
“Quiero que vivan en los tiempos en donde el ser humano supo dejar de matarse en el planeta y logró, entendiéndose en su propia diversidad de las culturas, cumplir su misión: expandir el virus de la vida por las estrellas del universo”, dijo Gustavo Petro, refiriéndose a sus deseos para su hija Antonella y sus nietos que son bebés, en el cierre de su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
Al unísono, los bodegueros trinaban, “Petro líder mundial”.
Según el reconocido medio, Actualidad Panamericana, de cuya seriedad nadie puede dudar, “el discurso de Petro fue elegido como el segundo más hermoso en la historia de la ONU” por la Subsecretaría de Soporte a la Retórica y la Estética mundial, con sede en Ginebra, Valle del Cauca, Colombia.
Se quedaron cortos. No sólo el segundo más bello, sino el más innovador. Dijo en ese atril, cosas que nunca se habían escuchado en el recinto de la Asamblea. Lo escuchaban estupefactos, los asistentes, que casi no lo dejan comenzar su intervención por la atronadora ovación con que lo recibieron y que los uribistas envidiosos, con Vicky y Darcy a la cabeza, trataron de presentar como un retiro masivo de delegados cuando anunciaron al líder del mundo mundial universal, el mesías de la paz, el medio ambiente, el turismo y el aguacate hass.
Que poco conocen los uribistas el funcionamiento de la Asamblea General. Resulta y pasa, como decía Manuel mi lechero, que la Organización de las Naciones Unidas está hoy en día conformada por 193 países miembros. En el recinto de la Asamblea General, cada estado miembro tiene una curul o silla principal para el delegado de más alto rango designado por el gobierno de cada país, detrás hay tres sillas para los asistentes o acompañantes del principal. Si el jefe de Estado asiste a una sesión de la Asamblea, pues toma la silla principal y sus acompañantes las otras tres sillas. Por ejemplo, al mesías lo acompañaban el canciller, la vicepresidenta y la primera dama, la segunda dama andaba ocupada repartiendo subsidios a jóvenes pa que no maten. U sea, por cada país toman asiento 4 delegados, es decir en el recinto de la Asamblea puede haber 776 delegados, contando asistentes asesores, cargadores de sandalias y acompañantes a los que se suman funcionarios de la organización, acompañantes, lagartos y otros asesores que no caben en los asientos del recinto. ¡Mucha gente!
Resulta y pasa, también, que antes del mesías intervino ante la Asamblea, el presidente de Estados Unidos y con mucha inteligencia diplomática quien estaba haciendo las veces de Secretario de la Asamblea, decretó un receso para que se llevara a cabo el tradicional cambio de guardia, durante el cual los delegados principales retoman su asientos y los segundones se pasan para los de atrás o, los principales se retiran del recinto y su asiento es ocupado por algún funcionario del Gobierno o de la misión, así vimos por ejemplo a la ministra de ambiente ocupando la silla principal de Colombia acompañada en segunda línea por un mechudo que debe haber sido de la primera línea.
Resulta y pasa, entonces, que cuando sale Biden luego de su intervención se produce una marea humana para ocupar los puestos en el recinto de la Asamblea y escuchar la intervención del mesías, del líder mundial, que todo mundo sabía, sería el segundo discurso más bello pronunciado en el recinto. Claro los uribistas encabezados por las avezadas y muy objetivas periodistas Vicky y Darcy se inventaron el cuento que lo que ocurría en el salón era el retiro masivo de delegados para no escuchar a Petro. Nada más falso de toda falsedad.
La verdad verdadera y absoluta es que hubo una barahúnda en el recinto de la Asamblea, que demoró la intervención del líder mundial. Lo que pasa es que el mesías se apresuró y llegó temprano al atril, no va y le cancelaran la intervención por llegar tarde, como le pasó con el presidente de Corea del Sur. Le tocó entonces esperar a que se acomodara la multitud que quería escucharlo el segundo más bello discurso de la historia de las Naciones Unidas.
Vamos al contenido
El mesías desarrolló en su brillante intervención varias ideas importantes y según las bodegas, únicas y novedosas.
Propuso, a nadie se la había ocurrido, que Naciones Unidas organice dos conferencias de paz, una para el conflicto entre Israel y Palestina y otra para el conflicto entre Rusia y Ucrania. Carajo, hay que ser demasiado inteligente e innovador para comparar el conflicto entre Israel y Palestina, que no tiene sino ochenta años porque a las potencias de entonces se les ocurrió forzar la convivencia de dos Estados para dos pueblos que no quieren convivir en un mismo territorio, con el genocidio desatado en Ucrania por Putín. Ni siquiera se parecen en la definición. Entre Rusia y Ucrania no hay un conflicto hay un genocidio. Pero eso en el discurso suena bonito, Petro quiere que se hagan las conferencias de paz para que las moléculas de la Paz Total se expandan entre las estrellas del universo. Líder Mundial.
Quiere Petro y propuso que se rediseñe o se reestructure el sistema financiero internacional. Loable y mesiánica propuesta. Propone la emisión de derechos especiales de giro para reemplazar la deuda externa de los países, como Argentina que, bajo los regímenes progresistas que apoya el mesías, vive una permanente crisis. Eso equivale a vender el sofá en el que el tipo se encontró a su compañera con su mejor amigo. Premiar la irresponsabilidad fiscal en nombre de la crisis del cambio climático. Órale, mi líder.
Insiste en que la humanidad debe resolver la crisis del cambio climático, de la que él culpa exclusivamente al petróleo y al carbón. Raro que proponga en la Asamblea lo que no ha sido capaz tan siquiera de comenzar a resolver en Colombia, país en donde su gobierno, pese al discurso mesiánico, a la hora del té bloquea, por razones electoreras y politiqueras, cualquier intento de mejorar las condiciones ambientales de las ciudades como Bogotá. El discurso aguanta todo.
Podría seguir, pero se me aburren.
En una entrevista que le oí a Moisés Wasserman sobre la reforma a la educación, dijo una frase que define el estilo de este gobierno, creen que escribir leyes y discursos es hacer. Y cuando el mesías se para en el recinto de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cree que está gobernando y sus discípulos caen de bruces emocionados. Mientras tanto Colombia se desangra.
Por: Juan Manuel Urrutia
X: @juanmaurrutiav1
