuerdo aterrizar en Port au Prince en un aeropuerto controlado por los marines gringos, todo era muy ordenado, en contraste con el caos que normalmente era el aeropuerto, pero asustador. La tercera intervención fue en 2004, nuevamente para restaurar a Aristide, que esta vez había sido destituido por bandas criminales. A los marines los reemplazó una fuerza de estabilización de Naciones Unidas que operó en Haití hasta 2017 en medio de acusaciones de violencia sexual contra niñas y mujeres. Se supo también que fuerzas de Nepal, que hacían parte de los “cascos azules” llevaron el cólera a Haití contaminando el río más grande del país.
Las “ocupaciones” no han ayudado para nada la situación de la nación haitiana, por el contrario, han contribuido a la desestabilización y al debilitamiento de las instituciones.
En un territorio de 27.755 Km2, habitan cerca de once millones y medio de personas en Haití. Su vecino en la isla de Hispaniola (La Española en español(SIC) Ispayolá en creole haitiano), la República Dominicana tiene 48.442 Km2 y aproximadamente los mismos 11millones de personas. El 60% de la población haitiana vive por debajo de la línea de pobreza y de ellos dos terceras partes viven en el campo, un campo deforestado, erosionado en donde ya ni leña para cocinar se consigue. La esperanza de vida al nacer en Haití es de 64.8 años, casi 10 años por debajo del promedio mundial. La mortalidad infantil es de 59 muertes por cada 1000 nacidos vivos, en contraste en su vecino de isla, la RD, la tasa es de 22.7 muertes por cada 1000 nacidos vivos. Y así podríamos llenar esta columna de indicadores que lo hacen a uno pensar como mi amigo Gerry que Haití ya no es viable.
Esa inestabilidad institucional se suma a la pobreza y la falta de oportunidades para los jóvenes para crear un caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de las pandillas, que operaban en los diferentes barrios extorsionando y robando. Las pandillas fueron creciendo y se convirtieron en bandas criminales, alimentadas por las economías ilegales y por el tráfico de drogas. Ayiti se convirtió en un puerto frecuentemente utilizados por los carteles mexicanos y colombianos para almacenar la coca con destino a los mercados de Estados Unidos y Europa. Las pandillas o bandas haitianas tienen conexiones con miembros de la diáspora en los Estados Unidos.
Llegamos así a 2024 cuando los grupos criminales controlan el 80% de la capital de Haití. Aislado en Puerto Rico, tuvo que renunciar, el primer ministro Ariel Henry, en el poder desde 2021 cuando fue asesinado por mercenarios colombianos, parece, su abogada dice que no es cierto, el presidente Juvenal Moïse. El líder de las bandas criminales se llama Jimmy “barbecue” Chérizier, y fue quien exigió la renuncia de Henry. Pero “barbecue” sabe que no tiene el poder sobre todos los gangs, bandas y pandillas y que su “autoridad” será cuestionada a balazos, entre otros por el ex rebelde Philippe y el pandillero Johnson André. En la última semana la gente de Jimmy atacaron el palacio presidencial, el ministerio del Interior y el banco Central y tienen bloqueado el aeropuerto de Port au Prince.
Cuando oigo que barbecue es el alias de Chérizier se pone la piel de gallina. Resulta y pasa que una de las formas de tortura y asesinato utilizadas por los “toton macoute”, la policía del dictador François Duvalier entre 1957 y 1971, era el “collier”, que consistía en colocar una llanta apresando los brazos y el tórax de la víctima y prenderle fuego, morían literalmente asados. Las bandas criminales de nuestros días acuden a esta práctica para generar terror entre la población.
Se informa que ha sido nombrado un consejo de 7 miembros para asegurar la “transición”. Uno de sus miembros le dijo a BBC News que no se han podido reunir porque tienen miedo de salir de sus casas, que han tenido algunas conversaciones en Zoom y en Whatsapp. Es decir en Haití hoy no hay gobierno, los bandas criminales mandan.
Hoy no he encontrado absolutamente ningún comentario o artículo que diga algo diferente, Haití es un estado fallido y nadie le ve un futuro.
Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav1
