
Arranqué el año dedicado a la lectura del libro del general Naranjo sobre los últimos días de Pablo Escobar, duró poco el comienzo porque el libro se deja leer, está bien escrito y tiene su lado de “suspenso”. Recomendable.
Primera rareza, el 1 de enero no tenía ni pizca de guayabo. Puedo decir con certeza que eso no me pasaba desde la adolescencia. Y luego zás.
El martes 2 de enero noté que el presidente de los colombianos estaba enfrascado en una guerra de tuits con alguna señora que lo llamó guiso. Debo confesar que a mí no hay nada que me parezca más guiso que el término «guiso» para referirse despectivamente a otra persona. Cuando yo era chiquito se decía “lobo” y también en ese tiempo me parecía lobísima esa costumbre de descalificar a las personas por sus gustos o sus comportamientos, diferentes a lo uno considera “apropiado”. En fin, me sorprendió que la preocupación fundamental del mesías del cambio, trotamundos universal y líder de las naciones, el señor doctor don Gustavo Petro Urrego, alías el Magnífico (así con mayúscula y todo), presidente de los colombianos, estuviese trinando en defensa de los guisos, joder. Y mientras con una risa socarrona leía cada uno de los tuits, retuits y respuestas de la discusión, me encuentro con una noticia, que esa sí hubiera merecido uno que otro tuit del Magnífico, en 2023 en Colombia hubo 93 masacres que dejaron 370 muertos y el Magnífico sólo dijo que era culpa de su antecesor, ni una medida, ni una propuesta, ni un compromiso.
Por si eso fuera poco, más tardecito, oyendo la radio, me entero de que a Barranquilla le quitaron los Juegos Panamericanos de 2027. Me sorprende un poco la noticia, pero sobre todo el escándalo que resulta. Yo supongo que el asunto era el resultado de una decisión del Magnífico quien, en su sano juicio, lo que no es que sea muy frecuente, había decidió usar los 500 millones de dólares que costarían los juegos para el tren elevado de Buenaventura a Barranquilla, para la paz total y para los jóvenes en paz. También alcance a pensar que el Magnífico había resuelto hacerse el pendejo con los juegos porque no quería darles ese gusto a los barranquilleros traicioneros que eligieron a Char.
Pos no. Detrás de la perdida de los juegos hay una tragicomedia de desidia e ineptidud aberrante.
Prólogo
El gobierno del presentador se inventa una disculpa de “ley de garantías” y se presenta el primer incumplimiento de las cláusulas pactadas en el contrato con los dueños de los panamericanos, la empresa Panam Sports.
1ª Escena
La prima María Isabel sostiene que a ella nadie le había dicho nada sobre los juegos en el empalme, lo que fue desmentido por funcionarios del gobierno del presentador con documentos.
2ª Escena
La prima entonces rectifica y relata que el Magnífico le habría dicho, que esos juegos le parecían muy costosos y que entonces ella dejó la vaina quieta.
3ª Escena
El ministro de hacienda de antes del despiporre de la coalición confirma que los recursos para los pagos que el gobierno se había comprometido a hacer en 2023, estaban incluidos en el presupuesto y señala que el problema fue de falta de ejecución por parte del ministerio del deporte.
4ª Escena
La dotora Astrid Rodríguez, reemplazo de la prima María Isabel en el ministerio del deporte, viaja a Santiago de Chile a recibir la sede de los Panamericanos de Barranquilla 2027 y aparece muy entusiasmada ondeando la bandera de Colombia con el alcalde Pumarejo.
5ª Escena
El Magnífico se pasa por la faja más de cien años de tradición olímpica y resuelve en su omnipotencia que los juegos panamericanos no serán de Barranquilla sino de todo el Caribe, y ordena que se planee llevarlos a cabo en 8 ciudades. Y anuncia que su magnificencia hará que Colombia encabece la tabla de medallas por encima de Estados Unidos, Brasil, México, Canadá y Cuba. El cambio es ahora.
6ª Escena
En noviembre de 2023, la ministra del deporte acuerda con Panam Sports que Colombia se pondrá al día en las obligaciones, hasta ese momento incumplidas, adquiridas por el Estado colombiano las que se cancelarán en dos cuotas, una antes del 30 de diciembre 2023 y la otra en enero de 2024.
7ª Escena
Panam Sports le advierte a la ministra que si no se cumple el pago de la cuota comprometida para diciembre se verán forzados a retirar la sede de Barranquilla por incumplimiento del contrato.
8ª Escena
A la dotora Rodríguez se le enreda la pita, o se le olvida pedir el acuerdo de gastos, o vaya uno a saber que estaba pensando y le escribe a Panam Sports que el pago de diciembre queda para enero y chao pescao.
9ª Escena
Panam Sports le avisa a Colombia que ha retirado la sede de los juegos panamericanos a Barranquilla. Ni juegos en Barranquilla, ni juegos en el Caribe colombiano y mucho menos fantasías medalleras.
Empieza entonces otra tragicomedia, la de las culpas. El escándalo es mayor. Llueven críticas desde la oposición. Acusan al Magnífico de odiar a Barranquilla y a la ministra de ineptitud. Al fin qué ¿fue de intento en venganza contra el resultado adverso de las elecciones regionales, o fue pura y llana ineptidud, de un gobierno que se ha especializado en hablar mucho y hacer poco? La oposición no sabe para donde disparar. El mejor amigo de la primera dama, el actor elegido representante en la lista cerrada del pacto, el barranquillero Ahmeth Escaf critica al presidente y a su equipo, Gustavo Bolívar y Cielo Rusinque, encabezan la respuesta de los discípulos del Magnífico, atacan al mejor amigo de la primera dama y tratan de culpar al gobierno de Duque. Eso todo sale mal.
Epílogo
En 1982, el presidente Belisario Betancur reunió el consejo de ministros y se hizo un análisis objetivo si se quiere de lo que implicaría para las finanzas públicas la organización del Campeonato Mundial de Fútbol, cuya sede la FIFA le había otorgado a Colombia. Se decidió, en un acto de gobierno, renunciar a la sede del mundial y el presidente se lo explicó al país, básicamente el palo no estaba para cucharas, la plata no alcanzaba. Todavía hay quien critica a Betancur por esa decisión, pero insisto fue una decisión motivada del gobierno.
Uno podría entender, o criticar con argumentos, una decisión ponderada de un gobierno de izquierda que decidiera que la situación económica no permitía comprometer los recursos, que estarían mejor invertidos en su programa jóvenes de paz, que todo mundo sabe tiene como propósito establecer las brigadas del Magnífico. Peor aún, si la motivación hubiera sido la de vengarse de Barranquilla por haber elegido a un “enemigo” del pacto del Magnífico, pues uno entendería que fue un pésimo acto de gobierno, pero al fin y al cabo un acto de gobierno. Pero no, ni lo uno ni lo otro, fue simple y llana ineptitud de un gobierno que no logró organizarse en 17 meses ni para cumplir compromisos. Y ese es Petro, pura paja.
Y esa gente quiere asumir el manejo de la salud de los colombianos. Estamos llevaos.
Internacionales
Empieza un año complejo en la política de los Estados Unidos. Todo parece indicar que la elección presidencial de noviembre, si no sucede algo extraordinario, u ordinario de pronto, será, nuevamente, entre Donald Trump y Joe Biden, y esta vez muchos piensan que Trump ganará. Cáspita, recórcholis, millones de rayos y centellas diría el capitán Hadock. La verdad es que el discurso de Trump convence mientras el de Biden no. Uno no entiende, el uno es sospechoso de ser un delincuente con más de 90 acusaciones criminales en su contra, el otro un presidente que ha hecho un buen gobierno, fundamentalmente.
Pero no, la gente es así. En las últimas semanas, el Economist, el New York Times y el Washington Post, que no son precisamente de derecha, coinciden en decir que la candidatura de Biden no va para ninguna parte y que el partido demócrata no tiene plan B. Tristemente todo parece indicar que lo único que detendría las aspiraciones es que fuera declarado culpable de insurrección lo que lo inhabilitaría para ser candidato a la presidencia y ocupar la Casa Blanca. Hacia allá apunta la decisión de la Corte Suprema del Estado de Colorado, de mayoría demócrata, que determinó que Trump no es elegible para participar en la primaria republicana en el Estado. La campaña y los abogados de Trump decidieron llevar el caso a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, esta de mayoría republicana. La esperanza de los demócratas es que ante una condena de un juez por el delito de insurrección a la Suprema no le quedaría más salida que declararlo inelegible. Soñar no cuesta nada. Yo pensaría que la corte que tumbó Roe v Wade, la corte en donde el abusador Clarence Thomas manda la palabra no va a inhabilitar a Trump y, más bien, lo que van a hacer es apresurarse a declararlo elegible, antes de que a algún juez se le ocurra condenarlo por su liderazgo en las acciones del 6 de enero de 2021.
Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav1

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