
A mi no me gustan los huevos blancos, los que más me gustan son los que mi nieta Julia llamaba los “huevos de coyoyes”, que son los de las gallinas criollas, los compro en un paradero de buses sobre la carretera entre Subachoque y Puente Piedra en la sabana de Bogotá.
Lo que si es blanco y gallina lo pone es que el presidente Petro y su ministra de agricultura destaparon las cartas, quieren hacer una reforma agraria mucho más agresiva y mucho más radical que lo que se esperaba.
Van por tierras productivas. El presidente Petro ya anunció que pretende “reservar” 50,000 hectáreas de la “mejor tierra de la sábana de Bogotá” para la producción agrícola y la protección ambiental.
El ministerio de agricultura ha publicado para consulta dos proyectos de decreto. El primero determina básicamente, si uno le quita los vericuetos, la expropiación express, la que Petro siempre negó, para los predios que se requieran para asegurar la producción agrícola y la protección ambiental. El segundo asigna recursos del presupuesto nacional para apoyar las movilizaciones campesinas, otra vez, lleno de vericuetos. Sin embargo blanco es gallina lo pone, “la invasión de tierras para la producción agrícola y la protección ambiental” es una de la “formas de lucha” a que se refieren los manuales marxistas leninistas. Cabe preguntarse si para el petrismo radical que representa la ministra de agricultura la invasión de predios es una forma de “movilización campesina”. El presidente de Fedegan y miembro del equipo negociador del gobierno de Petro con el ELN, considera que el decreto en cuestión podría llevar a confrontaciones y justificaría la movilización de los propietarios.
Gustavo Petro siempre ha mostrado una inclinación hacia la confrontación con quienes en su paranoide concepción de las relaciones considera “el enemigo”, y los terratenientes están en la lista.
La reacción no se hizo esperar. Los periodistas que han centrado su “objetiva interpretación de la noticia” se apresuraron a calificar el decreto de las movilizaciones campesinas como el comienzo de las brigadas campesinas, armadas con recursos del Estado en plena campaña electoral. La ministra airada respondió agresivamente acusando a los periodistas de estigmatizar al campesinado. Rara vez lo hago con nombre propio, pero hoy me refiero a dos:
- En el programa de las tardes de la emisora Blu Radio, Felipe Zuleta, que no se muerde la lengua y no calla, criticó amargamente la reacción de la ministra de agricultura cuando se le hicieron preguntas que Zuleta considera “legítimas”.
- En la FM Luis Carlos Vélez consideró legítimo preguntarle a la ministra que qué haría el gobierno cuando esas “movilizaciones campesinas a favor de la reforma agraria bloquearan carreteras o secuestraran policías”, la ministra Mojica consideró la pregunta ilegítima y dijo: “Yo no sé por qué usted insiste que el ejercicio de la movilización es el ejercicio de grupos armados ilegales. Una persona tan poderosa como usted no puede decir al aire que los campesinos que se movilizan en territorio están cometiendo crímenes”. La pregunta de Vélez fue insidiosa y mal intencionada, no toda movilización campesina es de por sí violenta y no en todos los casos los campesinos son instrumentados por los grupos armados ilegales, si, ha sucedido, pero no se debe generalizar. La respuesta de la ministra es inaceptable porque el periodista nunca dijo, ni siquiera insinuó, que el movimiento campesino es el ejercicio de los grupos armados ilegales.
Verdad sabida y buena fe guardada, como dicen los contadores, estuvieron mal los periodistas y estuvo peor la ministra Mojica. Pero es que cuando las cosas se hacen mal, quedan mal hechas.
No parece prudente proponer incentivos monetarios del Estado para promover movilizaciones a favor de una u otra reforma, eso apesta a compra de consciencias. Súmele usted apreciada lectora, y si el lector quiere también le puede sumar, que la experiencia con las movilizaciones campesinas no es que haya sido una experiencia de “no violencia”. Movimientos que se hacen llamar “campesinos e indígenas” invadieron violentamente fincas azucareras en el norte del Cauca y el gobierno hizo poco o nada. Una supuesta “guardia campesina” acompañada de una “guardia indígena” retuvieron contra su voluntad, eso se llama secuestro así el ministro del interior del momento lo haya bautizado cerco humanitario, a 70 soldados, hubo muertos. Los campesinos que cultivan la hoja de coca, porque no tienen otra opción de subsistencia, han sido instrumentalizados en varias ocasiones por bandas criminales de todos los pelambres. Esa es una realidad. Tampoco se debe, eso sí, caer en el lugar común de decir que toda “movilización campesina” es violenta.
Resumo y termino, no me parece legítimo que el gobierno de Gustavo Petro dedique, en plena campaña electoral, recursos del Estado para promover movilizaciones campesinas, si los campesinos, que han demostrado su enorme capacidad de movilización quieren apoyar la reforma agraria de Petro, allá ellos, “promover” su movilización es intentar una indebida instrumentalización. Tampoco me parece legítimo recurrir a la estrategia de la paranoia, esa que se la dejen a Petro, por parte de los periodistas, arguyendo que el propósito del decreto de promoción de las movilizaciones es una disculpa para crear las brigadas petristas.
Ese episodio que culmina con conductas inaceptables, tanto por parte de la ministra Mojica, como por parte del periodista Vélez refleja el grado de conflictividad, de polarización que ha ido generando el estilo nacionalista paranoide del presidente Petro. Y ese estado paranoide nada tiene que ver con la paranoia que sufren personas con discapacidades cognitivas, la paranoia de Petro es intencional para crear la figura del enemigo interno y victimizarse en lugar de aceptar los muchísimos desaciertos de su gestión.
Y ya para terminar, Arturo Char es tan inocente como Laura Sarabia, hasta que un juez lo o la declare culpable luego de un proceso en el que se cumplan todas las garantías. Las bodegas extremistas se han apresurado a condenar a uno y a otra sin más argumento que el odio que promueven quienes las articulan. Otra muestra de la polarización a la que nos llevan los liderazgos paranoides y mesiánicos.
Este columnista considera que el nombramiento del carcelero de Ingrid Betancur, Alexander Farfán Suárez alias “gafas”, es una revancha directa del presidente contra Ingrid por haberle roto la cama.
Por: Juan Manuel Urrutia
x: @juanmaurrutiav1
