
Portada The Economist Nov 18-24
Confieso que Petro y sus trinos y contra trinos, sus broncas y sus falsas pretensiones, me tienen mamado por lo que he decidido dedicar mi tiempo a los asuntos internacionales.
Xi Jinping y Joe Biden se encontraron hoy en San Francisco en el marco del Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC). La última vez que Xi se reunió con el presidente de los Estado Unidos, fue en Mar a Lago, en donde Donald Trump lo recibió con lujo de detalles. En ese momento la economía china estaba en pleno crecimiento y el líder chino hablaba del “floreciente modelo de crecimiento chino como algo que otros países deberían imitar”. En ese entonces el “sueño chino” empezaba a mostrar las primeras grietas que se han ido ampliando. El presidente Xi llegó a San Francisco con su poder sobre el aparato chino consolidado, pero con una economía china marcada por una complicada crisis. Al otro lado de la mesa, y en sus caminatas por los jardines de la propiedad en donde tuvieron lugar las reuniones, estaba un Joe Biden, que también anda enredado. En contraposición con la china, la economía estadounidense tiene muy buenos indicadores, han logrado controlar la inflación y el desempleo y pese a muchas predicciones la economía sigue creciendo. Sin embargo, lejos de consolidar su poder, el presidente de los Estados Unidos la está viendo bastante gris en la política interna. El ala de extrema derecha del partido republicano tiene la cámara de representantes en ascuas. Esta semana el nuevo presidente de la cámara logró pasar una resolución que aplaza el fantasma del cierre del gobierno hasta enero, pero en la resolución no se incluyó la ayuda militar para Israel y Ucrania. Y muchos analistas coinciden en decir que, en este momento, la posibilidad de una segunda presidencia de Donald Trump es cada vez más segura.
En buena parte por las complicaciones de la agenda doméstica del presidente Biden, las negociaciones comerciales que se esperaba fueran el centro de la cumbre, pasaron a un tímido rincón. Se esperaba que la cumbre a la que asistían ambos países produjera decisiones sobre la competencia de los dos grandes actores, China y EEUU. No fue así, detrás de bambalinas, se tomaron, o más bien no se tomaron, las decisiones de mayor consecuencia. Como resultado en el marco de IPEF no hubo ningún anuncio importante. Del encuentro de los dos jefes de Estado quedó un acuerdo de comunicaciones militares, que es importante y que China había suspendido con ocasión de la visita de la entonces presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelossi. También acordaron desarrollar esfuerzos comunes para detener el tráfico de Fentanyl, que es la droga que ha reemplazado la cocaína entre los estadounidenses y que los está matando.
En fin, la muy esperada visita del líder chino a los Estados Unidos, dejó pocas cosas y puede que lo más significativo sean dos frases: por una parte, ante una pregunta de un periodista, el presidente Biden respondió que él si considera que Xi Jinping es un dictador; y por otra parte el presidente chino le dijo a Biden en su discurso en la cumbre de APEC, que el mundo es suficientemente amplio para que dos super potencias puedan convivir.
Las tropas de las fuerzas de defensa de Israel entraron al hospital Al Shifa. El sólo hecho que un hospital sea un “campo de batalla” habla muy mal, pésimo, de la forma en que los líderes que pretenden ser los “representantes y gobernantes” de Palestina y también del desdén del gobierno de Netanyahu por los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. Desde hace una semana la gran mayoría de los medios internacionales dedican un altísimo porcentaje de sus informes a lo que uno podría llamar “la batalla de Al Shifa o el sitio de Al Shifa” episodio que la humanidad deberá recordar como uno de los momentos menos humanos de la historia reciente. No tengo suficiente información y ya no confío de a mucho en los reportes de prensa, pues unos cuentan una historia que pinta que la “batalla de Al Shifa” fue un injustificado genocidio y otros relatan una historia de túneles y guaridas llenas de armas y equipos de guerra. Al final del día lo único que confirma la “batalla de Al Shifa” es eso, que hubo una batalla y unos bombardeos alrededor y dentro de un hospital. En un podcast de la BBC, un periodista relata que visitó a varios de los “comandantes” de la banda terrorista Hamas que fueron los que desde sus lujosas suites en los hoteles de Dubai y de Abu Dabi ordenaron a sus secuaces en Gaza que utilizaran, en la medida de los posible, a los palestinos como escudos humanos. Al mismo tiempo el primer ministro Netanyahu ordena a los suyos arrasar cualquier lugar del que se sospeche ha sido utilizado para esconder aunque sea una cauchera. No sorprende pues que esta mañana de domingo el titular de BBC sea «la OMS ha descrito el hospital de Al Shifa en Gaza City como una zona de muerte» (The World Health Organization (WHO) has described al-Shifa hospital in Gaza City as a «death zone) BBC News domingo 19 de noviembre. The Economist se pregunta ¿fue el ataque al hospital Al Shifa justificado? Y procede a comentar que hasta ahora, Israel ha ofrecido muy poca evidencia de que así fuese. Y no sorprende, tampoco, que arrasado el hospital las tropas de la FDI hayan centrado su artillería en un colegio administrado por la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos, en donde también se supone se escondían terroristas de Hamas. Yo no soy muy ducho en historia y seguramente alguien me corregirá, pero mi memoria me dice que, aunque la práctica de involucrar a los civiles en la guerra fue frecuente en muchos frentes como las guerras napoleónicas o la guerra civil estadounidense, uno de los más horribles episodios es el bombardeo de Guernica por los alemanes en apoyo al ejército franquista, pero en su mayoría las guerras eran entre soldados. Esta no, esta es una guerra contra los civiles, contra los civiles judíos el 7 de octubre y desde entonces contra los civiles habitantes de Gaza. Dicen las noticias de hoy que Israel ha anunciado que extenderá sus operaciones al sur de Gaza, a donde los que sobrevivieron en el norte se han refugiado. También anuncian que las negociaciones para liberar a los rehenes israelíes van por buen camino, pero Netanyahu ha dicho que no aceptará un cese al fuego, solamente treguas parciales ¿Cuándo terminará esto?
Para terminar, esta semana circula una edición especial de The Economist titulada “El Mundo que nos Espera, 2024” (The World Ahead 2024, traducción libre e irresponsable mía). El subtítulo dice Donald Trump presenta el mayor peligro para el mundo en 2024. Se leerá y comentará en profundidad el tamaño del susto.
LOCALES
Colombia le ganó a Brasil por primera vez en un partido oficial de FIFA. Gran partido. El público de metropolitano entonó el cantico “fuera Petro” antes del partido, eso pasa. Pero lo que fue inaceptable es que el público que estaba en la zona de palcos, en la tribuna VIP, procedió a entonar el mismo cantico dirigiéndose a la hija menor de edad del Presidente, Antonella. Malparados y también con otra letra. Apuesto a que la mayoría de quienes gritaban la arenga ni sabían que Antonella estaba en le estadio, pero los que estaban en la tribuna de los privilegiados si, y han debido mostrar alguito de decencia, en eso tiene razón el presidente, son unos cobardes. Queda por cuestionar el sentido común de una familia presidencial que va al estadio en momentos en que la imagen del presidente ha llegado a los niveles más bajos, ¿vale la pena exponer a una menor de edad así?
Petro se fue a Caracas, a Maduro siempre le cumple y le llega a tiempo. Pasaron varias horas juntos y hay muchos anuncios, el que más espanta es la posibilidad de montar a Ecopetrol en una operación de “salvamento” de PDVSA, eso con la disculpa de una cooperación energética para evitar los efectos del fenómeno del niño. A Petro no le sirven el petróleo y el gas colombiano ¿a los venezolanos? Vaya uno a ver.
Por: Juan Manuel Urrutia
X: @Juanmaurrutiav1
