El hospital

No soy antisemita.  Nunca lo he sido y nunca lo seré.  Admiro profundamente a los judíos y me resisto a creer que una gente con una cultura tan rica, con una inteligencia privilegiada, con una capacidad de resiliencia y de echar para adelante como pocos, de pronto como nadie, tenga como líder a un desalmado como Benjamín Netanyahu que ha montado a Israel en un proyecto mesiánico y expansionista.  Netanyahu se alimenta con el odio hacia los palestinos.  Su actitud y sus políticas nutren de odio a los grupos terroristas impulsados por Irán y otros enemigos del estado de Israel a quienes, a la hora de la verdad, les importa un sieso el “pueblo palestino”.  El apoyo a la ocupación de territorios palestinos por los colonos en el Margen Occidental y el cerco permanente sobre Gaza mantienen viva la llama del odio entre la juventud palestina y en buena medida en eso que llaman “el mundo árabe”.

No odio a los musulmanes, no desprecio su religión.  Viví en Marruecos, trabajé en Egipto, en Jordania, visité Cisjordania, en 1996 estuve en Ramallah en un campo de refugiados palestinos, trabajé en países musulmanes, como Mali, Senegal, Níger, y sobre todo Indonesia.  Cuando viví en Suráfrica entre 2004 y 2010, mi más cercana colega, en cierto sentido mi faro africano, fue la doctora Halima Mwenessi Phd en entomología, musulmana estricta y practicante, dotada con una espiritualidad que nos contagiaba a todo el equipo.  A muchos les haría mucho bien conocer las enseñanzas de Mahoma.  Hamas no representa ni la ética ni el pensamiento de los musulmanes, es un movimiento islamista que se declaró como la rama palestina de la Hermandad Musulmana, grupo islamista extremista creado en Egipto en 1928.

“Hamás es una criatura de Israel, y en tiempos del primer ministro (Isaac) Shamir le dio dinero y más de 700 instituciones entre colegios, universidades, mezquitas… Incluso, Isaac Rabin terminó admitiéndolo cuando le acusé de ello, en presencia del presidente egipcio Hosni Mubarak”, dijo Yasser Arafat en una entrevista con El Corriere della Sera en 2001.

Sin embargo, la carta fundacional (The Covenant of the Islamic Resistance Movement, conocido como Hamas Covenant) publicada en 1988, afirma que «el objetivo de nuestra lucha contra los sionistas es la muerte a los judíos» y pide la eventual creación de un estado islámico en Palestina, en lugar de Israel y los Territorios Palestinos y la obliteración o disolución de Israel.  La carta también afirma que Hamás es humanista y tolerante con otras religiones cuando no «dejan en duda la soberanía del Islam en esta región».  La Carta añade que «renunciar a cualquier parte de Palestina significa renunciar la religión de Islam”. https://avalon.law.yale.edu/20th_century/hamas.asp

No tengo suficiente conocimiento de la historia del medio oriente para emitir una opinión inteligente, pero se me ocurre que calificar el conflicto entre Israel y Palestina como un conflicto únicamente religioso es una mirada limitada.  Claro que tiene elementos religiosos y claro que los líderes que pretenden aprovecharse del conflicto para impulsar sus ambiciones políticas y personales buscan clasificarlo en esa categoría.

En cambio, estoy convencido que la monstruosa situación que estamos viviendo desde hace doce días tiene unos responsables que no se pueden esconder.  El orden de los factores no altera el producto.  Pienso que las políticas expansionistas de la extrema derecha de Israel, representada por Benjamín Netanyahu, tienen que ver.  Pienso que los intereses de enemigos de Israel como Irán y Siria, tienen que ver.  Pienso también que la corrupción y la incapacidad de la “autoridad palestina”, tiene que ver.  Le sumo a este listado de responsabilidades la del Reino Unido de Gran Bretaña, los países “triunfadores” de la segunda guerra mundial y la Liga de las Naciones quienes decidieron deshacerse de un “problema” dejando a Israel y a Palestina a que se las arreglaran para compartir el mismo territorio en donde, entre otras cosas, especialmente en Jerusalem, están lugares sagrados de las “religiones del libro”, judíos y cristianos y de los musulmanes.  Y claro no sorprende que de ese sancocho salga algo tan monstruoso como Hamás.

No ayuda para nada que las potencias, especialmente los Estados Unidos en donde el “voto judío” tiene un peso específico, apoyen a Netanyahu irrestrictamente en lugar de exigirle que cumpla los acuerdos y las resoluciones de Naciones Unidas.  Tampoco ayuda que líderes, como Gustavo Petro, con deseos de figurar, alimenten el odio ya sea de un lado o de otro.  La apología del gobierno de Netanyahu en Israel hace tanto daño como la de los terroristas de Hamas. 

En medio de eso, están los palestinos y los israelíes que son los que ponen los muertos, los heridos, las víctimas y los desplazados.  Netanyahu y su “gabinete de guerra” no corren ningún riesgo, mandan a su carne de cañón a pelear una guerra inhumana.  Los líderes de Hamás, escondidos unos debajo de los civiles de Gaza o viviendo en hoteles de cinco estrellas los demás, en las ciudades del Golfo, se precian de haber dado un golpe fulminante a Israel y poco o nada les importa el devenir de 2 millones de palestinos encerrados en Gaza, por ellos y por Israel.  Nótese que organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, muy críticos de Israel han denunciado a Hamás por violaciones de los derechos humanos contra los palestinos.

Si, Gaza es una prisión de cielo abierto y los carceleros son Israel, Egipto, Hamás y la comunidad internacional que mira para otro lado.

Se debe condenar sin reservas a Hamás, por el acto terrorista cometido el 7 de octubre, por la matanza de civiles desprotegidos, de niños y niñas, por la sevicia con que atacaron comunidades enteras, por el secuestro de cerca de 200 israelíes, la mayoría civiles, muchas mujeres, muchas niñas y muchos niños.  También se debe condenar sin reservas a Hamas por el régimen corrupto, misógino y homofóbico que ha impuesto en Gaza desde 2007 cuando expulsó a la Autoridad Nacional Palestina de Fatah.

Y también es necesario condenar sin reservas a Benjamín Netanyahu y a su “gabinete de guerra” por la desmedida e inhumana respuesta que ha ido desplegando desde hace 12 días, por imponer en Israel un régimen extremista, por ignorar las necesidades y derechos de su pueblo, el pueblo judío que se hará matar por Israel, y por ignorar olímpicamente la “cuestión palestina” e impulsar una política expansionista que aleja cualquier posibilidad de la única solución pacífica factible que es el establecimiento de dos estados en el territorio que ocupan Israel y Palestina.

Además, se me ocurre una pregunta ¿cómo es que la inteligencia israelí puede decir en 5 minutos de dónde salió el misil que explotó en el estacionamiento del hospital al Ahli al Arab, pero no se enteró de una invasión a su territorio que dejó 1600 muertos, miles de heridos y 198 secuestrados?  Eso mal visto, apesta ¿se hicieron los pendejos?

No me gusta la actitud de Estados Unidos de apoyo irrestricto al régimen de Netanyahu.  Espero que no sea así y que la visita del presidente Biden haya tenido como propósito exigirle mesura a su aliado y hacerle saber al pueblo de Israel que está con ellos.  Pero no me hago ilusiones.

Tampoco me gusta la posición de muchos líderes árabes que cierran filas contra Israel pero que durante setenta y cinco años han abandonado a los palestinos a su suerte y sólo los usan para resolver sus pleitos con la nación judía.

Hubo una terrible explosión en el hospital al Ahli al Arab, el mayor y mejor centro médico de Gaza, propiedad de la Iglesia Anglicana de Jerusalem.  Dicen los voceros de Hamas que hay más de 500 muertos y que el misil fue lanzado por Israel.  Dice Israel que no, que el misil fue lanzado por Jihad Islámica, otro grupo armado que opera desde Gaza y que los palestinos han inflado el número de muertos.  Vaya uno a saber.  Y al final de día ¿De qué diantres les sirve a los padres de todos los niños y las niñas que fallecieron o que quedaron amputados y malheridos con la explosión del hospital, saber quién disparó?  En cambio, el horror de las imágenes, las acusaciones de uno y otro bando alimentan las necesidades de sus líderes.  Eso que llaman el mundo árabe, está incendiado contra Israel y toma como verdad revelada la acusación de Hamas, no les queda ninguna duda que el misil fue disparado intencionalmente por Israel contra el hospital.  Los proxis del régimen de Irán claman venganza e invitan a una jornada de protesta y de rabia.  El oriente próximo está encendido y los líderes de esos países asustados.

Los bombardeos de Gaza por las FDI continúan, los muertos palestinos se apilan.  El presidente Joe Biden anuncia que logró convencer a Egipto y a Israel que se permita el ingreso de un convoy de 20 camiones con ayuda humanitaria por el paso de Rafah, controlado por Egipto.  La anunciada invasión de Gaza por las FDI podría convertirse en una carnicería sin precedentes con miles de muertes de civiles y muy pocas posibilidades de éxito en cuánto al objetivo anunciado por Netanyahu de “acabar con Hamás”.  Los aliados occidentales de Israel tienen la obligación moral de detener esta locura, que no dejará sino más sangres de judíos y de palestinos inútilmente derramadas; pero no me hago ilusiones.

Imagino que les sale a faltar un comentario sobre las babosadas de Petro, al respecto recomiendo este artículo de mi gran amigo Mauricio Rubio y si les interesa entender qué tan descachado está, les recomiendo buscar en Youtube la entrevista de Blu Radio con Susanna Mohamad, ministra de ambiente, ella de origen palestino.

Para esta nota he consultado varias fuentes, The Economist que tiene una sección muy completa y al día y The Washington Post que también.  Claro, siempre Wikipedia y algunas de las fuentes citadas por Wikipedia. 

Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav1


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