¡Ahora si me atortolé!

Quietos pa la foto, Petro en el Pacífico. Foto Presidencia de la República

Desde que Gustavo Petro fue elegido presidente, con frecuencia en diferentes escenarios me encontraba con la tesis de muchos amigos y muchas amigas, o no tan amigos o amigas; que desde el vamos sostenían que empezaba para Colombia una etapa en donde Petro y su partido llevarían al país a una situación que podría asemejarse a nuestro vecino Venezuela.  Confieso que yo no les creía y rebatía esa tesis en algunos casos con pasión.  Sostenía yo que las instituciones en Colombia son mucho más fuertes que en Venezuela, y que no permitirían una debacle semejante.

Sigo creyendo que la similitud con Venezuela no aplica, básicamente porque se me ocurre que, aun cuando nuestra economía está muy ligada con la industria extractiva, especialmente de combustibles fósiles, la economía colombiana no es tan dependiente de gas y petróleo, como si lo era Venezuela cuando se subió Chávez.  A él le bastó con controlar y apropiarse de Pdvsa y ya tenía buena parte de la sartén por el mango.  Por otra parte, la oposición venezolana mostró rápidamente una inmadurez y una incapacidad absoluta para enfrentar a un tirano como Chávez, a las primeras de cambio las divisiones, las envidias y los egos pudieron más que la necesidad de acciones conjuntas y concretas.  Con el control de una Asamblea Nacional entregada, Chávez procedió a consolidar el control de la rama judicial y quedó listo le trípode sobre el que se apoyan los tiranos.  Persiguió a sus opositores y creó una nueva casta política y económica, la “boliburguesía” a la que se refiere Ana Bejarano en su columna Venezuela Erosionada.  Chávez asumió el poder en 1999 y, tras 24 años de dictatura, se ve cada vez más lejana la posibilidad de un retorno pronto a la democracia en ese país, cuya economía, poco a poco da muestras de mejorar.

Y digo que ahora si me atortolé, porque, aunque sigo pensando que Venezuela no es un buen simili, me empieza a dar la impresión de que el Magnífico y sus secuaces están erosionando la democracia colombiana.

Señales

El Magnífico, presidente de los colombianos, regresó de Davos en donde pasó desapercibido, pese a la casita y el yipao, tuvo, como es costumbre “agenda privada” y se fue para el pacífico colombiano.  Allá se dedicó a lo que él llama gobernar, echar discursos.  Y los discursos, como siempre, encendidos, demagógicos y esos discursos, cuando se traducen en acciones, son muy preocupantes.

Va por ahí insistiendo que es necesario asegurarse la continuidad de su partido en el poder en 2026.  Digo su partido porque durante el velorio de Piedad Córdoba, como decía un comentarista un poco exagerado, “acaballado sobre el ataúd de la líder”, el Magnífico ha ordenado que los partidos que formaron la coalición del Pacto Histórico le entreguen sus banderas y sus personerías a un partido ÚNICO, cuya jefatura obviamente asumirá él mismo.  Para ello comienza la persecución contra quienes considera sus enemigos, los que lo quieren “sacar”.  Y cuando el Magnífico dice, como dijo en varios de sus encendidos discursos en el pacífico: “me quieren sacar” hay que empezar a entender “me quiero quedar”.

Cuando cualquier crítica a su gobierno es una creación de unos medios de comunicación de propiedad de sus enemigos, el Magnífico está buscando crear una masa crítica que lo defienda, no para que no lo saquen, sino para quedarse.

Durante 33 años, la sociedad Grupo Portuario de Buenaventura ha administrado en concesión el muelle 13 del puerto de Buenaventura, el mayor muelle de contenedores del puerto del pacífico.  En diciembre de 2023 se terminó el contrato de operación y la Agencia Nacional de Infraestructura aprobó la ampliación de la concesión, decisión que fue reversada cinco días después lo que ha dado pie para otra demanda multimillonaria contra la nación.  El propietario de la empresa concesionaria, en una actitud propositiva anunció que estaba en negociaciones con la ANI para superar la situación.  Ayer el Magnífico, en una de sus andanadas demagógicas de consecuencias incalculables, anunció que le entregaría la administración del muelle 13 a las cooperativas de pescadores de Buenaventura.  El muelle industrial de carga más importante del país en manos de cooperativas petristas.  Doble riesgo, otra demanda multibillonaria en riesgo de perderse, y la operación del muelle en manos de politiqueros del pacto histórico.  Se sacó el Magnífico, una temeraria afirmación, de debajo de la manga, cuando afirmó que “los puertos no pueden seguir administrados por cooperativistas de mentiras que estando con la mafia aparentan ser legales para explotar las terminales marítimas”.  Y dijo su cacareada frase, la que utiliza cada vez que se va lanza en ristre contra la iniciativa privada “eso no, en este Gobierno no lo admitimos”.

Doble demanda, imagino, una por injuria y calumnia a la sociedad Grupo Portuario, de propiedad de Ventura Group una empresa con más de 30 años de experiencia en la administración de sistemas logísticos y portuarios y otra por la cancelación de la prórroga del contrato.

Basta con ver la complejidad de la operación del muelle 13 del puerto de Buenaventura para entender el tamaño del error del Magnífico. 

Como en el caso de los pasaportes que tiene empapelado al canciller, la pataleta del Magnífico le puede costar a la Nación varios miles de millones de pesos, y a las operaciones de importaciones y exportaciones colombianas toda clase de dificultades cuyo único resultado es la perdida de una ya muy pobre competitividad.  Exportar o importar por Buenaventura era una mala aventura por las dificultades para llegar o salir del puerto, el Magnífico en su magnificencia le suma ahora la aventura de utilizar un muelle en manos inexpertas y politizadas.  ¡Órale!

La embestida contra el sector privado se confirma con el nombramiento, tramposo e hipócrita, de la bodeguera Cielo Rusinque en la Superintendencia de Industria y Comercio.  La doctora Rusinque tuvo un desafortunado e inepto paso por el DPS, ahora en manos de la segunda dama de la Nación, en donde en su delirante persecución del sector privado casi acaba con el sistema de entrega de los subsidios del Estado que venía funcionando como un reloj desde que el gobierno de Andrés Pastrana lanzó los muy exitosos programas de familias y jóvenes en acción, siguiendo el modelo establecido en Brasil por Lula en su primer gobierno.  De paso otra cosita que se niegan a reconocerle a Pastrana los colombianos.

Suspendido por la procuraduría el canciller Leyva acusado de violar la ley 80 de contratación al negarse a adjudicar la licitación de pasaportes; suspendido el director de la UNGRD por la contraloría por negarse a responder unos requerimientos sobre intervenciones del despacho a su cargo.  Noten querido lector y querida lectora que la misma procuradora Cabello, no quiso imponer ni una sola sanción, ni siquiera investigar a Karen Abudinen, pese a que a sabiendas firmó un contrato con unos rateros que desaparecieron 70 mil millones de pesos.

Y luego se quejan que diga el Magnífico que es que lo quieren sacar y le suspenden al canciller justo cuando debería estar buscando ayuda internacional para luchar contra el desastre de los incendios causados por las sequías resultantes del fenómeno del Niño que cogieron a su gobierno en paños menores y sin capacidad de reacción, pese a que el Magnífico y su ministra de ambiente venían cacareando advertencias y anunciando que estaban preparadísimos.  Como siempre puro discurso.  Dos actos fundamentales en la preparación para la crisis; le recortaron el presupuesto a los bomberos en más de 20 mil millones, ni más ni menos que un recorte del 22% en un año de 10% de inflación; y dejaron en tierra 18 helicópteros rusos indispensable para apagar los incendios aduciendo que mandarlos a mantenimiento a Rusia o a Ucrania reñía con la política de paz total mundial universal que el Magnífico, ante al admiración de la comunidad internacional toda ella, proclama en cuanto foro internacional al que va, y son muchos.  Me quieren sacar grita el Magnífico en Timbiquí ante un auditorio de acarreados.

Cojea, pero llega

La Corte Internacional de Justicia le ordenó a Israel, como medida cautelar, en el proceso iniciado por Suráfrica, una serie de acciones que deberían frenar los ímpetus de sus ataques contra la población civil palestina.  Vale la pena leer la sentencia de la corte cuidadosamente porque le ordena a Israel hacer todo lo posible para evitar el asesinato de palestinos, causarle serios problemas físicos y mentales, crear condiciones de vida intolerables en Gaza o evitar intencionalmente el nacimiento de palestinos.  También dijo al corte que Israel debe prevenir y castigar la incitación pública al genocidio, citando ejemplos del presidente y del ministro de defensa israelíes.  La corte no llegó hasta ordenar un cese al fuego que era la pretensión del demandante.  Tampoco habló de genocidio, pero “si camina como pato, caga como pato y grazna como pato, es que es un pato” diría la sabiduría popular.

En New York un jurado ha determinado que Donald Trump debe pagar 83.3 millones de dólares por difamar a la columnista E. Jean Carol en 2019, cuando era presidente.  Trump había sido hallado culpable en un juicio previo de haber asaltado sexualmente y difamado a la columnista.  Una condena que es una espada de doble filo para el aspirante a la candidatura republicana y a la presidencia de los Estados Unidos.  Trump se ha apresurado a reforzar su discurso de que estos procesos son una cacería de brujas desatada por Joe Biden, lo que energiza a sus seguidores más enfurecidos, pero puede alienar el voto republicano moderado y sobre todo energizar a los demócratas para que salgan a votar por Biden.  Cada condena de Trump es una luz de esperanza para quienes ven aterrorizados su avance inexorable hacia la Casa Blanca.


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