
El peor error que puede cometer cualquier atleta que participe en un deporte que implique el manejo de un balón o golpear una pelota, es quitarle el ojo al balón o a la pelota.
Como columnista uno debe cuidarse de cometer el mismo error. El gobierno de Gustavo Petro llega este fin de semana a su primer año. Dejarse obnubilar por el “affaire Nicolás” y demás escándalos que han llenado las noticias en los últimos meses, puede llevar a cometer el mismo error, para bien o para mal, el gobierno de Petro ha sido muchísimo más que eso y concentrarse en el “affaire” es quitarle el ojo a la pelota.
LA ECONOMÍA
Empecemos por decir que si uno se rige por los indicadores económicos, al gobierno le ha ido bien por no decir que muy bien. La tasa de crecimiento de la economía se mantiene en los niveles esperados, el desempleo sigue disminuyendo, ya en julio se registró una tasa de desempleo de un solo dígito, lo que no se veía hace rato; la inflación también ha cedido terreno y la tasa de cambio ha tenido un resultado sorpresivo para los profetas del caos, el peso tiene el mismo valor que tenía en junio de 2022 cuando Petro fue elegido. Salomón Kalmanovitz, ex codirector del Banco de la República, a quien en mi juventud conocí como uno de los referentes del pensamiento de izquierda en materia económica, dice que el crecimiento de la economía hubiera podido ser superior, que la disciplina fiscal y el superávit del que se ufana el ministro de hacienda fue un error, que sin poner en riesgo la “regla fiscal” se hubiera podido acumular un déficit de 2% o 3% del PIB. Pero es tal vez esta la única materia en la que no se raja el presidente.
EL CAMBIO
Me atrevo a pensar que los colombianos que se interesan por el estado de las cosas y por el devenir de la nación, porque hay muchos que están en otro cuento, podían categorizarse en tres grupos: dos barras bravas mesiánicas, petristas y antipetristas y un tercer grupo de gente, relativamente importante, que independientemente de su voto en la elección de presidente, queríamos darle la oportunidad a Petro y al país y confiábamos, como seguimos confiando, en las instituciones para frenarlo cuando se le disparara el radicalismo mesiánico.
En el comienzo había por qué tener esperanza. La coalición que Roy Barreras le había armado al presidente en el congreso tenía todas las posibilidades de garantizar la gobernabilidad y el trámite fluido de las prometidas reformas. Y el tipo empezó bien. Petro constituyó un gabinete equilibrado. De hecho, sus ministros moderados, Ocampo en hacienda y Cecilia López en agricultura le produjeron sus primeros y posiblemente mas importantes logros con una reforma tributaria ambiciosa que pasó por el congreso sin grandes dificultades, y con el establecimiento de las bases y los acuerdos para lograr la implementación de la reforma agraria que es obligatoria ya que está consignada en el acuerdo del teatro Colón entre el Estado y las FARC. Pero tuvo Petro desaciertos, y los sigue pagando caro. El nombramiento de Carolina Corcho como ministra de salud, que fue duramente cuestionado y criticado desde el vamos, marcó un rumbo equivocado. La ministra Corcho resultó soberbia, cerrada a la banda ideológica y hasta algo tramposa. Con su actitud le restó cualquier posibilidad a la muy urgente reforma a la salud que tendrá que enfrentar tres difíciles debates en la legislatura que comenzó el 20 de julio. Pero sobre todo, produjo la implosión de la coalición de Barreras y un remesón en el gobierno que radicalizó el gabinete. El resultado cero pollitos. Ninguno de los proyectos de ley claves para el gobierno que era casi que obligatorio que pasaran en el primer año, vio la luz. Quedaron en veremos la reforma a la salud, la reforma pensional, la reforma laboral, la ley de sometimiento fundamental para la construcción de la “paz total”, la ley de humanización del sistema carcelario y otras de menor impacto, si se quiere como la legalización del consumo de cannabis. Resumiendo, el balance en materia de legislación es muy negativo, el gobierno logró aprobar una reforma y se le colgaron 5.
SEGURIDAD, COCA Y ECONOMÍAS ILÍCITAS
Aquí un gran lunar. Puede ser difícil establecer causas concretas, pero es un hecho que la situación de seguridad se ha deteriorado, en todos los frentes. Las masacres y asesinatos de líderes sociales no han disminuido. Desde las regiones más afectadas como Meta, Cauca, Nariño, Chocó y, sobre todo El Catatumbo, la Defensoría del Pueblo y los gobernantes locales reportan un incremento de acciones “militares” entre las diversas bandas delincuenciales con serias afectaciones a la población civil. El secuestro y la extorción están al orden del día. Para rematar, la seguridad en las grandes ciudades como Barranquilla, Bogotá, Cali y Medellín ha sufrido un deterioro significativo. En la última semana, los transportadores dirigieron una carta muy “preocupante” al jefe del Estado en la que pedían seguridad, llegaron al punto de pedir la renuncia del ministro de defensa.
El discurso de Petro en materia de lucha contra el narcotráfico es mesiánico, las actuaciones erráticas e irrelevantes. Se opone a la erradicación y se opone a la interdicción del cultivo de la hoja de coca. Y como resultado Colombia nada en coca.
La revista The Economist reporta que ante el aumento de las áreas cultivadas de hoja de coca, el aumento de la productividad de las matas y el incremento en la capacidad de procesamiento hay una sobreproducción de cocaína que ha afectado los precios y los ingresos de las comunidades rurales dependientes de su cultivo y de las pequeñas bandas criminales que operan en las zonas cocaleras que se ven “obligadas” a recurrir a otras fuentes de ingreso como el secuestro, la extorsión y la minería ilegal. Eso son tan solo ejemplos. El hecho concreto y tozudo es que en materia de seguridad estamos peor que el 7 de agosto de 2022.
PAZ TOTAL
Empecemos reconociendo la importancia que tiene el inicio de un cese al fuego con el ELN. Apenas empieza. A los elenos es difícil creerles su voluntad de paz, pero no se puede perder la esperanza. Por ahí se puede ir abriendo trocha. Es una tristeza que los medios se hayan concentrado en el escándalo de las declaraciones del hijo negado.
Pero la propuesta de paz total de Petro que va mucho más allá, por lo menos en el discurso, está enredada. Avanza a trancazos y retrocede a pasos agigantados. El conglomerado de bandas al que llaman El Clan del Golfo no ha mostrado ninguna voluntad diferente a la de seguir delinquiendo, consolidando el control territorial que ya tiene y enfrentando a otras bandas en una permanente lucha por aumentar su presencia. La banda conocida como las disidencias de Iván Mordisco manifiestan estar dispuesta a sentarse a la mesa y proponen negociadores que el gobierno se apresura a convalidar, pese a terribles prontuarios en algunos casos y acto seguido ordena un plan pistola para asesinar policías, como lo hicieran a mansalva, por la espalda, con una agente de la policía. Y ahí no para el problema. En esta materia, Petro se raja.
TRANSICIÓN ENERGÉTICA
Otra de las grandes “apuestas” del discurso de Petro, parece haberse quedado en eso, el discurso. Petro se soslaya hablando de cambio climático en cuanto foro internacional que puede, y como se la pasa viajando, pues el discurso es frecuente, se siente el mesías que va a salvar el mundo del cataclismo que se avecina. En Colombia, sin embargo, el nombramiento de su primera ministra de minas fue muy desacertado porque la nombró creyendo que por su radicalismo ideológico cumpliría la función mesiánica. Pero pudo más la ideología que la técnica y el conocimiento del sector. El discurso de Irene Vélez, emulando al mesías, fue muy frecuentemente desacertado y fue muy frecuente. Pero la ejecución del presupuesto y de los programas a cargo de su cartera fue limitada. Habló mucho, habló mal e hizo poco. Y todo parece indicar que en el año que lleva el gobierno, en materia de desarrollo de energías limpias que reemplacen los odiados combustibles fósiles, no hemos avanzado ni un ápice, más bien en ciertos casos como los proyectos eólicos y solares hemos retrocedido.
Llegamos pues al 7 de agosto de 2023, se completa una cuarta parte del primer gobierno de izquierda en la historia política de Colombia, con el país concentrado en los escándalos que hacen pensar que la campaña presidencial recibió dineros de “dudosa” procedencia que nunca reportó. Pese a los esfuerzos del petrismo puro y duro por mostrar una gestión positiva, la sensación que prevalece es que han sido más los fracasos y desaciertos que los logros. Ayuda poco el estilo gerencial del presidente. No se comunica con sus ministros, no hay seguimiento a la ejecución, llega tarde a las reuniones, cuando llega. En un año de gobierno han sido más los discursos que las ejecuciones.
La solidez de las instituciones colombianas queda demostrada, el tránsito al primer gobierno de izquierda de nuestra historia, pese a las referencias al supuesto “golpe blando” a que acuden el presidente y sus aliados, ha sucedido apoyada en la fortaleza de nuestra democracia. Ya sabemos que los colombianos y las colombianas pueden escoger un gobernante de izquierda, falta que la izquierda demuestre que puede gobernar, lo que el primer año de Petro pone seriamente en duda.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1
