El indio canadiense

El 18 de junio Hardeep Singh Nijjar, un verdadero indio canadiense, estaba sentado en su camioneta en el estacionamiento del gurdwara (templo Sikh) en Surrey un suburbio de Vancouver en Columbia Británica (es Columbia no Colombia), cuando dos sicarios con la cara cubierta lo asesinaron.

Nijjar había “emigrado” desde Punjab a Canadá en los años 90 del siglo pasado.  Nijjar comenzó sus actividades en Canadá como plomero y poco a poco fue asumiendo una posición de liderazgo entre la comunidad Sikh de Vancouver.  Se fue convirtiendo en un líder que promovía ideas de separatismo Sikh y la creación del Estado libre de Khalistán.  Había llegado a participar en un movimiento Sikh que promueve el desarrollo en Canadá de un referendo para “aprobar” la creación de Khalistán.

A la caída del imperio británico en el subcontinente, el gobierno del Reino Unido llevó a cabo la separación del virreinato en dos estados, India para los Hindúes y Pakistán para los Musulmanes.  Las confrontaciones y violencias de ese proceso están brillantemente descritas en el magnífico libro “Esta Noche la Libertad” de Dominique Lapierre y Larry Collins.  Los Sikh sintieron que se habían quedado por fuera.  La confrontación entre Sikhs e Hindúes es un enfrentamiento religioso que tiene siglos de antecedentes.

En los años 80s del siglo pasado, durante el gobierno de Indira Gandhi, la dama de hierro de India, un grupo de activistas pro separación y promotores de la creación del Khalistán, habían convertido el “Templo Dorado” Harmandir Sahib, en Armristar, en el estado Punjab muy cerca la frontera entre India y Pakistán en su centro de operaciones.  La gurdwara (nombre de los templos Sikh) Harmandir Sahib es considerado el centro espiritual de la religión Sikh, llamada el sijismo en español.  En 1984, la primera ministra envió las tropas del gobierno a “recuperar la gurdwara” y en el operativo hubo más de mil muertos, entre efectivos militares y sikhs ocupantes del templo.  La matanza fue de tal magnitud que fue necesario drenar la piscina artificial que rodea el templo, construida en 1577 por el cuarto gurú, Gurú Ram Das, para sacar los cadáveres.  Este episodio degeneró en hechos de violencia en el Punjab, y finalmente desencadenó en asesinato de Indira Gandhi, por dos 2 guardaespaldas Sikh en New Delhi en noviembre de 1984 y a la resultante escalada en la violencia entre Hindúes y Sikhs.  Violencia que resultó en las migraciones masivas de los años 90 del siglo pasado, que, por ejemplo, llevaron a más de 770 mil Sikh a desplazarse a Canadá en donde son una de las comunidades Sikh más grandes del mundo después de Punjab.  En 1985, explotó en vuelo un avión de Air India, murieron 329 ocupantes.  Las autoridades canadienses acusaron a Ripudaman Singh Malik, un ciudadano canadiense de origen Sikh, quien al igual que Nijjar promovía la creación del Khalistán, Malik fuye declarado inocente.  Coincidencialmente, Malik fue asesinado también en Surrey, el 15 de julio de 2022.

Esos son los antecedentes de la “grossatotta bonca” (Término acuñado por Mafalda en sus sueños), que ha “explotado entre Canadá e India:

En efecto el 18 de septiembre, Justin Trudeau compartió con la cámara de diputados canadiense información de inteligencia que compromete a agentes del gobierno Indio por el asesinato.  Trudeau apareció muy molesto y acusó a India de meterse con la soberanía de Canadá.  Trudeau había también advertido a sus aliados angloparlantes miembros de la alianza Cinco Ojos (Five Eyes) cuyo objetivo es compartir información de inteligencia que pueda ser sensible para la seguridad de cualesquiera de las partes.  De hecho los gobiernos de Estados Unidos y de la Gran Bretaña expresaron “preocupación” por los hechos, no más que “preocupación”.

Trudeau informó que había compartido esa información con el primer ministro indio, Rajindra Modi, con ocasión de la cumbre del G20 en Delhi hace unas semanas y manifestó que le había hablado en términos inequívocos sobre la molestia de Canadá que considera el asesinato como un acto en contra de su soberanía.  En ese momento Modi le reclamó a Canadá por la debilidad con que tratan a los enemigos de India.  Ahora negó que el gobierno indio tuviese nada que ver con el asesinato.

Generalmente esos hechos se tratan confidencialmente entre Estados amigos, como India y Canadá, por lo que sorprende la airada reacción de Trudeau.  Y claro vino la escalada.  Cada uno de los dos países expulsó a un diplomático del otro, que es el comienzo de un proceso de “enfriamiento de las relaciones”.  Ambos países han emitido alertas de viaje, arguyendo problemas de seguridad para sus conciudadanos.  Finalmente, India suspendió el estudio de solicitudes de visa para viajeros canadienses.

Si las acusaciones de Trudeau son ciertas, la vaina está grave.  India no tenía la reputación de enviar agentes a asesinar a sus “enemigos” en el exterior. Reputación reservada al Mossad israelí y a los servicios secretos de Putin.  Seguramente otras agencias de seguridad como la CIA o MI6 lo habrán hecho en varias oportunidades, pero no de manera flagrante.  ¿será que si está grave?

Pos no tanto, dirían algunos. 

Entendámonos, para el Gobierno de Canadá, Nijjar era un ciudadano canadiense ejerciendo su derecho a la libre expresión, para el gobierno de India, era un terrorista que de hecho habían pedido en extradición.  Es más India se ha quejado con frecuencia contra la forma demasiado “suave” con que el gobierno de Canadá trata a los activistas Sikh.  Y, en eso no se van a poner de acuerdo.  Recordemos que Trudeau y Modi son avezados operadores políticos y que cada uno espera sacarle “brillo” al episodio.  Ambos recurren al nacionalismo.  Trudeau defiende la soberanía canadiense, Modi defiende a la India contra enemigos externos.

India y Canadá se mostrarán los dientes.  Hasta ahí.  En un afán por ponerle un muro de contención a la China de Xi Jinping, Canadá y sus amigos occidentales han apoyado la actitud de India que se le ha parado firme a su vecino asiático.  Es así cómo los países de occidente cacarean los valores democráticos de Modi.  Nada más falso.  La defensa de los valores democráticos de Modi se limita a la defensa de los intereses de las mayorías hindúes.  En cuanto se trata de los derechos y de los intereses de las minorías musulmanas y sijs, los valores democráticos pasan a segundo plano ante la opción represora y violenta.  Modi ha sido acusado de perseguir a musulmanes y sikhs sin piedad.

Por ahora Trudeau no ha presentado pruebas.  India sigue negando.  Cómo se vio esta semana que termina en la Asamblea General de la ONU, los demás países de occidente le quieren “bajar el tono al asunto”, porque no quieren “molestar” a India a quien consideran un aliado estratégico para frenar las ambiciones de la China de Xi.  Sorprendió que el presidente del más sólido aliado de Canadá su vecino Estados Unidos, Joe Biden cuando se refirió a India en su discurso lo hizo para felicitarlos por el nuevo rumbo que le han dado a su economía, de las reclamaciones de Canadá ni un suspiro.

Y al final del día a Modi, como diría el líder mundial universal, “le importa un pito”.  Sabe que las acusaciones de Trudeau lo benefician internamente.  Recordemos que Modi es uno de esos exponentes de gobiernos autoritarios y poco democráticos que basa su sostén en una actitud nacionalista paranoide.  Los sikhs, los musulmanes, China, y ahora Canadá son enemigos de India, o de la India de los hindúes.  Para los hindúes si Modi mandó asesinar a Nijjar fue en defensa de la ley y el orden ante la negativa de Canadá de entregar al terrorista.  Para los países occidentales el “incidente” no justifica nada más que una expresión de “profunda preocupación” en el mejor de los casos, de silencio en muchos.  Canadá e India tendrán que ver como le bajan la presión a la calentura, a Trudeau le toca dar esta “pelea” solito, como se lo recordó un reportero en New York esta semana.  Y a China y a Rusia les debe parecer insignificante una acción que sus servicios secretos llevan a cabo con frecuencia sin que se les respingue la nariz. 

La comunidad internacional en plena acción.

El efecto que si se está empezando a notar es un debate sobre la diáspora india en Canadá, dividida, como en India, entre Hindúes y Sikh.

¿Será que el líder mundial universal propone también una conferencia de paz para este conflicto?


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