Son igualitos

Carajo es que son igualitos.

La semana pasada el inocente, la víctima de una persecución de la fiscalía, la víctima de un montaje para tumbar a su papá, era Nicolás Petro – quien además se separó de su compañera sentimental, Day Vásquez, porque se enamoró de la mejor amiga de ella.  Y hasta donde sabemos, eso no fue un montaje, ni de la oposición, ni de la fiscalía, el montaje lo hizo el corazoncito del hijo no criado.  Day se colocó molesta por la traición y resolvió contarle a la gente, vía la revista Semana (raro) que Nicolás había hecho ochas y panochas con unas platas que había “recogido” supuestamente para la campaña de papi.  No hay duda de que a Nicolás lo “apretaron”.  Su detención de madrugada, y las subsiguientes actuaciones del fiscal del caso, que culminan con la ilegal filtración del testimonio inicial que el hijo no criado dio para que lo “soltaran” mediando una posible colaboración, fueron, y así ya lo he dicho, flagrantes violaciones al debido proceso.  Sin embargo, Nicolás contó cosas, cosas que papi debería explicar. 

Desde hace algunas semanas, la unidad investigativa de Caracol TV, bajo la dirección de Ricardo Calderón denunció que Sandra Navarro, la esposa de Juan Carlos López, detenido por narcotráfico, colaboró intensamente durante seis meses con la campaña presidencial de Gustavo Petro en Casanare.  Ni Petro, ni el petrismo explican, atacan.  Petro que lo consideraba uno de los mejores del medio, cuando los trabajos de Calderón investigaban a sus rivales, ahora o acusa de estar “vendido” y de participar en el “golpe blando”.

No hay una sola explicación, para el presidente y sus áulicos todo es una campaña cuyas negras intenciones son la de tumbar al gobierno del pueblo, el gobierno del Cambio.

Petro no explica, ataca y lo hace con todo.  Los medios mienten, los oligarcas lo quieren tumbar.

Cuando en la primera década del siglo empezaron las denuncias de los asesinatos extrajudiciales, los “falsos positivos”, Álvaro Uribe dijo una frase que años más tarde él mismo ante la Comisión de la Verdad reconocería como un grave error: “no estarían cortando café”.  Desde ese entonces, Uribe ha negado su responsabilidad en este caso, aduciendo que nunca dio la orden, que nunca ofreció dinero ni beneficios y que, si eso sucedió, sucedió a sus espaldas.  En varias oportunidades ha dicho, y lo han refrendado sus áulicos y bodegueros, que la “historia de los falsos positivos es un montaje para desprestigiar a las fuerzas armadas y a la seguridad democrática”.  La última perla la dijo la semana pasada con ocasión del reconocimiento ante la JEP por parte del general (R) Henry Rojas Escalante quien fuera el comandante de la XVI brigada con sede en Yopal, entre 2005 y 2007.  El expresidente dijo, sin sonrojarse, que la JEP favorecía el reconocimiento de falsos delitos.  Upsss.  Recordemos que Uribe acusó a Iván Cepeda de utilizar falsos testimonios para cuando lo acusó de haber tenido estrechas relaciones con algunos grupos paramilitares.  Esa acusación se le devolvió a Uribe y ahora debería responder a juicio por fraude judicial y por haber, él si, sobornado a testigos en el proceso contra Cepeda. 

Uribe no explica, ataca y lo hace con todo.  Los jueces y la JEP están contra él.

El expresidente de los Estados Unidos Donald Trump no tiene sino 91 acusaciones en su contra, que van desde el fraude financiero hasta el concierto para delinquir. 

Trump, no explica, ataca y lo hace con todo.

Los tres son igualitos, expresiones del liderazgo paranoide.  Ante cualquier acusación o crítica, se victimizan, acusan al “enemigo” de tener las peores intenciones y de esa forma alimentan a los más radicales de sus seguidores, que son también los más ruidosos.  Los tres tienen una imagen negativa entre la población general, pero una cohorte sólida, de seguidores que están dispuestos a todo y que ellos instrumentalizan.

Los hechos son tozudos.

La financiación del evento político de la P, en Barranquilla, disfrazada como acto cultural para celebrar el amor y la amistad por parte de Euclides Torres reconocido mega contratista del Estado, no tiene nada de ilegal, posiblemente, pero éticamente deja mucho que desear y Petro debería explicar.  La participación de la esposa de un reconocido narcotraficante en la campaña de Petro en Casanare, no implica necesariamente a Petro, pero el petrismo y el presidente deberían explicar.

No hay ningún indicio de que Álvaro Uribe hubiera ordenado las ejecuciones extrajudiciales, 6402 casos según la JEP, pero el señor era el presidente de Colombia, todos los días amanecía a llamar a las diferentes brigadas a indagar sobre toda clase de detalles de las operaciones, en sus consejos comunitarios demostraba tener minuciosa información sobre lo que sucedía en las regiones, y ¿nunca se percató de los falsos positivos?  Nadie puede decir que Uribe los ordenó, pero le cabe la responsabilidad política, y debería explicar, pero sobre todo pedir perdón.

Y de Trump, ni hablar.  Nunca ha explicado y si logra salirse con la suya, nunca explicará.

OTRA GUERRA

“Estamos en guerra” dijo Netanyahu ante el sorpresivo ataque de Hamas en el sur de Israel.  Las imágenes muestran excesos de parte y parte.  Son setenta y cinco años de conflicto, de violaciones de los derechos humanos por parte y parte, de desconocimiento de las resoluciones del consejo de seguridad sobre actos terroristas.  Es fácil tomar partido, en todo conflicto ambas partes tienen algo de razón, es fácil condenar los actos terroristas de Hamas, y también es fácil condenar la “ocupación” de los territorios que los palestinos consideran suyos.  Liz Doucet, una periodista de BBC, cuyos informes sobre el mundo árabe y el cercano oriente siempre han sido objetivos y precisos, se pregunta hoy sobre el papel de Irán y de Hezbolá en esta escalada del conflicto.  No deja de ser inquietante que los terribles sucesos de este fin de semana tengan lugar cuando Israel y Arabia Saudita, ambos enemigos jurados de Irán, están negociando un acuerdo.  Se sabe que Hamas tiene sólidos lazos con Hezbolá y que ese movimiento, basado en el Líbano, es “controlado” por Irán.  Ni la agresión de Hamas, ni la reacción furiosa de Israel son hechos aislados que se puedan tomar a la ligera.  El conflicto del cercano oriente, o más bien los conflictos del cercano oriente tienen raíces y causas estructurales profundas.

Sin embargo, hay algunos hechos que resaltan lo “extraño” de la coyuntura actual.  En primer lugar, Israel ejerce desde 2007 un bloqueo económico y una vigilancia constante sobre la población de Gaza, fecha en la que Hamas (considerado por el gobierno israelí considera un grupo terrorista) tomó el control de la franja; muchos analistas consideran que hubo una garrafal falla de inteligencia por parte de israelí, lo que sorprende.  El gobierno de extrema derecha de Israel lleva semanas enfrentando descontento y protestas masivas contra algunas de sus políticas.  Entre quienes participan en las protestas están muchos reservistas de las fuerzas armadas que se negaron a participar en recientes sesiones de “entrenamiento”.  Y claro surge la pregunta ¿a quién le conviene esta guerra? 

Yo sólo sé que no le conviene ni a las familias de las 600 personas israelíes ni a las de las 300 palestinas que hasta ahora han fallecido en los ataques y contraataques, mucho menos a los rehenes civiles que al parecer han tomado los efectivos de Hamas.

NOBEL DE PAZ

Sentimiento encontrado me ha despertado el Nobel de Paz.  Los premios nobel, con muchísima frecuencia son compartidos, sobre todo en economía, física y medicina.  El de Paz también ha sido otorgado a más de una persona en varias ocasiones.  Considero que la designación de Narges Mohammadi es un acierto, pero creo que sería aún más acertada si hubiesen designado para compartirlo con ella a alguna de las líderes de la resistencia de las mujeres afganas ante la opresión inmisericorde a las que las somete el régimen talibán.  Duele el olvido en el que la comunidad internacional ha dejado a Afganistán y a sus mujeres, sobre todo.

Por: Juan Manuel Urrutia
X: @Juanmaurrutiav1


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