Nacionalismo paranoide

NACIONALISMO PARANOIDE

En su edición de esta semana la prestigiosa revista The Economist hace un interesante análisis de dos tendencias que influyen la política en el mundo: el papel de la inteligencia artificial (AI por sus siglas en inglés) en las elecciones venideras en varios países; y el nacionalismo paranoide de los líderes autócratas y dictadores del mundo.

“El nacionalismo paranoide se fundamenta en una mezcla de exageración y mentiras.  Vladimir Putin sostiene que Ucrania es una marioneta de la OTAN, cuya dirigencia nazi amenaza a Rusia, el partido de gobierno en India “advierte” que los musulmanes han lanzado una “jihad de amor” para seducir a las vírgenes hindús y el presidente te Túnez describe una conspiración del África negra para reemplazar la mayoría árabe de su país”.  The Economist, Articulo de portada “How paraniod nationalism corrupts» (Como el nacionalismo paranoico corrompe) Agosto 31, 2023.

En América Latina, desde los tiempos de la dictadura de los Castro en Cuba, el nacionalismo paranoide ha tenido sus mejores expresiones en Venezuela y Nicaragua, aunque también los sucumbieron chilenos y argentinos en los tiempos de Pinochet y Videla.

El caso de Ortega y su esposa es casi caricaturesco.  Para mantenerse en el poder y seguir saqueando a Nicaragua, recurren constantemente a declarar como enemigo de Nicaragua y traidor a la patria a cuanto crítico u opositor se les va ocurriendo.  El último capítulo ha sido la disolución de la orden de los jesuitas y la confiscación de todos sus bienes, acusándolos de promotores del terrorismo.  Todo el que critique los excesos de la pareja Ortega, seguirá en mismo destino.

El artículo de The Economist muestra en sus ejemplos de tácticas que se pueden enmarcar en el nacionalismo paranoide, a las que, sin llegar a los extremos dictatoriales de Ortega, los Castro y el chavismo, o el genocida de Putin, gobernantes como Modi en India y Jacob Zuma en Suráfrica, han recurrido a la figura para impulsar el control de instituciones del Estado, favorecer los negocios personales de sus familiares y allegados y acallar cualquier intento de crítica u oposición.

Antes de la publicación de la columna de The Economist, hace precisamente una semana al terminar la lectura de la entrevista que le hicieran en la revista Cambio al presidente Petro, se me ocurrió un comentario inmediato: “las respuestas de Petro tienen un tinte paranoico”.  A su hijo Nicolás lo tratan mal, lo medios mienten, los empresarios le quieren hacer una encerrona, “a nosotros nos tiene vigilados”, “me quieren tumbar”.  Y cada una de esas afirmaciones produce una inmediata reacción de bodegas creadas y contratadas por el petrismo para “difundir la verdad” a la que las bodegas de la oposición responden con un alud de ataques y críticas vacías, y a veces basadas en medias verdades, fake news que llaman.

En el discurso de Petro no hay un enemigo externo, como en el de los Castro, Ortega y los chavistas- que se refieren siempre al imperialismo yanqui como el causante de todos los males, o el comunismo internacional como en el discurso de los dictadores de Chile, Argentina y varias naciones de Centroamérica y el Caribe.

Sin embargo, si algo ha sido constante y coherente desde el 7 de agosto de 2022 y es que, para el presidente y sus áulicos, el sanedrín al que se refiere Juan Fernando Petro, el hermano del presidente, el gobierno del cambio y las ideas progresistas tienen un enemigo agazapado entre las oligarquías privilegiadas que harán hasta lo imposible por detener las reformas progresistas del mesías.

Las personas buscan fortaleza y tranquilidad en su familia, su tribu, su fe o su nación.  En esa común unidad se refuerza la empatía hacia el otro y la capacidad de asociarse para el bien común.  A eso le dicen tejido social, si se quiere.  Pero ese sentimiento de “amor por nosotros, tiene un primo feo, el miedo y la sospecha hacia los otros”.  Esta conducta, dice la columna de The Economist, genera un nacionalismo paranoide que es intolerante y cerrado a lo externo o nuevo.

Reconozcamos primero que Petro no ha acudido al concepto del enemigo externo, en ese campo Duque y Uribe intentaron convertir a Venezuela en ese enemigo externo para consolidar su liderazgo.  El enemigo, el otro, del que se debe desconfiar son “los ricos”, “los propietarios de las grandes empresas y de los medios”, “la oligarquía que se resiste a cualquier cambio que busque quitarle sus privilegios”.  Y dependiendo del tema, el enemigo tiene nombre propio.  Ante el fracaso de la reforma a la salud de la señora Corcho, al imperialismo yanqui lo reemplazan las EPS que se hacen multimillonarias traficando con la “salud del pueblo”.  Ante la circulación de un proyecto de decreto en el que surge el fantasma de la expropiación de predios para la reforma agraria, el enemigo es la empresa cementera Argos.  Ante los escándalos causados por las conductas de su jefa de gabinete y del hijo que él no crio, el enemigo de Petro y del sanedrín son los medios de comunicación y el grupo Aval. 

En ese entorno no extraña entonces que los “influenciadores” articulados desde la misma presidencia de la república alimenten las redes sociales, especialmente X, con frases como #caracolmiente, #semanamiente, #Argosdespojador que hacen de caja de resonancia para que la “manada” identifique al enemigo común, esos otros de los que hay que desconfiar.  Identificado el enemigo viene el segundo elemento, la conducta paranoide: “Me quieren tumbar”, “nos quieren tumbar”, “nos tienen vigilados”, y se le suma el ingrediente nacionalista “Hay quienes sueñan por ahí con tumbar el Gobierno.  Recogen platica de unos grandes empresarios españoles, se van a España a ver cómo se tumba el Gobierno. No se les ocurra hacer eso. Estarían iniciando una nueva era de violencia. No sean brutos”, dijo Petro en El Salado, en su más reciente diatriba que ya se convierte en nacionalismo paranoide.  Y el séquito no se queda atrás, ya los ministros, por ejemplo, el de hacienda en Semana se refieren al “golpe blando”.

La “manada” rodea al líder, al mesías y la lealtad está primero que la verdad.  Cualquier crítica, cualquier noticia, cualquier escándalo es mentira, fake news.

Ahí están los discursos, las acusaciones y los ataques del presidente a sus “enemigos”.  Las encuestas nos dicen que por ahora “la manada” no ha respondido.  No hay confianza, una mayoría de colombianos no le cree y no aprueba la gestión del presidente.  La cruda y tozuda realidad que enfrenta un gobierno que no ha logrado articular una gestión ni siquiera mediocre pasa por encima de la lealtad de los discípulos que son cada día menos.

El presidente se ha lanzado a proponer un “gran acuerdo nacional”, ojalá que el acuerdo sea como decía Álvaro Gómez sobre lo fundamental y no sobre las elucubraciones paranoides del presidente.

Antes de cansar al lector dejaremos para una siguiente columna el tema de la Inteligencia Artificial y su influencia en las elecciones, que en 2024 serán muchas y muy importantes.

Por: Juan Manuel Urrutia
X: @Juanmaurrutiav1


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